Ejerciendo el llamado con inteligencia

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 17 - [29 de marzo 2009] Como hemos visto hasta aquí, tanto la Iglesia latina como la comunidad hispana en los Estados Unidos se mueven bajo el peso de un llamado redentor. La intención de Dios es que sirvamos como una levadura de vida y de transformación espirituales en medio de la sociedad en la cual hemos sido ubicados. Ese llamado no se realizará sin esfuerzo, por mera inercia. Requerirá una fuerte toma de conciencia de parte del liderazgo cristiano hispano al nivel nacional de que somos llamados no sólo a sobrevivir en este país, sino también a serle de bendición, a jugar un papel activo en su evolución espiritual.

Dios le ha otorgado un don a la Iglesia hispana en esta nación. Ese don también constituye un llamado. Ese llamado no se cumplirá automáticamente. Requerirá la cooperación activa de la Iglesia, reflexionando continuamente sobre su llamado, y haciendo todo lo que esté de su parte para ejercerlo legítimamente.

FUNDAMENTOS BÍBLICOS PARA EL USO DE LOS DONES

El fuego del don de Dios requiere ser avivado por sus poseedores. Pablo le indica a Timoteo: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (II Tim 1:6). El don divino no se desarrolla pasivamente, ni se desempeña indiscriminadamente. Necesita ser ejercitado y guiado por la Palabra de Dios. Requiere un espíritu de entendimiento que permita discernir el contexto en que se ha de ejercer, así como la manera específica de ponerlo en funcionamiento.

Es por esa razón que el apóstol Pablo dedica todo un segmento de su primera carta a la comunidad de los corintios (capítulo catorce) al tema de cómo poner en práctica los dones espirituales de los cuales ha hablado en el capítulo doce, enfatizando que estos se han de ejercer con inteligencia y disciplina. Añade, por ejemplo, que los miembros de la congregación deberán ser sensitivos unos a los otros, tomando en cuenta a los inconversos presentes, y haciéndolo todo “para edificación de la iglesia” (I Cor 14:23-28). Dios pone una gran responsabilidad sobre los que reciben su dotación de poder, y no los exime de ejercerla en una forma sabia y ordenada.

La mentalidad sobrenatural no tiene nada de mística o meramente pasiva. Dios obra en estrecha cooperación con sus hijos, y espera que estos operen con intencionalidad e inteligencia a favor de su Reino. Los hijos de Dios han de adherirse en todo lo posible a las leyes de la prudencia y el decoro cuando operan bajo su poder (I Cor 14:40). Habrá ocasiones, quizás, en que la manifestación de los dones sea tan fuerte o tan inesperada que por un momento se aparte de ese patrón usual de orden y armonía, pero esto debe constituir la excepción y no la regla. Por eso Pablo aclara que “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (v. 32). En otras palabras, en lo que respecta a la manifestación de los dones en la vida del creyente, no se admiten excusas de no tener control. Iluminados por el Espíritu, tenemos que desarrollar formas inteligentes y efectivas de ejercer los dones de Dios sobre la realidad que habitamos.

El Espíritu Santo es el Parakletos, el que se para al lado de nosotros y nos instruye y anima, pero que nunca nos desplaza o exime de hacer nuestra parte en el trabajo de la redención. En la parábola del siervo infiel en Lucas 19:11-27, las instrucciones del Señor a sus siervos son precisas y claras: “Negociad entre tanto que vengo”. Los detalles de cómo ellos han de ejecutar esas directrices no les son provistos. Se espera que desarrollen un plan conforme a lo que conocen de su Señor, y que al final, cuando él los llame a cuentas, puedan demostrar que ha habido ganancia basado en los recursos que él les proveyó al inicio.

Nuestro llamado es bendecir a esta comunidad en la cual habitamos. Debemos fertilizarla con la Palabra y los principios del Reino de Dios, detener el progreso del mal, y llevar cautivo todo principio regidor en esta sociedad a la persona de Cristo (II Cor 10:5). Los detalles y la metodología para realizar esa asignación dependerán de un lúcido esfuerzo de nuestra parte, informado e iluminado por el Espíritu Santo y por los principios de la Palabra de Dios.

ADOPTANDO EL LLAMADO

Todo esto nos lleva a una importante conclusión: Dios espera que la Iglesia hispana en Estados Unidos abrace conscientemente su llamado redentor, y que proceda con lucidez y deliberación a desarrollar una visión específica del terreno ministerial que tiene por delante. El don espiritual que Dios ha puesto sobre la Iglesia no debe excluir la sobria reflexión o el estudio cuidadoso de la realidad que la rodea, a fin de que pueda ejercer su llamado con un máximo de efectividad.

