Sermón 12 de junio 2016: Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada

A propósito de Sermones
[Jonatán Toledo]
  • Presenter: Jonatán Toledo
  • Fecha: June 5, 2016
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Vamos al Libro de los Salmos capítulo 32. Hoy quiero compartir con ustedes un Salmo que tiene mucho potencial de acercarnos un poquito más a Dios. La semana que viene nosotros vamos a estar celebrando el día de los padres aquí en Estados Unidos y quizás muchos ya se están preparando comprando cositas para papá, cosas así, pero yo creo que siempre es bueno tener en perspectiva que nuestro Padre celestial también necesita ser celebrado y reconocido en nuestras vidas y nuestras presencias, y hoy yo quiero hablar acerca de un Salmo donde el Rey David tiene un diálogo con Dios muy interesante que yo creo que nos muestra un poquito en cuanto a la relación muy íntima que él tenía con Dios.

Yo quiero que leamos ese Salmo, Salmos capítulo 32, ustedes pueden leerlo si lo buscan en su Biblia, pero dice la Palabra de Dios: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño; Mientras que ayer se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día porque de día y de noche se agravó sobre mí Tu mano, se volvió mi verdor en sequedades de verano; Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: confesaré mis transgresiones a Jehová y Tú perdonaste la maldad de mi pecado, por eso orará a Ti todo santo en el tiempo en que puedes ser hallado. Ciertamente en la inundación de muchas aguas, no llegarán estas a él; Tú eres mi refugio, me guardas de la angustia, con cánticos de liberación me rodearás; Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos;”

“No seáis como el caballo o como el mulo sin entendimiento que han de ser sujetados con cabestro y con freno porque si no no se acercan a ti; Muchos dolores habrán para el impío mas el que espera en Jehová le rodea la misericordia, alegraos en Jehová y gozaos justos, y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.”

Es un Salmo muy bonito, muy profundo que tiene un trasfondo muy interesante, y antes de que entremos a fondo en lo que yo creo que Dios tiene para nosotros en este día a través de este Salmo vamos a hablar acerca del Libro de los Salmos en general.

Muchos de nosotros sabemos que el Libro de los Salmos es una colección de 150 poemas escritos por diferentes personas que expresan una variedad de emociones, es uno de los Libros más sentimentales de la Biblia donde uno encuentra temas de amor y adoración para con Dios, tristeza por el pecado, dependencia de Dios ante las diferentes circunstancias de la vida, también vemos el tema de la batalla entre el temor y el confiar en Dios, y el caminar en Dios en medio de un camino oscuro.

El Libro de los Salmos es un Libro donde por años, siglos los cristianos han ido ahí en busca de esperanza, en busca de aliento. En general cuando uno se siente mal, cuando uno se siente abrumado por el pecado, por los problemas de la vida uno como que va al Libro de los Salmos para buscar una palabra de esperanza, una palabra de aliento, y es muy interesante quizás darse cuenta de que los Salmos conectan tanto con nosotros porque fueron escritos por personas que estaban en medio de situaciones donde la única esperanza que ellos tenían era clamarle a Dios y a veces cuando nosotros nos encontramos en situaciones así recurrimos a los Salmos porque tienen ese mismo efecto de darnos esa esperanza, ese aliento que nos anima a seguir un día más sabiendo que nuestra historia no termina como en medio de la situación que estemos sino que nosotros sabemos cómo termina.

Ah, este Salmo en particular, el Salmo 32 es considerado uno de siete salmos penitenciales, y generalmente el término penitencial se relaciona con salmos que se prestan, que son himnos donde los miembros de una congregación o donde la persona individual está confesando sus pecados y se está permitiendo apelar al carácter misericordioso de Dios para experimentar Su misericordia.

Sin embargo cuando uno mira el Salmo 32 en específico uno se da cuenta que más que un Salmo penitencial donde el salmista está pidiendo perdón por sus pecados, donde el salmista está quebrantado, adolorido, el salmista está mas bien dándole gracias a Dios por haber perdonado su pecado, es un salmo que a pesar que se considera como uno de penitencia donde uno va para pedir perdón por mi culpa, por mi pecado, todo esto, este salmo es diferente porque es un himno de acción de gracias donde el Rey David está agradeciéndole a Dios por haberle perdonado.

Nosotros vemos un ejemplo en este salmo de cómo los salmistas compartían sus más profundas penas y su sentir con Dios directamente sin necesidad de ningún intermediario. El Salmo 32 es un testimonio del gozo que uno recibe al experimentar el perdón de Dios sabiendo que uno no merece ser perdonado, que es por gracia que uno es perdonado. Es un diálogo litúrgico entre el Rey David y Dios, un diálogo que comenzó a solas y luego se manifestó en la presencia de otras personas que estaban junto con el Rey David, y es una invitación a confesarnos para con Dios de manera que también podamos experimentar este gozo exhuberante que el Rey David experimentó al haber sido perdonado, y el Salmo 32 también nos enseña de que si venimos a Dios con corazones de confesión Él nos escucha y Él nos perdona.

