Sermón 26 de julio 2015: Hay muchos montes que conquistar

A propósito de Sermones
[Dr. Roberto Miranda]
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: July 26, 2015
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Estuve pensando esta mañana en la vida de Caleb, uno de mis grandes héroes en la Escritura y quizás en algún momento futuro voy a tener la oportunidad de hablar un poquito acerca de la vida de Caleb, de paso que a mí me encanta la idea de que uno de nuestros nietos se llama Caleb porque refleja el aprecio que le tenemos a ese personaje del Nuevo Testamento.

Lo que yo veo en Caleb es, número uno, una gran fidelidad al Señor, una confianza que no se deja atemorizar por la magnitud de los obstáculos o los retos que están delante del pueblo de Dios. Cuando Josué y Caleb espiaron la tierra y vieron que habrían grandes gigantes que se opondrían a la entrada del pueblo de Dios a la Tierra Prometida y los otros diez espías se atemorizaron, y se llenaron de miedo, y no miraron la bendición que habría en la Tierra Prometida, Josué y Caleb dijeron: si Dios está con nosotros, nosotros los vamos a comer como pan.

Y eso me ha enseñado que en este tiempo de la historia en que se encuentra la Iglesia en este país, en otras partes del mundo, no tenemos que temer a la magnitud de los obstáculos y de los gigantes que están delante de nosotros sino que tenemos que estar seguros de que Dios esté con nosotros y nosotros con Dios.

Pero ¿sabe lo que más me impresiona más de Caleb? se encuentra en el capítulo 14 y no tenemos tiempo para leerlo, y allí, 45 años después que Josué y Caleb dieron esa Palabra profética, eran jovencitos y el pueblo todavía no había entrado a la Tierra Prometida, pero 45 años después de ese momento importantísimo, 45 años después se encuentran ante la Tierra Prometida, la tierra que Dios les había prometido, y todavía no la han poseído completamente porque apenas están comenzando la tarea.

Ahora Caleb tiene 85 años, digan 85 años, wow, hay esperanza para mí, yo sólo tengo 70. Y saben que Caleb le dice a Josué que ahora es el jefe de todas las tribus de Israel y el que tiene bajo su control la distribución de las tierras, pero Caleb habla con una autoridad que viene de la persona que ha vivido en la Voluntad del Señor y cuya vitalidad viene de su relación y su intimidad con el Espíritu de Dios.

Caleb le dice a Josué: "He aquí hoy soy de edad de 85 años, todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió", eso quiere decir: ahora Caleb tiene 85 años y dice: mira, yo me siento tan fuerte como cuando tenía cuarenta cuando Dios me envió a espiar la tierra. "Cual era mi fuerza entonces tal es mi fuerza ahora para la guerra y para entrar; Dame pues ahora este monte del cual Jehová habló aquél día, porque tú oíste en aquél día que los anaceos" una raza de gigantes "están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas, quizá Jehová estará conmigo y los echaré como Jehová ha dicho."

Hermanos: yo no estoy solamente hablando acerca de mi persona, no estoy alardeando de ninguna vitalidad personal y no estoy hablando solamente de mí, sino que estoy hablando acerca de esta Congregación y de la Iglesia de Jesucristo en este momento de la historia, eso es lo que más me importa. Y yo creo que también para la Iglesia de Jesucristo en toda la nación y en el todo el mundo occidental donde parece que la Iglesia está en debilidad y frente a grandes obstáculos, yo me siento hermanos que estamos en un momento de la historia en que Dios nos está llamando a conquistar la Tierra.

No es un tiempo para estar pensando en la vejez ni para estar pensando que no tenemos fuerzas, es un tiempo, es el tiempo para pensar que Dios está con nosotros y que esos montes, los tenemos que tomar en el Nombre de Jesús.

Hermanos, yo me siento como que estamos al borde de un gran abismo de posibilidades. Mas bien lo que me mantiene despierto en las noches es esta idea de que hay algo que está esperando delante de nosotros, grandes posibilidades, grandes conquistas que Dios tiene para Su pueblo en este tiempo. Yo creo que nosotros tenemos que llenar nuestra mente de esa idea de grandes posibilidades, de grandes conquistas que Dios tiene para Su Iglesia, aunque han pasado dos mil años, pero todavía yo creo que Dios tiene grandes montes para conquistar y grandes tierras a conquistar para Su Nombre y Su gloria.

Nuestra Iglesia acaba de terminar y yo espero que sí, que acaba de terminar, tres proyectos durante veinte y pico de años de construcción, y estamos preparados en un sentido con una planta física que es, yo diría muy adecuada para emprender grandes cosas en esta ciudad y en esta nación.

Como decía Gregory hace un rato, estos años Dios se ha encargado de prepararnos como Congregación a través de estos procesos que hemos vivido que los refleja esa presentación audiovisual que vimos hace un momento. Yo mientras miraba esas proyecciones me daba cuenta de nuevo de todas las cosas que nosotros hemos tenido que vivir durante estos treinta años; de hecho son treinta y tres años desde que León de Judá comenzó aquí en el South End, primero Iglesia Bautista Central y después Congregación León de Judá.

