Sermón 21 de mayo 2017: El Espíritu Santo está en ti, no lo desperdicies. Úsalo.

A propósito de Sermones
[Dr. Roberto Miranda]
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: May 21, 2017
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Quiero invitarles a ir conmigo a la Carta a los Efesios, capítulo 5, versículo 18. Y allí hay un solo versículo que quiero compartir con ustedes. El Apóstol Pablo le dice a su congregación en Éfeso: “No os embriaguéis con vino – ahora como es con vino puede usar ron, whisky, eso no es lo que quiso decir. Con alcohol, punto, porque yo sé que los que no corren vuelan aquí a veces. Hay que ser bien claro. – en lo cual hay disolución… – Disolución quiere decir desorden, conflictos, peleas, etc. – … sino antes bien sed llenos del Espíritu Santo.”

Diga Espíritu Santo. Amén, es un llamado del Señor a nosotros. En vez de desperdiciar nuestra vida con cosas que no conducen a nada bueno, en vez de llenarnos con cosas que no son nutritivas para el espíritu, para la vida, vamos a usar y emplear nuestras energías para llenarnos de algo que verdaderamente es esencial para nuestra prosperidad en el espíritu.

Y en estas próximas semanas yo quiero tomar tiempo para conversar con ustedes acerca del bautismo del Espíritu Santo. Esto es arroz con habichuelas, esto es lo básico, las tortillas y los frijoles de la vida cristiana, es la cosa básica. No vengo con grandes banquetes ni con comidas muy finas sino vengo con la esencia de la vida cristiana. Y cuando digo eso recuerdo las palabras del Apóstol Pablo en Primera o Segunda de Corintios.

Él dice, “hermanos míos, cuando fui a vosotros no fui con excelencia de palabras o de sabiduría de hombres sino que me propuse a mí mismo no presentarles nada sino a Cristo y a este crucificado, porque no quiero que vuestra fe esté fundamentada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios.”

Pablo no quería darle a los corintios cosas superfluas y exóticas y oscuras del Evangelio, sino que dijo, yo les voy a dar lo básico, les voy a llamar a poner su atención en una sola cosa, en el poder de Dios. y para que ustedes no se distraigan con otras consideraciones lo voy a hacer bien sencillo y les voy a dar lo esencial de la vida cristiana.

Y Pablo siempre habló del poder del Espíritu Santo. En otro pasaje él dijo, “porque el Evangelio no consiste en palabras sino en poder.” Pablo era un hombre, un teólogo que habló en muchas diferentes ocasiones acerca del poder del Espíritu Santo y es algo que a veces se nos escapa a nosotros porque Pablo habló de muchas diferentes componentes de la vida cristiana pero una y otra vez como que él regresaba a recordarle a la gente de cuál era la tecnología fundamental de la vida cristiana y que esa gasolina esencial de la vida cristiana era la conexión con el poder de Dios, los dones del Espíritu Santo.

Y por eso en casi todas sus cartas hay una mención en alguna forma, algún llamado a la vida llena del espíritu. Por ejemplo, aquí en Efesios tenemos eso, “sed llenos del Espíritu Santo,” en otra porción él dijo, “porque las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.”

Y una y otra vez era un llamado a la plenitud, a la llenura del Espíritu Santo. Y a mí siempre me ha gustado, no es que me ha gustado sino que lo he visto como un requisito de mi pastorado periódicamente volver a los fundamentos de la vida cristiano y volver a recordarle a mi congregación de qué se trata, de qué es el poder, la llenura del Espíritu Santo, vivir la vida en el espíritu, tener una mentalidad sobrenatural, aprender a beber de las aguas de la vitalidad y del poder de Dios. porque eso es lo que hace la diferencia en la vida cristiana.

Y por eso Pablo cuando fue a donde los Corintios él les habló, él no fue allí como uno de esos declamadores profesionales que había en el tiempo grecorromano donde iban a dar discursos y a veces también evangelistas deambulantes que iban a hablar con toda su sabiduría de las artes declamatorias del mundo grecorromano. Él fue como un hombre sencillo a hablar de las cosas básicas y a volver a llevarlos a los fundamentos de la vida cristiana.

Yo he sentido en el Señor que es tiempo de que nosotros volvamos a meditar sobre la vida sobrenatural, la vida del Espíritu Santo. Y por eso también es que yo he a través de los años querido tener estas jornadas del espíritu para que los que no tienen oportunidad de meditar sostenidamente sobre lo que es el bautismo del Espíritu Santo específicamente, una doctrina que está en todas las páginas de la Biblia en una manera u otra, que puedan tener esa oportunidad.

Me voy a sacar una espinita ahora delante de ustedes. Muchas veces cuando yo he hecho ese llamado tenemos que suplicarle a la gente para que venga, tenemos que hacer ese anuncio, 4, 5, 6 veces. La última vez yo cancelé la jornada para el Espíritu Santo porque no se había registrado las personas que necesitábamos. Y a mí me da vergüenza francamente decir eso en esta congregación porque cuando se ofrece la oportunidad de tener ese tiempo, muchos de ustedes necesitan beber de esa leche, mis hermanos.

Muchas veces los que más necesitan de estas cosas son los que menos reaccionan a esas invitaciones. Yo diría que cada vez que nosotros hacemos una invitación a una jornada con el Espíritu Santo el problema debería ser que la gente se pare y vayan corriendo y se peleen por poner su nombre allá, no lo opuesto. Y les digo así porque les amo en el Señor. Todavía me quieren? Porque de nuevo, hermanos, tenemos que… o somos o no somos.

Yo anhelo una iglesia pareja, siempre les he dicho eso. No una iglesia donde a veces tenemos grupos fríos y grupos calientes por acá, gente dominguera, gente… Mire, si usted lo que puede hacer es venir solamente el domingo, gloria a Dios, pero ese no es el destino de la fe cristiana. El destino de la fe cristiana es que nosotros estemos siempre ardientes en el espíritu como dice el Apóstol Pablo en otro pasaje, ardientes en la fe. Ardiente quiere decir con fiebre, es la palabra que se usa en el griego original, con la fiebre del espíritu.

Pero es muy fácil caer en el convencionalismo y en la normalidad de la vida cristiana a menos que uno no esté continuamente buscando del espíritu. Y yo quiero en las próximas semanas meternos en una búsqueda colectiva acerca del bautismo del Espíritu Santo. Cuando una persona tiene un encuentro frontal con el Espíritu Santo nunca vuelve a ser la misma. Un encuentro con el Espíritu Santo vale por 10 años de dar vueltas en el desierto, de servicio tras servicio tras servicio, siempre apretando el acelerador y nunca arrancando.