Algo muy interesante acerca de este salmo es que muchas personas que estudian la Biblia lo conectan con el Salmo 51 y es un salmo que vamos a leer más adelante, y el Salmo 51 es un salmo que el Rey David escribió inmediatamente después de ser confrontado por el profeta Natán luego de haber pecado con Betzabé, todos conocen la historia un poquito que el Rey David se enamoró de una mujer que vió bañándose en una piscina y entonces el quiso acostarse con ella, se acostó con ella y ella quedó encinta, entonces como para tratar de cubrir su pecado él manipuló una estrategia de batalla y puso al esposo de esta mujer en la línea de combate para que a él lo mataran, entonces a él lo mataron y todo y entonces esto como que pasó sin que nadie se diera cuenta pero él sí sabía lo que había hecho, entonces el Salmo 32 es como una respuesta a lo que pasó en el Salmo 51.

Y mira lo que dice en el Salmo 51 versículo 13, estos son los versos que David escribió como prometiéndole a Dios que si Él lo perdonaba esto es lo que él iba a hacer, entonces en el Salmo 51 a partir del versículo 13 David le dijo al Señor: “Si me perdonas entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti; Líbrame de homicidios oh Dios, Dios de mi salvación, cantará mi lengua Tu justicia; Señor abre mis labios y publicará mi boca Tu alabanza”.

David estaba diciéndole a Dios: Señor si Tú me perdonas por esto que yo he hecho yo me estoy comprometiendo delante de Ti que yo voy a hablar acerca de Tus bondades, voy a hablar acerca de Tu misericordia infinita, voy a escribir salmos y alabanzas a Ti, entonces el Salmo 32 es un resultado de esta oración que él hizo.

Pero para que ustedes tengan una idea un poquito más clara del vocabulario que se está manejando en estos dos salmos yo quiero que leamos el Salmo 51 también para que ustedes vean la diferencia de tono en los dos salmos. En el primer Salmo, el 51 David está pidiendo perdón y en el Salmo 32 él está dándole gracias a Dios, mira lo que dice el Salmo 51, él le dice: “Ten piedad de mí oh Dios conforme a Tu misericordia, conforme a la multitud de Tus piedades, borra mis rebeliones, lávame más y más de mi maldad porque yo reconozco mis rebeliones y mi pecado está siempre delante de Dios”, este era un pecado que lo estaba atormentando a él, a pesar de que la mayoría de la gente no se había enterado de lo que él había hecho él sí lo tenía presente.

Y él le dice: “Contra Ti, contra Ti sólo he pecado y he hecho lo malo delante de Tus ojos, para que seas reconocido justo en Tu Palabra y tenido por puro en Tu juicio, he aquí en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre, he aquí Tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con isopo y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve, hazme oír gozo y alegría y se recrearán los huesos que has abatido; Esconde Tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades, crea en mi oh Dios un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí; No me eches de delante de Ti y no quites de mi Tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de Tu salvación y espíritu noble me sustente; Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti; Líbrame de homicidios oh Dios, Dios de mi salvación, cantará mi lengua Tu justicia; Señor abre mis labios y publicará mi boca Tu alabanza porque no quieres sacrificio que yo lo daría, no quieres holocausto.”

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado y al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú oh Dios”. Estas palabras encierran el corazón del Rey David, un corazón de una persona que estaba arrepentida finalmente en vista de lo que él había hecho, pero él estaba arrepentido, quizás pensó que el Señor no lo perdonaría pero aún así se postró delante de Dios y le abrió su corazón porque Dios lo conoce todo, pero él simplemente quería hablar con Dios como de hijo a padre, y él resolvió no quedarse abrumado por el pesar de su pecado sino que luego de experimentar el gozo del perdón de Dios entonces comenzó a darle gracias a Dios y ahí es que entonces nosotros comenzamos a ver lo que pasó con el Salmo 32.

Mira lo que dice el versículo 1 del Salmo 32, dice: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado” ¿ven cómo cambia el tema? En el primer Salmo 51 él está clamando por piedad y por misericordia, está pidiendo: Señor perdóname, Señor ten misericordia de mí, pero una vez ya experimentó el perdón de Dios ya no hay más razón para que él se sienta menospreciado por Dios sino que ahora él está diciendo: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado” “bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño” un espíritu que es transparente.

“Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día porque de día y de noche se agravó sobre mí Tu mano y se volvió mi verdor en sequedades de verano”. Los versos 1 y 2 del Salmo 32 establecen el tema y resaltan la razón por la cual David se siente bienaventurado.

La palabra bienaventurado significa feliz, extremadamente feliz, una proclamación exhuberante de aquéllos que experimentan el perdón de Dios, la palabra bienaventurado también se traduce como bendecido, entonces en el Salmo 32 está diciendo que la razón por la que él se considera un hombre bendecido es porque él ha sido perdonado por Dios y la razón de su felicidad interior se encontraba en esto.