Pero no solamente ha trabajado en la Congregación, ha trabajado a través de la vida de Meche, mi persona, nos ha quebrantado, a mí sobre todo porque Meche está mejor preparada que yo espiritualmente, pero sí me ha triturado, me ha quebrantado, me ha molido muchas veces y yo siento que ha estado trabajando en mi vida para prepararme para servirlo mejor.

Y ahora yo creo que Dios tiene, y eso es lo que yo quiero que pensemos, que una época posiblemente termina y se abre otra época que ninguno de nosotros puede predecir pero que yo sé que es una época de grandes conquistas y de grandes posibilidades. Yo quiero que piensen en eso hermanos, como esa canción que decía acerca del Dios de esta ciudad: "Grandes cosas tiene Dios aún para nosotros".

Lo último que les digo, los dejo con una imagen: Meche y yo acabamos de regresar de un viaje de dos semanas en cinco países en Europa y viajamos mucho por los trenes, todos los viajes que hicimos fueron en tren dentro Europa, sólo llegamos a Suecia y de ahí pues todos los viajes que hicimos en esos cinco países de Europa fue en tren, y eso nos permitió ver las ciudades y los campos de Suiza, de Alemania, de Austria, de la República Checa y respirar un poquito del aire de ese continente antiguo.

Pensábamos que fue como un viaje casi religioso porque en cada ciudad donde fuimos, pudimos visitar iglesias y catedrales, y ver las torrecitas de esas iglesias de todas esas partes de Europa como restos de un continente que alguna vez fue tremendamente espiritual y muy preocupado por las cosas de Dios. Sí, fue un cristianismo de terribles errores, guerras religiosas terribles y de grandes controversias, pero un pueblo que es indiferente a Dios no pelea por las cosas religiosas. Precisamente las guerras y las grandes controversias eran una manifestación de que a Dios y al cristianismo se les tomaba en serio, aunque hubieron terribles errores.

Sin embargo a nosotros nos conmovía el hecho de que en esas grandes ciudades y en esos campos donde se veían tantas torres de iglesias e iglesias antiquísimas y hermosas casi no había gente, muchas de ellas cerradas y muertas completamente por la falta exclusiva de gente en esas tierras, hoy en día las iglesias son mas bien restos arqueológicos, museos más que todo, no hay vida en ellas.

Todo eso es manifestación de lo que ha pasado en el mundo occidental, en el mundo "desarrollado" donde a Dios se le ha puesto fuera aún de las iglesias, ciertamente de la cultura, de la política y de la moralidad, y lo que queda son simplemente iglesias que son como huesos secos.

Dios me habló acerca de los huesos secos porque yo he leído tanto ese pasaje y viendo esas iglesias abandonadas y vacías, es como que la pregunta de Dios a Ezequiel se me vino a la mente, "¿podrán vivir de nuevo estos huesos?", y yo me preguntaba: Señor ¿podrán vivir de nuevo estas iglesias? ¿podrán vivir estas iglesias en la República Checa, en Austria, en Alemania?

En Alemania donde el gran reformador, Lutero, dió los primeros gritos del protestantismo que cambió la historia de la Iglesia. En Suiza donde el gran Calvino predicó con una pasión terrible acerca de Dios, de Su Palabra. En la República Checa donde John Hoss también padeció martirio por su insistencia de que la Palabra de Dios debía ser predicada en los idiomas nativos y de que el pueblo de Dios tenía derecho a celebrar la Santa Cena y no solamente los sacerdotes. Y en Viena donde hay un gran monumento en el centro mismo de la plaza central de la ciudad dedicado tan elocuentemente a la Trinidad y una declaración de adoración al Dios viviente. O en Roma donde en la Basílica de San Pedro donde tuvimos el privilegio de estar, hay un gran monumento dentro de la Basílica donde supuestamente debajo están los restos del Apóstol Pedro.

¿Y podrán los huesos de las iglesias aquí en Nueva Inglaterra también revivir en los pequeños pueblitos de Vermont y de New Hampshire, y de Connecticut, y de Rhode Island, podrán también en lugares donde hay tanta predicación malsana y dañada, podrán esos huesos revivir de nuevo?

Yo digo que sí hermanos, nosotros decimos que sí en el Nombre de Jesús, hay muchos montes que conquistar. Las tribus enemigas no han sido vencidas todavía pero nuestra fuerza es como la de hace 45 años, todavía estamos preparados para hacer guerra por el Señor y aunque los demás abandonaran al Señor, por Su gracia, yo y mi casa serviremos a Jehová.

Hermanos: los mejores tiempos están delante de nosotros, los mejores tiempos están delante de nosotros. Dios no conoce de edad y de juventud; es más, a Dios le gusta usar a los viejos déjeme decirle. Yo me siento preparado para la guerra y mi iglesia yo sé que está preparada para la guerra.

Hermanos, vamos a prepararnos en el Nombre del Señor, ¿amén? porque grandes cosas han de suceder en estos tiempos. El Señor quiere darnos la tierra, antes de que Cristo venga por segunda vez, hay una gran visitación sobre la sociedad y Dios está preparando Su Iglesia y Sus profetas en muchas partes del mundo ahora mismo, preparándola para esa gran visitación de Su Espíritu, así que celebremos lo que Dios tiene delante de nosotros. Un tiempo pasa pero otro tiempo se abre delante de nosotros, gloria al Nombre del Señor, amén. Póngase de pie, déle un gran aplauso al Señor, la gloria y la honra son para Él.

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