Yo soy un ardiente partidario de la relación íntima con el Espíritu Santo y eso requiere una vida… esto no es para cobardes, esto es para atletas en el espíritu. Uno siempre tiene que estar. Si usted quiere mantener la grasa fuera de su cuerpo tiene que estar corriendo todo el tiempo y haciendo ejercicios porque al otro día de usted dejar de hacer ejercicio el cuerpo le añade una onza extra por algún lugar, se la esconde y hay que tener una guerra continua. Y así pasa con todo.

La maleza por igual, si usted no corta la grama y no le saca la mala hierba, la mala hierba es la cosa más resistente. Porque es que las cosas malas son siempre tan resistentes, más que las buenas. Las flores se mueren en un momento pero la hierba mala eso nadie lo mata. Los mosquitos, las palomas, las cucarachas que no sirven para nada están con nosotros hace miles de años. Sin embargo, otras cosas que son más útiles se mueren fácilmente, yo no sé por qué. Pero las cosas malas hay que estar en continua guerra contra ellas y las cosas buenas hay que cultivarlas, el poder de Dios en nuestras vidas, la llenura del espíritu.

Por eso es que Pablo en este pasaje… y yo voy a estar conversando con ustedes en una forma natural, vamos a estar un tiempo así que vamos a ir en diferentes maneras. Pero en ese mismo pasaje de Efesios 5:18 cuando el Apóstol Pablo dice, “no embriaguéis con vino en lo cual hay disolución, antes bien sé lleno del espíritu,” entonces en el versículo 19 y 20 él da una ilustración de cómo es que uno se mantiene lleno en el espíritu.

Dice, “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”

No es que él está diciendo que esa es la única manera, solamente cantando o dando salmos. No, la idea es, mira, esta es la manera y así como hacen eso también pueden hacer otras cosas, alabando al Señor, cantando entre ustedes, ahí está hablando acerca de congregarse.

Cómo es que uno se mantiene lleno del Espíritu Santo? Leyendo la palabra, adorando al Señor, confesando las buenas intenciones de Dios en nuestra vida, congregándonos, santificándonos, limpiándonos de todo lo que no le agrada al Señor, dando al Señor, dando nuestro tiempo, nuestras energías, nuestros talentos, cultivando los elementos del Espíritu Santo, manteniendo nuestra mente enfocada en las cosas de Dios. Así es que uno se mantiene lleno del Espíritu Santo.

La gente piensa que ser lleno del Espíritu Santo es como algo muy misterioso, muy esotérico, muy exótico. Ser lleno del Espíritu Santo quiere decir tener esa vitalidad en el espíritu, esa fuerza, esa salud, estar rollizos en el espíritu en una palabra.

Cuando los Apóstoles iban a escoger a los diáconos, sabe que la función de los primeros diáconos no era gran cosa, era asegurarse de que hubiera justicia en la manera en que se distribuía la comida que se daba a los pobres. Eso es lo que eran los primeros diáconos, si usted lo busca en Hechos, capítulo 6 creo que es.

Y para ese trabajo tan básico, tan rudimentario ellos dijeron, búsquense gente llena del Espíritu Santo. Aún para algo así, para el servicio básico. Y qué era gente llena del Espíritu Santo? Es decir, gente que reflejaran compromiso con el Señor, una vida de entrega, salud espiritual, consagración al Señor, vitalidad, seriedad, santidad, eso era lo que ellos querían decir con llenos del Espíritu Santo.

Y así es que nosotros tenemos que ser. La vitalidad en la vida cristiana cuesta y requiere una actitud incesante de cultivo en el espíritu, de estar siempre midiéndonos la temperatura para saber cómo estamos. No es solamente cuestión de venir a la iglesia, eso no es suficiente. Yo creo que nos ha quedado esa mentalidad católica, lo digo con todo respeto, pero esa idea de que vamos a la misa y después nos quitamos la mantilla cuando salimos de allí y nos vamos a… y ya hasta que el domingo que viene. Muchas veces yo sé que es una simplificación, pero a veces tenemos esa mentalidad religiosa de la vida cristiana.

La vida cristiana tiene que vivirse 24 horas al día, 7 días a la semana y el poder del Espíritu Santo es algo que requiere continuo ejercicio, continua entrega, continuo sacrificio delante del Señor. Por eso es que el Apóstol Pablo también en Romanos dice que “presentad vuestros cuerpos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.”

Presentar el cuerpo es como tomar un sacrificio y ponerlo sobre la mesa del sacrificio y así nosotros tenemos que estar presentando nuestras vidas al Señor, 24 horas al día, 7 días a la semana. No hay cristianos part time, hermanos, lamento arruinarle el día, no hay cristianismo part time. El cristianismo es 24 horas al día, incluyendo cuando estamos durmiendo. Pedirle al Señor que nuestro subconsciente esté meditando en las cosas del Señor continuamente porque nosotros somos antenas y estamos siempre… el Señor quiere usarnos en algún momento. No sabemos dónde nos va a usar, tenemos que estar preparados, listos para toda buena obra en cualquier momento y no sabemos cuándo el Señor nos va a decir, mira, quiero que vayas allí.

Como uno de los grandes hombres llenos del Espíritu Santo que es tan importante que ni recuerdo su nombre ahora mismo, que fue usado para el eunuco, Felipe. Felipe estaba en un sitio predicando el Evangelio y estaba en una campaña y Dios le dijo, mira, hay una persona que necesito que tu le hables y Dios lo trasladó físicamente al desierto y allí había una limosina, no sé si era Cadillac o Mercedes, y adentro de la limosina había un hombre, un alto funcionario de la reina de Etiopía, era un embajador que había estado en esa área de Jerusalén por alguna misión diplomática o algo así. Dios lo transportó allá y allí él se acercó a este hombre que estaba conociendo del Señor, estaba hambriento de la palabra, estaba leyendo el libro de Isaías pero no entendía porque no era un cristiano. No se sabía lo que era, si era judío, si era cristiano, en esos tiempos todavía el Evangelio estaba apenas. Pero estaba leyendo acerca de Isaías.

Hay un pasaje en Isaías que habla acerca del Mesías y Felipe se le acerca, “sabes lo que estás leyendo?” “No, cómo voy a saber si yo soy un neófito en esto.” Entonces, le explicó que ahí hablaba acerca del Mesías que había de venir y que ese Mesías ya había venido y se llamaba Jesús. El hombre aceptó a Cristo, se convirtió, ahí mismo se bautizó y se fue de regreso a su nación para predicar el Evangelio.

Y sabe que los etíopes todavía hoy en día, en el siglo XXI sirven a Jesucristo, unas de esas naciones de África, que todavía sirven a Jesucristo, y ahí tienen un contacto muy fuerte con la nación judaica también, y se cree que fue de esos contactos que tuvieron con el etíope que vino y también la reina Cándace, creo que era, que tuvo un embrujo ahí con Salomón y nació un hijo y siguió la nación etíope allá el cristianismo.