Él se sentía bendecido porque sus pecados habían sido perdonados y es muy interesante ver aquí que la bienaventuranza o la bendición en la vida del Rey David no estaba necesariamente asociada con el bienestar material sino mas bien con la certeza de que su vida estaba bajo el cuidado y la protección de Dios.

Yo creo que por esto es que quizás las personas pobres a pesar de que quizás no tengan muchas comodidades en la vida también pueden experimentar la bendición genuina de Dios, se pueden sentir bienaventurados y bendecidos porque la verdadera bienaventuranza no se encuentra en cosas materiales.

Hoy en día si uno se pone a mirar en facebook, twitter, internet o hasta hablando por la gente uno se da cuenta que las únicas razones por las que se sienten bendecidos es por cosas materiales. Uno siempre dice que uno está bendecido cuando a uno le dan una beca para la universidad o cuando uno consigue un apartamento o le dan un aumento en el trabajo, cuando uno tiene una familia maravillosa, buena salud, buenos hijos, un ministerio vibrante en la Iglesia, y uno basa como que la bendición en esas cosas que se ven, pero yo creo que la bendición de la que está hablando el Rey David aquí va mucho más allá de eso.

El Rey David era el Rey de una nación, tenía a su disposición lo que quisiera: dinero, lugares, todo ¿qué no tenía él? es como, él no tenía necesidad de nada. Sin embargo en este Salmo lo que él está diciendo es que la razón por la que él se sentía bienaventurado y bendecido es porque él había experimentado el perdón de Dios. Es muy interesante ver cómo una persona que tiene tantas cosas se puede sentir vacío porque su gozo, su plenitud no se encuentra en estas cosas materiales que pueden pasar.

El problema con esto es que cuando nosotros basamos nuestra felicidad, nuestro sentir de ser bendecidos en este tipo de cosas materiales son cosas que no necesariamente nos guían a Dios.

Cuando nuestras necesidades están cubiertas uno en realidad no tiene necesidad de Dios. Por lo general uno viene a Dios cuando uno está en medio de un problema, uno siempre viene a Dios para pedirle cosas: Señor guíame, Señor ayúdame, Señor bendíceme y cuando le estamos diciendo que nos bendiga no tenemos en mente que nos perdone, queremos que nos bendiga dándonos algo que quizás nos va a acomodar un poquito.

Yo no estoy diciendo que los bienes materiales son malos, para nada, yo pienso que sí, que una casa, un carro, un trabajo, estudio, todas esas cosas son bendiciones de Dios pero el significado más profundo de la bendición de Dios no se queda ahí, es más profundo, va mucho más allá de eso, y es por esto que quizás la gente que no tiene una casa, no tiene un carro, no tienen cosas se sienten profundamente agradecidos con Dios porque se sienten bendecidos de saber que Dios está con ellos y que su felicidad no depende de estas cosas.

En el Nuevo Testamento en la Biblia hay 112 referencias en cuanto a las palabras bendecir, bendición, bendecido y lo interesante es que ninguna de estas citas bíblicas habla en cuanto a la prosperidad material. Yo voy a leer unos pasajes rápido ustedes no los tienen que buscar, pero solamente para que ustedes vean más o menos de qué se trata esto.

En Mateo en el pasaje de las bienaventuranzas Jesús está diciéndole a todas las personas que estaban presentes: Bienaventurado, se supone que la palabra bienaventurado significa bendecido, “Bienaventurados los pobres en espíritu, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, bienaventurados sois cuando por Mi causa os vituperen” no hay ninguna referencia a posesiones materiales.

Mira lo que dice Lucas: “Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan”, ¿okay? así es que uno es bendecido. En Romanos 4 el apóstol Pablo dice: “Bienaventurados aquéllos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos”. Pablo está citando en el Nuevo Testamento el pasaje del Salmo 32 que nosotros acabamos de leer y vamos a hablar de eso un poquito más adelante, mira lo que dice Santiago: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación” y en Apocalipsis habla de que: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor”, “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”.

En ninguno de estos pasajes en el Antiguo o en el Nuevo Testamento hay un indicio de que la bendición está necesariamente conectada con prosperidad material ni con circunstancias perfectas en la vida, al contrario, uno ve que aquí el Señor está diciendo que bienaventurados, dichosos, felices son estas personas que sufren por causa del Evangelio, son las personas que se aferran al Señor en cualquier circunstancia. Ser bendecido se refiere a aquéllas personas que reciben el favor y la gracia de Dios a pesar de las circunstancias de su vida.

En el caso de David su gozo no se encontraba en saber que él había sido perdonado por Dios aún cuando él no se lo merecía y quizás, yo pienso que nosotros debemos desarrollar un entendimiento de que las bendiciones materiales son buenas pero son temporales, son cosas que se quedan aquí.

La Biblia nos dice que en medio de estas circunstancias, las circunstancias difíciles de la vida sí podemos ser bendecidos y los pobres pueden experimentar estas cosas. Una familia saludable, la prosperidad material y buena salud son regalos maravillosos por los cuales podemos agradecer a Dios y debemos agradecer a Dios por estas cosas pero estas no son las bendiciones principales de Dios, Dios quiere que nosotros nos deleitemos en el conocimiento de que hemos sido perdonados.

En el verso 1: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado”. La realidad es que todas estas cosas que nos rodean, un buen trabajo, una casa, un carro esas cosas en cualquier momento pueden cambiar. Usted puede tener el mejor trabajo del mundo pero si su salud desfallece usted deja de trabajar.

¿Cuántos de nosotros conocemos personas que en alguna temporada de su vida estaban bien, tenían todas sus cosas cubiertas? Quizás muchos de nosotros antes de venir a este país gozábamos de buenos títulos donde nos encontrábamos y al venir aquí nos encontramos de repente limpiando pisos o lavando baños, haciendo cosas que no tienen nada que ver con lo que uno hacía en el país de uno, eso no significa que uno no es bendecido porque la bendición de Dios no se contiene en un trabajo ni en una condición social, la bendición de Dios se queda con uno donde quiera que uno vaya independientemente de lo que uno esté haciendo, entonces tenemos que basar nuestras cosas en eso.

Ahora, David dice: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada” ¿qué significa la palabra transgresión? La palabra transgresión es un sinónimo de rebelión y pecado, entonces él está diciendo: Bienaventurado aquél cuya rebelión, cuyo pecado ha sido perdonado.

Una definición de transgresión dice que es una violación de un precepto, de una ley o de un estatuto, es una transgresión que uno hace intencionalmente rompiendo la ley, que fue lo que él hizo; él sabía que lo que él iba a hacer con esta mujer no estaba bien. Él sabía que tratando de arreglar la situación mandando a matar al esposo de esta mujer él sabía que eso era aún peor y aún así lo hizo, ¿y cuál fue el resultado? que no tuvo paz en su corazón hasta que confesó sus pecados y experimentó el poder de Dios.

El Salmo 32 como dije antes es un Salmo al cual el Apóstol Pablo en el Nuevo Testamento hace referencia. Cuando el Apóstol Pablo en Romanos capítulo 4 dice: “Bienaventurados aquéllos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos” él está citando este Salmo 32, y él está hablando del Antiguo Testamento resaltando que el Rey David era un ejemplo de una persona que había sido justificada por medio de la fe y no por medio de las obras; él está diciendo: el perdón de Dios no se gana por las cosas buenas que uno haga.

David, él no trató de hacer el bien y decir: okay ¿cómo yo voy a arreglar esta situación? voy a dar dinero a los pobres, voy a ayudar a la familia del Señor que maté, voy a hacer esto, no, él no se fue con eso, él simplemente le pidió perdón a Dios y la justificación se encuentra en eso no en las obras que uno puede hacer, porque si no las personas que tuvieran más dinero podrían cubrir sus pecados repartiendo dinero, haciendo obras caritativas, haciendo todo tiempo de bien, pero no se trata de eso, se trata de simplemente uno venir humillado delante de la Presencia de Dios.

Pablo nos recuerda de que nosotros también podemos tener esta experiencia de experimentar el perdón de Dios si nos humillamos. Ahora, sabiendo de que las verdaderas bendiciones se encuentran en el perdón de Dios, de que Dios quiere perdonar a cada uno de nosotros nuestra tarea es mantener esto en mente y recordarlo.

Desde el Antiguo Testamento Dios se ha dado a conocer para con Sus hijos como un Dios que quiere perdonarlos porque Él sabe que nosotros vamos a seguir fallando, mientras estemos aquí en la Tierra vamos a seguir fallando, con nuestras palabras, con nuestros hechos, vamos a fallar, Dios está consciente de eso pero Él quiere perdonarnos.

Mira lo que Él le dijo a Moisés cuando le estaba entregando ¿ustedes se acuerdan cuando Dios le dió los diez mandamientos a la gente, verdad? las tablas, que Moisés bajó y entonces encontró un desastre en el pueblo, rompió las tablas y entonces subió otra vez unas nuevas leyes para el pueblo como una segunda chance, mira lo que dijo Moisés en cuanto al carácter de Dios en ese entonces, él dijo en Éxodo: “Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” este era el carácter de Dios, así era como Moisés conocía a Dios, así es como Dios se daba a conocer para con todas las personas en Israel y así es como Dios se quiere dar a conocer para con nosotros. Más que como un Dios que nos quiere dar bendiciones materiales Él quiere que nosotros lo reconozcamos como un Dios que es grande en misericordia.

David se consideró bendecido porque él sabía que el Señor le había perdonado y el perdón de Dios no es algo que nosotros debemos tomar a la ligera pero yo creo que nosotros sí lo tomamos a la ligera, nosotros no meditamos en la grandeza del perdón de Dios y cuando nosotros no meditamos en la grandeza del perdón de Dios en nuestra vida nuestro caminar con Dios se convierte en una gracia barata que es una gracia que nosotros damos por sentada y simplemente hacemos lo que hacemos porque sabemos que Dios nos perdona y ya, no estamos compungidos por el perdón de Dios.