Ellos dicen que ellos tienen el arca del pacto allá en Etiopía. El caso es que Dios usó a Felipe en un momento lo llamó, porque Felipe era un hombre lleno del Espíritu Santo. Estaba haciendo la obra de Dios y cuando Dios miró sobre la tierra, necesito alguien que coja a este hombre y avance mi reino y avance mis planes, agarró a Felipe y lo llevó allá.

Usted no sabe cuándo Dios le va a hablar. Y por eso es que nosotros tenemos que estar siempre preparados en el espíritu, llenos del Espíritu Santo con nuestra medida alta, porque Dios quiere decirnos algo y muchas veces nosotros estamos torpes, toscos, brutos y no entendemos lo que Dios nos quiere decir.

Yo comencé esta mañana mi meditación hablándoles a los hermanos acerca de una experiencia que tuve esta madrugada. A las 5:15 de la mañana yo me desperté sobresaltado porque se me había olvidado poner la alarma, porque yo me levanto temprano a hacer el sermón, perdónenme que lo haga a esa hora el domingo pero es la única hora que yo… a veces trato de hacerlo antes pero no lo logro. Y no había trabajado el sermón y me levanté porque las primeras luces del día estaban entrando por nuestra ventana. Y gracias a Dios que me levanté porque tenía que hacerlo, lo necesitaba.

Pero me interrumpió la luz de la mañana un sueño que yo estaba teniendo en ese momento. Es lo que digo que Dios nos habla en muchas diferentes maneras y tenemos que estar… vivir esa vida llena del espíritu. El sueño había sido un sueño sostenido de mucho tiempo, porque yo sabía que había pasado la noche como meditando en eso, y en el sueño yo estaba en el basement de nuestra casa antes de que lo renováramos, que hace varios años atrás renovamos el sótano completamente y aprovechamos para trabajar las fundaciones de la casa, una cantidad de cosas. Una vez yo prediqué acerca de eso, y reestructurar la casa y todo esto, un trabajo completo.

Pero este sueño era antes de que nosotros hiciéramos ese trabajo. Y yo podía ver una serpiente verde que su presencia corría por muchas partes. Era bien larga y estaba enrollada y enroscada en el basement de la casa. Y yo podía ver parte de su cuerpo encima de una paredcita que nosotros tenemos ahí. Pero yo no le veía la cabeza. La cabeza no se podía ver porque estaba escondida en alguna parte.

Ahora yo sé la temática de este sueño porque he vivido con esa temática durante muchos, muchos años de mi vida. Guerra y lucha espiritual acerca de esta iglesia, acerca de mi vida, mi ministerio, una cantidad de cosas. El caso fue que yo no sabía dónde estaba la cabeza y en el sueño yo sabía que yo le había estado cortando pedazos a esa serpiente, comenzando con la cola, pedazos a través de mucho tiempo, buscando hasta llegar a la cabeza, porque usted sabe que en la cabeza es donde está la vida de una serpiente. Usted le puede cortar partes de su cuerpo y no necesariamente matar una serpiente. Tiene que ser la cabeza.

El caso es que la serpiente estaba muy tranquila adormecida, no había problema, yo le estaba cortando pedazos y sabía que me estaba acercando a la cabeza, pero todavía le quedaba un buen pedazo. En el sueño también yo me vi hablando con dos personajes, uno de ellos era por alguna razón mi nieto Caleb, que tienen 9 años ahora, y la otra persona era un adulto. Yo tenía que ir como a un viaje breve en algún sitio y sabía que esa labor iba a continuar y queriendo asegurarme de que si ellos se tropezaban con la cabeza que no fueran sorprendidos, yo le estaba dando instrucciones a ellos acerca de esa posible confrontación.

Y recuerdo que le pedí un papel, creo que fue a Caleb, y le dibujó un pedazo del cuerpo con la cabeza y le dije, “Mira, mientras ustedes más le corten al cuerpo, más se van a acercar a la cabeza.” Ese era el tema de todo el sueño, mientras más le corten al cuerpo más se van a acercar a la cabeza.

Y sabía que cuando llegara ese momento iba a haber una confrontación seria porque la serpiente usted le puede cortar mucho pero mientras no le amenace lo esencial. Y yo entiendo bien el sueño, a mi vida, la temática de mi vida y las luchas y la guerra espiritual, y la oposición demoníaca, cosas que Dios quiere hacer y otro sueño que tuve hace un par de semanas cuando fui a predicar a esas iglesias en Vermont y en New Hampshire, que Dios me reveló otra parte de esto. Entendí bien porque yo creo que se está acercando una definición y unas cosas que Dios quiere hacer en estos tiempos y tiene que ver parte con una guerra, una confrontación espiritual seria.

Pero el caso fue que cuando me sorprendió la luz de la mañana estaba esa idea, mientras más le cortes al cuerpo más te vas a acercar a la cabeza. Y a mí en realidad no me interesa tanto explicarles acerca de eso. Yo entiendo bien lo que eso quiere decir, es un proceso y es un proceso gradual que Dios tiene su control sobre ello de acercarme y acercarnos a la cabeza.

Pero lo más importante de todo es que yo sé que esa fue una revelación de Dios y yo lo recibo con instrucción para mí vida, mi ministerio, y la idea es que Dios siempre nos está hablando. Cuando tu vives una vida en el espíritu el mundo se torna lleno de significado. Dios te habla en maneras pequeñas y grandes. Tu todo lo interpretas a la luz de la intención de Dios. tu nada lo ves como mera coincidencia. Tu sabes discernir qué es de Dios y qué es simplemente otra cosa.

Porque no todos los sueños son de Dios. Muchas veces porque comiste demasiado arroz con habichuelas antes de dormirte, pero muchas veces sí son revelaciones de Dios y tienen su significado. Dios me ha hablado a través de los sueños, a través de los años y me han sido de gran beneficio. Como ustedes saben el origen de esta iglesia, esta congregación León de Judá, nuestro nombre, nuestro ministerio es alrededor de un sueño.

Pero lo que yo quiero que ustedes entiendan es eso, hermanos, que Dios quiere tener intimidad contigo. Dios quiere hombres y mujeres animados por el espíritu. Dios no ha dejado de dar revelación a su pueblo. Dios no ha dejado de traer revelación profética a sus hijos. Dios no ha dejado de hacer milagros de sanidad y de liberación en la vida de sus hijos.

El diablo no ha cambiado y Dios tampoco ha cambiado en su metodología. Y lo que usted ve retratado en las páginas de la Biblia es lo que Dios quiere que se repita en su vida también. El libro de los Hechos no es un libro arqueológico que está ahí simplemente para que digamos, guau, qué súper gente eran esos primeros cristianos, y que se quede allí. No. está escrito así para que usted sepa que ese Dios quiere trabajar en su vida también.