Nos hemos acostumbrado al hecho de que hemos sido perdonados y es como si ni siquiera debiéramos agradecerle a Dios por esto, por esto es que se nos hace fácil caer en chismes, una mentirita blanca, robarse los lapiceros de la oficina, hay como cosas leves que uno hace a diario porque uno simplemente se siente perdonado por Dios y no es algo como que tan grande, y solamente le agradecemos a Dios cuando Dios nos da cosas materiales, pero ¿cuándo fue la última vez que usted se sentó en su casa a darle gracias a Dios no por un aumento, no por una ropa, no por su salud sino por el hecho de que Dios lo ha perdonado? Es muy fácil darle gracias a Dios cuando Dios nos saca de un problema pero es bien difícil recordar de dónde Dios nos ha sacado espiritualmente.

A veces nosotros creemos que el hecho de que un día hicimos la oración de fe y nos convertimos, nos perdonamos es suficiente y ya, no hay que pensar más en eso pero yo pienso de que Dios sí quiere que nosotros mantengamos en mente de que Él nos perdonó, sí, salvos por Su gracia pero es una cosa constante porque a diario nosotros fallamos.

Yo quiero leer un pasaje en Lucas capítulo 7 versículo 36 que ilustra un poco la actitud de dos personajes en cuanto al perdón de Dios en sus vidas. Si pueden ir conmigo al Libro de Lucas capítulo 7 versículo 33, yo voy a tratar de ilustrar lo que estoy tratando de decir con esta historia, okay mira lo que dice aquí, esta es la historia de una pecadora que ungió los pies de Jesús.

Dice: “Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él” lo invitó a su casa, los fariseos eran los líderes religiosos, y le dice: “y habiendo entrado en casa del fariseo se sentó a la mesa, entonces una mujer de la ciudad que era pecadora al saber que Jesús estaba en la mesa en casa del fariseo trajo un frasco de alabastro con perfume, y estando detrás de Él a Sus pies llorando comenzó a regar con lágrimas Sus pies y los enjugaba con sus cabellos, y besaba Sus pies, y los ungía con este perfume; Cuando vió esto el fariseo que le había convidado dijo para sí: este si fuera profeta conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.”

“Entonces respondiendo Jesús le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte, y él dijo: ¡oh! di maestro; Un acreedor tenía dos deudores, el uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta, y no teniendo ellos con qué pagar perdonó a ambos, di pues cuál de ellos le amará más.”

“Respondiendo Simón dijo: pienso que aquél a quien le perdonó más; Y Él le dijo: rectamente has juzgado, y vuelto a la mujer dijo a Simón: ¿ves a esta mujer? Entré a tu casa y tú no me diste agua para mis pies, mas esta ha regado mis pies con lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso mas esta desde que entré no ha dejado de besar mis pies, no me ungiste mi cabeza con aceite mas esta ha ungido con perfume mis pies, por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados porque amó mucho, mas aquél a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: tus pecados te son perdonados.”

Esta historia para mí es una ilustración de un corazón agradecido que reconoce que ha sido perdonado y quiere expresar su gratitud para con Dios. Para esta mujer el saber que ella podía ir delante de Jesús y besar sus pies a ella no le importó quizás gastar todos sus ahorros en este frasco de alabastro, besar los pies de Dios, ungirlos con sus lágrimas, pero sin embargo el fariseo que conocía la Escritura, que andaba recto delante de Dios al ver a Jesús como que no se emocionaba, como que nada le pasaba porque ya él estaba salvo, ya él ni siquiera pensaba en sus pecados y yo pienso que muchos nos comportamos así a veces; mientras más tiempo pasamos en el Evangelio pensamos que ya lo sabemos todo, sí, Dios nos salva, Dios nos ama, que esto que lo otro y ya no tenemos la necesidad de postrarnos ante los pies de Jesucristo.

Por eso es que usted generalmente gente nueva en el Evangelio que son la gente que más se quebranta, la gente que más viene porque para ellos está fresco en su mente: wow Dios me perdonó mis pecados, esto es algo grande, esto es algo que no se puede tomar a la ligera, esto es algo que no se puede dar por sentado y son la gente que está dispuesta a ir y buscar ese momento de intimidad con Dios, y esto es lo que Jesús les está diciendo a estas personas en este cuadro. Ahora, cuando uno se da cuenta de qué tan pecadores somos y de cuánto Dios nos ha perdonado no tenemos otra opción que simplemente postrarnos ante el Señor y darle gracias por habernos perdonado.