Y cuando una iglesia y un pueblo están llenos del poder del Espíritu Santo y cultiva el Espíritu Santo, Dios se mueve en ese espacio. Yo he visto aún cuando yo predico o cuando predicamos acerca del bautismo del Espíritu Santo como que algo se despierta inmediatamente. Como en este servicio aquí en el tiempo de la adoración, algo pasa. Yo he aprendido que lo que uno predica es lo que se da en la vida de la iglesia también. Y que nosotros tenemos que mantenernos siempre así, porque Dios quiere hablarte, Dios quiere obrar a través de ti. Dios quiere hacer milagros a través de tu vida. Dios quiere darte instrucción sobre cómo ser un mejor padre. Dios quiere darte autoridad, cómo ser un mejor hombre o mujer de negocios, cómo ser una mejor ama de casa, cómo ser una mejor esposa o un mejor esposo, cómo manejar tu vida mental, emocional, espiritual, cómo atender a tus asuntos materiales y físicos.

Dios ha ideado ese poder del Espíritu Santo, esa tercera persona de la trinidad. Cristo dijo, “yo me voy pero enviaré un ayudador, y ahora yo estoy con ustedes pero después en un sentido yo estaré en ustedes.”

Sabes tu que la vida de Dios se mueve dentro de ti y se llama el poder del Espíritu Santo. Cuando tu recibes a Cristo como Señor y salvador, el Espíritu Santo entra a tu vida, pero ahí hay una diferencia, depende de lo que tu hagas con esa presencia del Espíritu Santo dentro de ti, con esa tecnología del espíritu que Dios instala en tu vida. Depende de cómo tu te mueves con eso porque para muchos de nosotros recibimos a Cristo y creemos que ya eso es todo. Ya me apuntaron allá en el cielo y cuando me muera yo sé que ya me voy con Dios y eso es todo. Y aquí de vez en cuando vengo a la iglesia porque ya ponché la tarjeta y yo ya sé que voy para el cielo.

Mientras tu estás aquí en la tierra Dios quiere tener intimidad contigo. Dios quiere sacarte el jugo mientras estás aquí en la tierra. Dios quiere hablarte, Dios quiere revelarse. Dios quiere que tu lo conozcas y él quiere tener más de ti y que tu tengas más de él. Y eso se llama la vida llena del Espíritu Santo.

Y todo depende de lo que tu hagas, la iniciativa que tu tomes. Por eso es que yo les digo que a mí, por ejemplo, sí me molesta, es la palabra, cuando yo veo gente en nuestra congregación que necesitaría buscar de esa experiencia del Espíritu Santo y se le ofrece una gran oportunidad para pasar horas escuchando que yo creo que es buena palabra y teniendo buenas experiencias, y se les habla y se les dice, “Mira la experiencia que otros han tenido,” y se quedan aplatanados, como decimos nosotros, simplemente sin hacer nada al respecto.

Si usted se siente culpable, eso es lo que yo quiero que suceda y que reaccione la próxima vez. Porque todo depende de lo que usted haga. Si usted activa el poder del Espíritu Santo. Qué dice el Apóstol Pablo en Segunda de Corintios, capítulo 1, versículo 6, le dice a Timoteo:

“Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti…– Diga, está en ti. – … por la imposición de mis manos, porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Ese versículo todo el mundo lo debería saber de memoria. Aviva el fuego del don de Dios que está en ti. Para muchos cristianos el don de Dios ya está, y yo digo que el problema para muchos cristianos no es que no tengan el don, es que no lo están avivando. Y así le digo también a los hermanos que vienen a las jornadas del espíritu. Yo les digo, “miren, nosotros hemos estado en esta intimidad con el Espíritu Santo, le hemos dado enseñanza, hemos orado para que reciban. Ustedes han recibido pero ahora, de aquí en adelante, depende de lo que ustedes hagan con eso, porque si usted simplemente se va de un encuentro con el Espíritu Santo y cree que como ya lo tiene no necesita cultivarlo, no se vista que no va.

Eso es algo que de ahí en adelante usted tiene buscarlo, cultivarlo, animarlo, avivarlo. Y cuando usted vive en ese fuego, esa pasión, entonces Dios puede hacer algo en su vida. Veo a mi hermano Niron aquí, yo creo que ya lo he usado antes, pero me gusta cuando veo estos hombres que se entregan al Señor y no son perfectos, aunque yo sé que tu esposa piensa que tu eres perfecto, pero aparte de eso, no. pero tiene pasión y ama al Señor y uno lo ve que tiene apetito por la palabra, está buscando de Dios, está testificándole a la gente. Y esas son las personas que prosperan en la fe porque no solamente reciben a Cristo, no solamente reciben el Espíritu Santo que viene con Cristo, sino que entonces están inquietos buscando y yo espero que nunca lo pierdan ese ánimo, porque después con el tiempo la gente va acostumbrándose a la vida regular, a la inercia de la vida cristiana, como pasa con las congregaciones también.

Las iglesias comienzan muchas veces con fuego pero como le dijo el Apóstol Juan a la iglesia en Revelación, en el Apocalipsis, pero tengo algo contra ti que has perdido tu primer amor. Era a la iglesia en Éfeso, le dijo, tengo algo contra ti, tu has sufrido por el Evangelio, has rechazado a aquellos que vienen a predicar un Evangelio falso, pero una cosita tengo contra ti, que has perdido el primer amor.

Y eso pasa en la vida cristiana, por eso es como los carros que hay que darles un tune up cada seis meses u 8 meses porque sino se le aflojan todas las partes. Y así son las iglesias, con el uso, con el tiempo, los chismes, las peleítas que se dan, los errores de los líderes, la inercia de la vida, la convivencia, la familiaridad, qué pasa? Las iglesias van perdiendo la energía y hay que volver a avivar el fuego del don de Dios que está en ellas.

Eso tiene que hacerse continuamente. Para muchos de nosotros no es el problema que no tengamos el don, el problema es que no lo mantenemos vivo. Y mi deseo a través de estas meditaciones es volver a llamarnos, a volver a esa conciencia. Nosotros somos una iglesia pentecostal, no somos pentecostales denominacionales, somos pentecostales en el espíritu, somos pentecostales por nuestras convicciones espirituales y bíblicas, nuestra teología, que eso es lo que importa.

Y según tu vivas esa vida ardiente en el espíritu, diligente en el Señor, Dios va a hacer algo en ti. Y mi deseo a través de estas meditaciones es precisamente eso, que nosotros aprendamos, a los que están tibios avivarlos más, a los que están fríos que cobren una temperatura, los que están calientes que se mantengan allí.