Vamos a volver a nuestro pasaje en el Salmo 32, mira lo que dice el versículo 2: “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado, bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño.” La palabra engaño aquí se refiere a aquéllas personas que tratan de engañar a Dios encubriendo sus pecados y al mismo tiempo se engañan a ellos mismos, y engañan a las personas a su alrededor, son personas que se neutralizan en cuanto a darse cuenta de que ellos viven en pecado y ya ni siquiera les afecta eso, y ellos viven una vida donde se engañan ellos mismos.

David trató de engañarse a sí mismo al no confesar sus pecados para delante de Dios, la gente no sabía lo que David había hecho pero él sabía y Dios sí sabía, y es muy interesante de que David sabiendo que Dios es omnisciente, que Dios todo lo sabe aún así sintió la necesidad de confesar sus pecados.

Él pudo haber dicho: bueno Dios sabe que yo hice esto pero Él conoce mi corazón, Él sabe que yo estoy arrepentido, sigo adelante y no ha pasado nada, pero no, él no experimentó la paz y el perdón de Dios hasta que él confesó con su boca lo que él había hecho.

Mira lo que él dijo en el versículo 3: “Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.” Aquí nosotros vemos la pérdida de vitalidad en la fuerza, la pérdida de la paz interior que David tenía y quizás esa era una de las formas que el Señor estaba tratando de usar para que David entonces volviera en sí y dijera: es que yo tengo que confesar mis pecados.

Hay personas que piensan que a veces Dios permite que lleguen pruebas a nuestras vidas porque estamos muy cómodos, porque no estamos pasando suficiente tiempo en oración entonces el Señor dice: Muy bien déjame mandarte otra cosa para que tú te acuerdes que tú tienes que depender de mí y no de tus propias fuerzas, de tus propios logros.

Mira lo que dice el versículo 5: “Mi pecado te declaré” en otras palabras, reconocí ¿verdad? reconocí mi pecado, “y no encubrí mi iniquidad, dije: confesaré mis maldades a Jehová y Tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Nosotros somos bendecidos cuando nosotros confesamos nuestros pecados y decidimos andar en integridad delante de Dios y delante de los hombres.

Nosotros somos bendecidos cuando rehusamos vivir engañándonos a nosotros mismos ¿y a qué yo me refiero con engañándonos a nosotros mismos? Cada uno de nosotros sabe con qué lucha, todos nosotros tenemos luchas diferentes. Quizás para unos es: me gusta el chisme porque me entretiene y yo no estoy hiriendo a nadie con eso, usted tiene un problema con la mentira o la avaricia, o el orgullo, son cosas leves que quizás uno ve muy normal pero más que esas cosas quizás hay otros pecados más oscuros que usted tiene en su vida y usted sabe cuáles son.

¿Cómo uno vive engañándose a uno mismo cuando uno falla en reconocer esos pecados y traerlos delante de Dios en confesión y en arrepentimiento? A menudo nos es fácil rodearnos de personas que se gozan en nuestros logros, de personas que nos apoyan en todo, de personas que quizás cuando uno les comparte las luchas que uno tiene tratan de tapar el sol con un dedo y te dicen: mira no te preocupes por eso, it’s not that big of a deal, pero yo pienso que nosotros debemos rodearnos con personas que más que se gocen con nuestros logros y nuestras cosas hagan las preguntas difíciles y nos digan: ¿cómo está tu relación con Dios? ¿cuándo fue la última vez que te postraste delante de Dios y le diste gracias porque te perdonó, o cuándo fue la última vez que te postraste delante de Dios para pedirle perdón por tus pecados?

Ese tipo de preguntas nadie las hace. Por lo general uno: ¡ay, te dieron un carro, una promoción! ¡ay ¿cuándo damos una vuelta, cuándo vamos para tu casa? pero pocas veces la gente dice: okay ¿cuándo vamos para tu casa y vamos a ir a orar por ti? vamos a ir a bendecir tu casa, son cosas que nosotros tenemos que pensar.

David reconoció su pecado y Dios le perdonó la iniquidad de su pecado. El versículo 1 cuando él habla de que se confiesa: “La confesión significa afirmar nuestra intención de abandonar el pecado de manera que podamos seguir a Dios fielmente.” La confesión tiene que ver con el arrepentimiento, no es simplemente confesar el pecado simplemente por verbalizarlo y externalizarlo. Cuando uno confiesa el pecado uno necesita abandonar ese pecado.

Mira lo que dice la Biblia en Primera de Juan 1:19, dice: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad” esto es en el Nuevo Testamento. Mira, vamos a ver los versículos 8, 9 y 10 de Primera de Juan, mira lo que dice Primera de Juan 8, 9 y 10: “Si decimos que no tenemos pecados nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros, si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. SI decimos que no hemos pecado le hacemos a Él mentiroso y Su Palabra no está en nosotros.”

El confesar los pecados se supone que nos libere para nosotros disfrutar una comunión más íntima con Dios, una relación con Dios sin ningún tipo de vergüenza, no hay necesidad de sentirse avergonzados.

Algunos cristianos no entienden cómo funciona lo de la confesión de pecados, ellos se sienten culpables y confiesan sus pecados una y otra vez, una y otra vez y se les hace difícil aceptar el perdón de Dios en sus vidas. Algunos cristianos creen que Dios les perdona cuando confiesan pero que si ellos en algún momento mueren con un pecado sin haber sido confesado pues como que se van a perder, estas personas no entienden que Dios quiere perdonarnos, que Dios permitió que Su Hijo muriera en la cruz para Él poder ofrecernos ese perdón, Él utilizó a Dios en nuestro lugar para Él podernos ofrecer este perdón.

Nosotros no necesitamos confesar todos los pecados de nuestro pasado una y otra vez y no necesitamos temer que Dios nos va a rechazar si no mantenemos nuestras vidas perfectas delante de Él. Yo pienso que muchas personas no vienen a los caminos de Dios porque nosotros vendemos una imagen de que hay que ser perfecto para estar dentro de una Iglesia, de que uno no puede pecar, de que uno no puede fallar y eso es mentira. Lo que nos diferencia a nosotros de las personas pecadoras fuera de la Iglesia es que nosotros somos pecadores arrepentidos, igual que ellos, ellos son pecadores, nosotros somos pecadores, la diferencia es que nosotros nos hemos arrepentido y ellos quizás necesitan arrepentirse, y nosotros no podemos ser un obstáculo pretendiendo de que nuestras vidas son perfectas, de que no tenemos más necesidad de perdón. Nosotros tenemos que ser vulnerables y dejarle saber a la gente: yo soy tan pecador como tú, la diferencia entre tú y yo es que yo vengo delante de Dios y yo trato de pedirle perdón a Dios, y trato de cambiar, porque no es simplemente pedirle perdón de la boca para afuera.

La verdadera confesión involucra un compromiso a no seguir pecando. Cuando el Rey David se confesó y se arrepintió de este pecado él no lo volvió a hacer. Él dijo: yo mas nunca vuelvo a acostarme con una mujer que no sea mi esposa, esto que yo he hecho es grave, yo tengo que arrepentirme y salir de eso, y ese es el principio que nosotros debemos de seguir. Cuando confesamos cualquier pecado debemos de tratar de no volverlo a hacer sea lo que sea.

Cuando nosotros confesamos nuestros pecados nosotros estamos haciendo tres cosas, número uno: estamos acordando con Dios de que nos vamos a apartar de esas cosas, número dos: estamos asegurándonos de traer estas cosas delante de Dios y número tres: estamos reconociendo nuestra tendencia a pecar y nos vemos obligados a depender del poder de Dios.

Cuando uno confiesa los pecados con Dios uno no lo está reconociendo pero uno está diciendo: Señor ayúdame a no hacerlo otra vez, y tenemos que prestar atención a las cosas pequeñas porque quizás usted dice: yo no soy un hombre adúltero, yo no le soy infiel a mi esposa, yo no robo, yo no he matado a nadie, okay pero ¿qué tal esos comentarios que uno hace semana tras semana criticando a otras personas? eso es chisme, eso no agrada a Dios.

¿Cuándo fue la última vez que usted se arrepintió por estar hablando de una persona a sus espaldas? y si usted se arrepintió por hacer esas cosas ¿volvió usted a caer en lo mismo unos meses después o está tratando de no volver a caer en lo mismo? ¿cuándo fue la última vez que usted se arrepintió de tener esas conversaciones que no edifican?

El punto del arrepentimiento y la confesión de los pecados es que uno se de cuenta de lo que uno está haciendo mal y uno trate de cambiar, porque si uno no trata de cambiar de nada sirve que uno se arrepienta.

Mira lo que dice en el versículo 6: “Por esto orará a Ti todo santo en el tiempo en el que puedas ser hallado”, la palabra “por esto” nos muestra que es una lección para todo santo, todo cristiano en cuanto a la necesidad de ofrecer oraciones de confesionarios en el tiempo en el que Dios puede ser hallado, ¿cuándo Dios puede ser hallado? ahora, en cualquier momento uno puede venir delante de Dios y ofrecerle oraciones de arrepentimiento, esto fue lo que el Rey David estaba compartiendo.

Cuando el Rey David escribió el Salmo 32 él estaba en una audiencia con otras personas y él estaba declarando de que él se sentía bendecido, se sentía agradecido de que Dios lo había perdonado y él estaba animando a la gente a que confesaran sus pecados para con Dios, no necesariamente en una audiencia pública sino para con Dios y de que trataran de arrepentirse, y que cambiaran su forma de ser.

Yo creo que lo que nosotros podemos aprender del Rey David en este salmo es que David reconoció su pecado y su tendencia a hacer el mal. Él reconoció que el pecado era una rebelión contra Dios mismo porque él sabía que él no debía hacer ciertas cosas y sin embargo las hacía. Yo creo que por eso es que David es reconocido en la Biblia como el hombre más cercano al corazón de Dios porque a David no le temblaban los labios para confesar sus pecados delante de Dios, para postrarse delante de Dios.