Yo hablaba con la congregación esta mañana, y algunos de ustedes han escuchado la historia de cómo nosotros pasamos a ser de una iglesia meramente bautista evangélica, a ser una iglesia más llena del Espíritu Santo.

Yo conocía del espíritu, mi mamá era una mujer pentecostal sin el nombre de pentecostal, pero mi madre era una mujer ardiente en el espíritu, acostumbrada a sobrenaturalidad de la vida cristiana. Yo crecí con su ejemplo. Y cuando era jovencito adolescente fui a varios lugares buscando la llenura del Espíritu Santo y siempre pensaba como que no lo había recibido porque no me caía al piso, no perdía la conciencia, no terminaba bailando en un solo pie, no gritaba, no profetizaba, no me pasaba nada estrepitoso o extraordinario y fui un tiempo en Brooklyn, Nueva York, fui a varias iglesias supuestamente donde estaba el Espíritu Santo, buscando esa llenura. Y después lo dejé así y entonces entré a la universidad, muchos años de estar alejado del Señor en cierta manera, y después volví.

El Señor hizo una obra de avivamiento en mi vida cuando estaba haciendo mi doctorado y cuando comenzaba esta iglesia, en el año 82, y un día yo me encontré en el South End donde había comenzado la iglesia, teníamos unos 3 meses, solo antes de que comenzara el servicio, era una iglesia pequeñísima en ese momento, estábamos apenas comenzando. Y yo ha había buscado y yo estaba experimentando un avivamiento en mi vida espiritual, por eso estaba en esa iglesia limpiándome y sanándome de muchas porquerías y muchas cosas. Y estaba deseando más del Señor en mi vida.

Y me encontré ahí solo antes de que comenzara el servicio, porque en ese tiempo yo trabajaba, me tomé un año de la universidad, y estaba en Lawrence trabajando como trabajador social, antes de volver otra vez a reintegrarme a mis estudios. Y estaba allí y yo dije, caramba, yo he estado todo este tiempo buscando la llenura del Espíritu Santo y me prometí que no me iba… me arrodillé y que no me iba a parar de allí hasta que yo no supiera que tenía el bautismo del Espíritu Santo.

Oré al Señor y de nuevo aquí está lo importante, yo les puedo decir que yo no sentí ningún tipo de sensación espectacular ni extraordinaria ni rara de ninguna manera. Yo soy una persona bastante pensante, lúcida y no soy muy dado a explosiones emocionales. Yo creo que el Señor obra según cada uno de nuestros sistemas y en su manera y en su tiempo. El caso fue que yo abrí mi boca, porque de nuevo yo creo que estos asuntos de lo que tu crees, y yo sí he creído siempre que las lenguas son parte de la experiencia pero no es la señal inevitable y única del bautismo del Espíritu Santo.

Pero yo abrí mi boca y comencé a verbalizar un lenguaje que nunca antes había utilizado y fue un lenguaje fluido, desarrollado, completo y yo decidí que ya nunca más iba a ir a ningún lugar a pedir que Dios iniciara, porque hay llenuras del Espíritu Santo pero yo dije, yo creo hoy que yo he sido bautizado en el Espíritu Santo. Ahora puede que yo haya sido bautizado esa primera vez que estuve en Brooklyn, en esas iglesias, pero no lo sabía, no lo había recibido en esa manera, porque yo pensaba que tenía que ser en esta o en aquella forma.

Yo le digo a la gente, para recibir el Espíritu Santo no se cargue con esta idea de que tiene que caerse al piso, llorar, babear, se te tiene que voltear los ojos, tienes que salir con una voz extraordinaria, no, no se meta tanto lío en su cabeza. Reciba el Espíritu Santo, créalo, aprópieselo y después el Señor le irá llevando en su momento y en su lugar a esa experiencia exaltada, emocional, extraordinaria, espectacular que usted está buscando.

Pero lo primero que usted tiene que hacer es apropiarse, recibir activamente la llenura del espíritu en su vida y afincar eso, ponerle un sello de recepción total y entonces continuar de ahí en adelante buscando esa manifestación más poderosa, más plena, porque su vida va a ser una búsqueda continua de la llenura del Espíritu Santo. Y van a haber diferentes momentos que Dios lo va a llenar de nuevo, otra vez y lo va a visitar de nuevo.

Después de esa experiencia inicial yo he tenido experiencias muy poderosas en el Espíritu Santo, emocionales inclusive pero en ese momento Dios lo que quería es que yo le diera la mano y sellara ese pacto con él. Y Dios comenzó a hacer muchas cosas, siguió haciendo cosas en mi vida grandiosas, se desataron moveres del espíritu en mi vida. Y miren aquí 30 años después sirviendo esta congregación, la misma congregación donde yo recibí el bautismo del Espíritu Santo o afirmé.

Y así nos pasó a nosotros cuando estábamos en Cambridge también. Que yo después de una visita a una iglesia afroamericana en California, un domingo que estaba en un entrenamiento para personas que trabajan en prisiones, yo estaba como voluntario en una agencia que trabajaba con compañerismo carcelario, una agencia muy grande que trabaja con prisioneros en diferentes partes del mundo, y había ido a un entrenamiento en San Francisco, California, y un domingo nos llevaron a una iglesia afroamericana que es una iglesia llena del Espíritu Santo. Nos llevaron allí para que viéramos cómo era la espiritualidad de una buena parte desgraciadamente de gente que está en esas cárceles, la comunidad afroamericana tiene una forma de adorar y de alabar al Señor y mucha de esa gente descarriada están en esas prisiones. Es largo de explicar y no quiero confundirles demasiado.

Pero el caso es que ellos querían ver cómo el afroamericano adora al Señor y cómo esas congregaciones así, porque muchos de los que eran parte de mi compañía no conocían esa dimensión. Era más bien evangélicos normales, típicos. Y yo fui a ese servicio, una iglesia bendecida, llena del espíritu, próspera, grande, y yo creo que Dios hizo algo allí en mi vida, me tocó de alguna manera. Eso fue después que yo tuve la experiencia acá también. Pero yo no había compartido esa experiencia con la congregación que ya yo la pastoreaba.

Eso fue esa mañana, el domingo, tuve esa experiencia. En la noche un amigo pastor me invitó a otra iglesia pequeña, una iglesia que estaba comenzando en un hogar y cuando yo llegué allí esperando una experiencia similar a la de la mañana, bien vital, bien animada, el pastor comenzó a decir que estaba renunciando al grupo y comenzó a hablar de su desánimo, lo desanimado que se sentía, que no sabía si Dios verdaderamente lo había llamado al ministerio, y no sabía en realidad si esa iglesia era parte de lo que Dios quería, una confesión bien desanimadora, descorazonadora.