David era un hombre fuerte que no necesitaba nada pero sin embargo cuando él estaba con Dios Él se humillaba y decía: yo soy Tu hijo, yo no soy nada y así es que son las cosas, él hablaba claro abiertamente con Dios, muchas veces nosotros decimos: ah pero es que Dios sabe, Dios sabe, sí, Dios sabe pero Él quiere hablar contigo.

Los que son padres quizás se pueden identificar con esto cuando usted sabe que su hijo ha hecho algo y usted como que espera a ver si su hijo le va a decir, y el hijo se hace el loco o se hace la loca y usted: ¿cuándo me va a decir, cuándo me va a decir? ¿cómo se siente usted cuando su hijo finalmente viene y le dice lo que él hizo, cuál es su impulso? Su primero impulso quizás no es castigarlo, es perdonarlo, pero quizás usted dice: bueno pero lo tengo que corregir porque hay consecuencias, y esto fue lo que hizo Dios con el Rey David. El niño que fue fruto de ese acto murió ¿okay? Dios lo perdonó pero su hijo murió, el pecado trae consecuencias.

Cuando uno se arrepiente Dios nos perdona y uno puede estar seguro que Dios nos perdona y es como quien dice: borrón y cuenta nueva, pero pueden haber consecuencias de lo que uno hace. Lo bueno del caminar en Cristo es que las consecuencias no las enfrentamos solos, las consecuencias nosotros las enfrentamos con Dios, y Él dice: Te voy a castigar pero Yo estaré contigo, eso fue lo que Dios le dijo a Moisés.

Cuando Dios estaba llamando a Moisés a salir Él no le dijo: Todo te va a ir bien, Él no le dijo todo te va a ir mal, Él le dijo: Yo estaré contigo, si las cosas te van bien Yo voy a estar contigo, si las cosas te van mal Yo voy a estar contigo.

Hoy nosotros vamos a celebrar la Santa Cena, la comunión y yo quiero que nosotros tomemos la Santa Cena hoy de una manera diferente. Yo quiero invitar a los ujieres a que se preparen y que repartamos los elementos de la Santa Cena y le voy a pedir al Pastor Samuel que nos ayude también, pero yo quiero que nosotros tomemos unos minutos ahí donde usted está en su asiento para pensar y reflexionar en las cosas que nosotros hemos hecho esta semana o quizás en los últimos meses que aún no hemos tomado el tiempo para traerlas delante de Dios.

Cuando nosotros tomamos la Santa Cena se supone que nosotros estamos reflexionando en lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y yo quiero que hoy como el Rey David fue delante de Dios, se postró y confesó sus pecados que nosotros confesemos nuestros pecados también, en silencio ahí donde usted se encuentra, delante de Dios antes de tomar la Santa Cena, y yo les invito a que esto no sea algo que hacemos hoy y ya no lo volvamos a hacer, yo les invito a que ustedes hagan esto, traten de hacer esto semanalmente en su casa.

Cada uno de nosotros sabe con lo que lucha, nadie conoce su corazón mejor que usted y Dios pero es ese corazón al que Dios quiere acercarse en el silencio de su corazón, en el silencio de su casa, Él quiere que usted venga delante de Dios semana tras semana y le diga: Señor perdóname, ayúdame a cambiar las cosas que necesito cambiar, que nosotros podamos confesar nuestros pecados de manera que nosotros podamos decir como dijo David: bienaventurado, feliz aquél cuya transgresión ha sido perdonada y cubiertos sus pecados, que nosotros podamos experimentar ese gozo de que Dios nos perdona no importa lo que uno haga.

Quizás para David haber cometido adulterio y haber asesinado a un hombre era lo más grande y él decía: yo no tengo perdón de Dios, pero él se postró delante de Dios sin importar y le pidió perdón, y Dios lo perdonó, entonces hermanos: no hay pecado tan grande que Dios no quiera perdonarnos, Él simplemente quiere que nosotros vengamos delante de Él, abramos nuestro corazón, le pidamos perdón y le pidamos Su ayuda para cambiar lo que nosotros necesitamos cambiar.

Y si tú estás aquí el día de hoy y aún no has tenido un tiempo para hacer esa oración de fe para pedirle al Señor que entre a tu vida, que te perdone, que te ayude a cambiar para tú comenzar a vivir de una manera diferente y pasar del grupo de los pecadores no arrepentidos al grupo de los pecadores arrepentidos yo te invito a que tú hagas esa oración ahí en tu asiento, es algo entre tú y Dios, y si tú haces esa oración después tú puede encontrarme a mí o a cualquiera de los Pastores, a los ujieres, a cualquiera en esta Iglesia y decirle: yo quiero comenzar a vivir de una manera diferente, yo quiero comenzar una nueva vida con Cristo ¿cómo yo puedo comenzar a hacer eso? la vida cristiana es una vida que se vive en comunidad, no para juzgarnos los unos a los otros sino para ayudarnos a acercarnos a Dios cada día más.

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