Y yo sentí que el Señor me estaba diciendo algo en ese momento, porque yo apenas estaba comenzando en el ministerio en ese tiempo, tenía como 3 años, menos, que Dios me había llamado al ministerio en esa iglesia, en Iglesia Bautista Central, hoy llamada León de Judá. Y mientras yo escuchaba a este hermano fue como que Dios me dijo, mira, te he presentado 2 modelos de pastorado y de ministerio hoy, uno donde se busca la llenura del Espíritu Santo, donde se glorifica la adoración a Dios, donde hay soltura en el espíritu. Otro, como era esa congregación, no era una congregación en absoluto que buscaba, era una congregación así más bien general, básica. Y escoge tu cuál de los 2 tu quieres como tu modelo para el pastorado. Claro, yo dije, Señor, yo quiero esa vitalidad, yo quiero esa fuerza, quiero ese poder.

Cuando yo regresé a Cambridge después de ese viaje yo comencé a compartir con la congregación y le dije, “hermanos, yo siento que Dios me ha hablado.” Yo creo que de hecho en ese servicio con esa congregación afroamericana, Dios se rozó mi cuerpo, mi espíritu y me despertó más todavía.

Porque yo les digo que estas son llenuras, son diferentes momentos y lo que había pasado acá en el South End en el [Inaudible] Health Center que yo recibí allí el Espíritu Santo en una forma activa, pero nunca lo había como puesto en práctica, porque esa iglesia y el pastor que la fundó, un gran hombre de Dios, recuerdo su memoria con gran respeto, pero su estilo de pastorado no era pentecostal en absoluto, era muy bautista. Y entonces como yo había crecido espiritualmente con su modelo yo había incorporado eso más bien a la iglesia y habíamos continuado su precedente.

Pero no había llevado a la iglesia a un nivel de mayor involucramiento en el Espíritu Santo. Cuando yo regresé de California con esa palabra que yo sentí que Dios me dio, yo vine resuelto a iniciar a nuestra iglesia en la búsqueda de la llenura del Espíritu Santo y les dije asimismo, “hermanos, yo creo que Dios me ha hablado, Dios nos está llamando que comenzar a buscar del espíritu.”

Y comencé a hablarles acerca de eso. yo no tenía experiencia en el mover pentecostal, no sabía casi nada de lo que era una iglesia pentecostal. No tenía ningún precedente y francamente las iglesias pentecostales que había en la ciudad no me interesaban como modelo por diferentes razones. Así que no tenía mentores en realidad. Nuestra búsqueda fue una búsqueda exploratoria y tuvimos que reinventarnos el mundo a la luz del Espíritu Santo.

Y entonces yo comencé balbuceos como de niño y lo primero que se me ocurrió, qué hacen los pentecostales? Tienen piano eléctrico y usan una batería y un bajo así que vamos nosotros a comprarnos un bajo y una batería y un keyboard, y comenzamos a cantar los coritos de Marcos Witt y de todos esos cantantes de adoración y alabanza. Así fue como comenzamos.

Yo comencé a decirles a los hermanos que comenzaran a ser pentecostales, a moverse como pentecostales. Comenzamos a avivar el servicio. Claro, que eso desató una resistencia bien fuerte en un grupo de gente que no quería eso por diferentes razones. La crema de la crema no le gustó ese poquito se sirup que le estábamos echando al jugo. Y entonces se desató otra – que un día les voy a hablar acerca de eso, lo que pasa la separación de esencias, cuando el Espíritu Santo comienza a hablar y a moverse.

Pero comenzamos así, comenzamos a añadir música diferente y yo me lancé en el nombre del Señor porque en realidad yo no sabía, hermanos, cómo se hace la vida pentecostal al nivel congregacional. Pero uno se atreve, es que hay que atreverse, hay que comenzar a caminar en el espíritu. Dios lo que quiere es un mover, una acción que te lance.

Hay tantas cosas que yo hago en mi vida pastoral que yo les aseguro me llenan de terror cuando las inicio, porque a veces son cosas serias y son muy públicas y uno las hace y dice, Señor, si yo quedo mal voy a quedar mal ante una gran congregación, ante mucha gente. Pero nunca he dejado que el miedo domine mis acciones y mis decisiones en el ministerio.

Yo me he preguntado, Señor, está conforme a tu voluntad, estoy obedeciendo a tu llamado? Lo estoy haciendo con las motivaciones correctas? Es bíblico? Y si yo siento que el Señor me dice, sí, sí, sí, yo me lanzo y comienzo a caminar en el nombre del Señor creyendo que Dios me dará la dirección, el camino mismo y que él no dejará que yo sea avergonzado.

Muchas de las decisiones que hemos hecho, ustedes han visto, a través de los años es asi, es simplemente por obediencia a lo que yo creo que es un llamado del Señor y a un Dios que yo creo que no nos deja si obedecemos a su voz. Y así yo inicié este caminar pentecostal de la iglesia en el año 89 más o menos. Inicié no sabiendo en qué me estaba metiendo.

Y lo interesante es que según yo comencé a activar, a avivar el fuego del don de Dios que ya estaba en mí, porque esa es la cosa. Yo creo que si hubiera comenzado en el 85, 86, en el 87, en el 88, en ese tiempo hubiera comenzado el mover de Dios pero Dios tenía que esperar hasta que yo estuviera preparado para lanzarme a las aguas. Y cuando yo le dije a la iglesia, este es el tiempo, vamos a comenzar, Dios comenzó a activar su poder, comencé a avivar el fuego del don de Dios, ya estaba en mí, y ese espíritu comenzó a despertarse y a moverse y a manifestarse. Comenzaron a venir personas llenas del Espíritu Santo a nuestra iglesia, que conocían el mover del Espíritu Santo y comenzaron a hablarme y a veces a irritarme con sus sugerencias también.

Pero yo he aprendido que yo no me dejo… aunque me irrite, si es de Dios yo lo voy a recibir y voy a escuchar. Y Dios comenzó a traer personas que tenían experiencia con el Espíritu Santo, comenzó a traer músicos, porque se nos habían ido todos los músicos en esa separación que hubo, nos quedamos sin ´música en la iglesia. Un coro tremendo que teníamos se nos fue, se nos fueron los músicos que tocaban los diferentes instrumentos y me quedé con una pianista que solo sabía tocar por letra. Y Dios comenzó también que traer gente en música. Todavía algunos de ellos están acá, el hermano Gonzalo y otros así, comenzaron a venir. Dios trajo el depósito. Delmi yo creo que vino en ese tiempo.

Otros fueron activados como Fanny, la hermana Carolina León vino parte de ese tiempo. Dios comenzó a reforzar a este pobre jovencito que estaba apenas balbuceando y que necesitaba ayuda. Porque cuando algo sucede en el cuerpo que requiere refuerzo y cuando estamos haciendo cosas para el Señor, Dios entonces comienza a mandar los recursos.

Sabe dónde Dios no manda recursos? Donde la gente no está haciendo nada. Pero si uno está comenzando a buscar de Dios, Dios comienza a bendecirte y a darte lo que tu necesitas. Comenzaron a venir guerreros en el espíritu para ayudarme y sostener mis brazos. Comenzaron a venir músicos, comenzaron a manifestarse los dones del Espíritu Santo también, manifestaciones, liberaciones, demonizaciones, gente bautizada en el Espíritu Santo, gente que se caía independientemente que nadie les pusiera las manos durante un tiempo de intercesión y adoración. Dios comenzó a levantar la temperatura espiritual de la congregación, comenzó a darme un vocabulario pentecostal, ayudarme a predicar en otra manera también.

Yo sentí que Dios me promovió y me levantó en mi estatus ministerial. Vino ese sueño con el León de Judá que nos trajo aquí, a Boston, tuve esa revelación que nos cambió totalmente nuestra identidad y nuestra localidad y una cantidad de cosas. Fue después de ese tiempo. Dios comenzó un proceso de años a irnos entrenando y todavía ese proceso continua. Porque es lo que les digo, que la llenura del Espíritu Santo no es sí o no, es gradual, es progresiva y hay muchas llenuras que Dios quiere traer a nuestras vidas.

El caso es que cuando yo declaré públicamente que íbamos a ser una iglesia pentecostal, que íbamos a existir en una modalidad pentecostal, que íbamos a cultivar los dones del Espíritu Santo, el Señor dijo, “Te voy a tomar en serio, hijo, y te voy a proveer todos los recursos que tu necesitas para que así sea.” Nunca me he arrepentido de esa declaración, hermanos. Al contrario, yo tiemblo de pensar que por lo arduo de esa tarea y su magnitud y su carácter impredecible yo hubiera podido decir, “No, esto es demasiado grande, no me quiero meter en eso, lo voy a dejar allí.”

Todavía estuviéramos quizás un grupito de gente asustados en esa esquina de Cambridge Port. Porque es que cuando tu comienzas a declarar cosas, y eso lo que yo digo a ustedes, mis hermanos, si ustedes quieren moverse en el poder del Espíritu Santo usted tiene que decidir, tiene que tener una crisis, un momento de crisis en su vida, en que usted diga, no, yo quiero vivir mi vida en la llenura del Espíritu Santo. Yo creo que los dones son para mí, son para hoy, son para la iglesia, y que Dios tiene un propósito en mi vida, Dios me quiere usar y yo voy a comenzar a vivir esa vida pentecostal, esa vida de servicio, esa vida de entrega, esa vida de tomar riesgos, esa vida de escuchar de Dios, esa vida de santificar las experiencias que Dios me da y creer que vienen de él y comenzar a moverme en el poder del Espíritu Santo.

Esa es la diferencia. La diferencia no es entre los que tienen y los que no tienen, la diferencia está en los que hacen algo con los que tienen y los que lo dejan allí simplemente depositado. La parábola del siervo infiel, dice la Biblia que un hombre cuando se iba de viaje le dio a cada uno de sus sirvientes, sus empleados, una porción de dinero, que es equivalente a la dotación del espíritu, y les dijo, negocien entre tanto que yo regreso. Les dio dinero a cada uno, un capital, y se fue y cuando él volvió los llamó a cuentas y les dijo, okay, ahora repórtenme qué hicieron ustedes con el don que yo les di.

Y eso va a pasar un día en el cielo. Dice la Biblia que un día nosotros vamos a tener que comparecer ante el tribunal de Cristo, no el tribunal de determinar si somos salvos o no, pero es un tribunal para saber qué hicimos con lo que Dios nos dio. Qué estás tu haciendo con el don de Dios en tu vida? Estás haciendo tu como le dijo Pablo a Timoteo, avivando el fuego del don de Dios que está en ti?

Porque el don que Dios te ha dado no es un don de cobardía, no es un don de ser conservador, no es un don de darle al Señor la puntita del dedo nada más, darle el ala para quedarte tu con la pechuga. No, es para darte todo, sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, entregarte todo, ponerte todo en la mesa del sacrificio. Todo, todo.

Cuántos de nosotros podemos decir, yo le he dado todo al Señor en mi vida. Y muchos no lo pueden decir, te quiero retar esta tarde. Si tu no puedes decir que no, no hay deshonra en ello, pero admítelo y entonces di, yo ahora le voy a dar todo al Señor. De aquí en adelante yo no voy a vivir como un cristiano a medio tiempo, no, yo voy a vivir como un cristiano a tiempo completo, una entrega total de mi vida al Señor. Todos mis dones.

Porque un día el Señor va a llamarte a cuentas. Eso es algo que a nosotros no nos amanece muchas veces en nuestra mente. Cuando tu te mueras va a haber un momento en que tu vas a tener que comparecer ante el evaluador de las vidas y te van a preguntar, no si tu conociste a Cristo porque tu ya lo conociste, pero te van a preguntar qué hiciste con lo que yo te di, y algunos van a entrar al cielo pero van a entrar en vergüenza. Eso como que no nos… porque pensamos que cuando entremos al cielo todo el mundo va a estar…

Es esta idea primitiva que tenemos de la vida eterna como que es una vida de un solo color y que no hay variantes, no hay trabajo, no hay logros, no hay diferenciación, todos vamos a tener la misma vitola y la misma arpa para tocar en una nube. Eso es una patraña, eso es una mentira del diablo. La vida eterna va a ser una vida de gran actividad, diferenciación, niveles de gloria, tareas, cosas que se pueden lograr todavía sin el veneno del pecado y la caída que lo otorga el trabajo en algo malo y sufriente. Pero va a haber trabajo, va a haber diferenciación, va a haber diferentes niveles de gloria, va a haber diferentes premios que vamos a recibir, va a haber diferentes niveles de autoridad y de poder. A unos se les dará autoridad para una cosa a otros para otra.

Esa autoridad va a depender de lo que tu hagas aquí con el don que Dios te ha dado. La cosa no es si tienes don, el don tu lo tienes, qué estás haciendo con el don? Te aconsejo que avives el don de Dios que está en ti porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía sino de poder, amor y dominio propio. Dios te ha dado. Dios no te ha llamado a vivir del plato a la boca, conservadoramente, dándole a Dios lo mínimo. Dios te ha dado poder, autoridad, amor, control de tus pasiones, control de ti mismo, una mente lúcida, una mente pensante, clara. Ese es el espíritu que tu has recibido. No lo desperdicies.

La parábola de Cristo termina de esta manera. El Señor reúne a todos sus siervos y los pone enfrente y va a cada uno de ellos, qué tu hiciste con tu don? Señor, te lo multipliqué, aquí lo tienes rendido 10 veces más de lo que tu me diste. El otro, Señor, aquí tienes, 5 veces más. A cada uno le dice lo mismo, bien hecho. Al que hizo 10 veces y al que hizo 5 veces el don no le dice, ah, qué bueno tu que diste 10 veces y el otro… No, hicieron algo con el don, lo multiplicaron. Aún el que hace menos le dice, está bien, bien hecho. Pero hay uno de esos siervos que es el cuarto o el quinto que dice, Señor, tuve miedo con el don que tu me diste, porque tuve miedo de que se me perdiera el don, que lo invirtiera en algo que no iba a dar fruto y que de momento yo perdiera todo lo que tu me diste y yo sé que tu eres un hombre que no juegas con nadie, tu le cortas la cabeza a cualquiera.

De paso, así es Cristo, este Cristo pasivo, que todo lo ama y todo lo permite y todo lo acepta, no es el Cristo que yo veo en la escritura, ni el Cristo que viene a juzgar a los vivos y a los muertos. Y él le dice, tuve miedo porque yo sé que tu no te casas con nadie, hay que cogerte en serio y yo tenía miedo de que si yo desperdiciaba el don y no me rendía y lo perdía tu me ibas a cortar la cabeza, así que aquí tienes tu don, y abre un pañuelo todo sudoroso con un moño y le dice, aquí está tu don.

Fíjese, no lo robó, no se robó el don, no lo desperdició, no lo botó, no hizo nada con él, ese era el problema. No hizo nada con el don, se lo guardó, lo retuvo y el Señor de la parábola se indigna con este hombre, y le dice, mal siervo, por tu propia palabra te juzgo, por qué aunque fuera no lo metiste al banco para que cogiera 2 % de interés, y dice, échenlo al fuego eterno. Eso es bien complicado ahí, teológicamente. Pero el caso es que la idea es que tu has recibido algo en tu vida, ese don del Espíritu Santo es para que tu lo uses, es para que tu lo rindas, es para que tu lo cultives y entonces Dios te pueda usar para su reino.

No le devuelvas al Rey de Reyes y Señor de Señores tu don intacto. Intacto, sabe lo que quiere decir? no tocado, intacto. Dios quiere que tu don esté bien usado. Entrégale tu don al Señor pero invertido, estrujado, exprimido de todo su contenido y todos sus beneficios. Aviva el fuego del don de Dios que está en tu vida. El Espíritu Santo está en ti, no lo desperdicies. Úsalo.

Esta semana yo voy a estar hablando más y más de esa llenura del espíritu y vamos a tener tiempos de buscar esa unción y de impartir esa llenura del espíritu. Yo les pediría que vayan preparándose en estos próximos días, órale al Señor para que él nos lleve. Como congregación vamos a pedirle al Espíritu Santo que en estos días de hablar acerca de su palabra, él aclare los aires encima de nosotros y que quite toda resistencia y toda inercia que haya y que limpie los aires para que se de una visitación del espíritu en la vida de todos los que deseen esa llenura del Espíritu Santo.

Vamos a sacar tiempo para orar, impartir, ungir y a pedir una visitación de Dios en las vidas de ustedes. Yo desearía que todos los que estamos aquí en una manera u otra entremos en esa llenura del Espíritu Santo, que esto transforme nuestra vida como congregación. Amén. Puede decir amén a eso?

Vamos a estar en eso. Yo estoy preparando. Si usted puede orar, ayunar en estos días para que el Señor haga algo en nuestra iglesia porque yo quiero este tiempo aprovecharlo bien. Estas predicaciones las he meditado mucho y las he estado preparando y temiendo en un sentido también, aunque usted no lo crea. Acompáñenme en oración para que el Señor haga algo extraordinario entre nosotros.

Porque a la serpiente ya estamos llegando cerca de la cabeza y necesitamos algo nuevo y fresco. Yo vengo predicando estas cosas durante años y años. Anoche tuve la oportunidad de hacer algo, de visitar algunos correos electrónicos del pasado y estuve leyendo y viendo algunos sermones que yo prediqué hace años atrás y la verdad es que estas son las cosas que yo he estado predicando durante años y años, porque esas son las cosas que me cautivan en mi vida cristiana, en mi ministerio.

Yo sé que el Señor ha estado allí esperando su momento, su tiempo y yo no sé cuánto tiempo más hasta que lleguemos a la cabeza de la serpiente misma, pero yo sé que estamos cerca y necesitamos buscar más, santificarnos más. Yo le estoy pidiendo al Señor que resuelva esto. Yo le pido al Señor, Padre, todo lo que no sea de ti que haya en esta iglesia, y se lo digo aquí con temor y temblor al Señor ahora mismo, cualquier cosa que contriste su santo espíritu, cualquier cosa que sea de obstáculo a la manifestación del poder de Dios en esta iglesia, yo le pido al Señor que lo quite, sea como sea. Ojalá que sea con misericordia y gracia pero si tiene que ser con mano fuerte y con brazo extendido, Señor, hágase tu voluntad.

Toda impureza, todo lo que no sea de Dios en el nombre de Jesús, Padre, córtale la cabeza y quítalo con mano fuerte y brazo extendido si es necesario, Padre, pero sácalo de esta iglesia. Sácalo, Señor, en el nombre de Jesús, lo decimos con temor y temblor, Padre, con temor y temblor, Señor.

Límpialo. Limpia lo que no sea de ti, Señor, lo que no sea de ti, cualquier comportamiento, padre, cualquier hábito, cualquier cosa que contriste tu santo espíritu, Señor, llévatelo en el nombre de Jesús. Oh, Señor quítalo de nuestra vida. Deja este lugar limpio, Padre, déjalo limpio, Señor, necesitamos una visitación de tu espíritu, Señor, en este tiempo. Purifícanos, Señor, santifícanos. Queremos que tu gloria se manifieste en este lugar, Padre, queremos que tu gloria se manifieste en este lugar, Señor. Y queremos que el peligro de tu espíritu se deje sentir en este lugar, Señor. Que el temor de Dios corra en esta congregación. Oh Señor, yo entiendo lo serio de esta oración, Padre, y te pido que lo hagas, oh Dios. Ten misericordia de nosotros, Padre, pero te necesitamos, te necesitamos Espíritu Santo, necesitamos que tu nos visites. Ten misericordia de nosotros, Padre. Saca a la luz toda cosa escondida, Señor, todo manto babilónico, Padre, todo lingote de oro que no deba estar en la tierra de tu templo, Padre, sácalo a la luz.

Señor, te suplicamos, Padre, en tu misericordia obra, Espíritu Santo. No nos dejes dar vueltas en el desierto más, Señor Jesús. Obra en esta congregación, Padre, en el nombre de Jesús, en el nombre de Jesús aclara lo que tenga que ser aclarado, Señor. Saca a la luz todo, todo lo que no te convenga, Padre.

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