A continuación, exploraremos algunos de los elementos que se requieren para hacer posible la plena realización de ese llamado redentor que hemos recibido como comunidad nacional de fe. Examinaremos cuáles son algunas de las medidas y posturas que debe adoptar la Iglesia hispana, a fin de ejercer plenamente la noble tarea que Dios le ha asignado.

Habacuc 2:2 declara: “Escribe la visión y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella”. Dios es un Dios de visión. Antes que las cosas sucedan, él las concibe con precisión, y luego las declara para que se conviertan en realidad. Dios tiene su propio “libro”, en el cual escribe minuciosamente los esquemas que ha de realizar, para luego darles vida por medio de la palabra que sale de su boca. Su diseño de nuestros cuerpos, por ejemplo, procede conforme a una visión previamente establecida. El salmista David lo describe de esta manera: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal 139:16). El maravilloso relato de la creación del mundo en Génesis 1 nos permite ver un Dios que evidentemente crea con orden y propósito, siguiendo una secuencia orgánica, y procediendo en forma lógica y coherente.

La idea de un Dios que creó con orden y diseño el universo le ha permitido a la ciencia de Occidente, en sus orígenes profundamente compenetrada con la cosmovisión cristiana, alcanzar niveles de efectividad no vistos en ninguna otra cultura en la historia. En su libro, El alma de la ciencia: La fe cristiana y la filosofía natural, la escritora Nancy Pearcey declara:

La fe cristiana en muchas maneras inspiró el nacimiento de la ciencia moderna. Los historiadores de la ciencia han desarrollado un nuevo respeto por la Edad Media, incluyendo un respeto renovado por la cosmovisión cristiana cultural e intelectualmente prevalente durante ese período. Actualmente, una amplia gama de eruditos reconoce que el cristianismo proveyó tanto las presuposiciones intelectuales como el respaldo moral para el desarrollo de la ciencia moderna. (p. 18)

Esa imagen que nos provee la Biblia de un Dios que diseñó el universo en una forma intencional y planificada, según muchos historiadores de las ciencias, contribuyó poderosamente al desarrollo del método científico en Occidente, y animó a la ciencia occidental a indagar sistemáticamente en la naturaleza, a fin de extraer las leyes específicas que Dios inscribió en ella durante el proceso de la creación. La seguridad de encontrar diseño en un universo creado por un Ser inteligente y benévolo, según lo describe la Biblia, ha sido un principio orientador que le ha permitido a la ciencia de Occidente alcanzar un nivel de desarrollo sin precedentes en la historia de la humanidad.

El Salmo 104, por ejemplo, nos presenta una creación elaborada minuciosamente por Dios, todo hecho con propósito, con términos y funciones claramente establecidos. En los versículos cinco al nueve, por ejemplo, el salmista revela interesantes conocimientos geológicos, y los expresa en forma poética:

El fundó la tierra sobre sus cimientos;

No será jamás removida.

Con el abismo, como con vestido, la cubriste;

Sobre los montes estaban las aguas.

A tu reprensión huyeron;

Al sonido de tu trueno se apresuraron.

Subieron los montes, descendieron los valles,

Al lugar que tú les fundaste.

Les pusiste término, el cual no traspasarán,

Ni volverán a cubrir la tierra

En el versículo 24, el salmista exclama: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios”.

UNA IGLESIA CON VISIÓN DEFINIDA

Ese Dios intencional y sistémico en sus actos creativos espera que su Iglesia proceda en la misma manera cuando esta se lanza a sojuzgar y ordenar la realidad que habita. El establecimiento de una visión coherente y bien definida, fruto de un proceso de reflexión y oración previo, honra el Espíritu de Dios, y constituye un acto eminentemente profético. Si la Iglesia hispana en Estados Unidos va a tener éxito en responder a las complejas necesidades de nuestra comunidad, requerirá una visión claramente definida, un mapa claro del territorio ministerial que ha de atravesar. La planificación estratégica, el espiar la tierra antes de poseerla, no obstaculiza en nada el mover del Espíritu. Todo lo contrario: ¡Le provee una poderosa plataforma para actuar con sabiduría!

En el pasaje de Marcos 6 que analizamos previamente, cuando Jesús se prepara para multiplicar los panes y los peces, el evangelista señala que “les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta” (Mr 6:39;40). En otras palabras, el mover poderoso de Dios requería de una estructura organizativa que permitiera la distribución ordenada de los bienes provistos a tan grande multitud. Sólo después que la gente había sido organizada apropiadamente procedió el Señor a multiplicar los alimentos.

De igual manera, para que la provisión de Dios pueda correr libremente hacia y a través de nuestra comunidad en este país, se requerirá de una Iglesia y un liderazgo capaz de pensar sistémicamente. Entre otras cosas, será necesario diagnosticar cuáles son las necesidades principales de nuestro pueblo, dónde se encuentran los recursos materiales y humanos necesarios para satisfacerlas, cómo desarrollarlos, y cuál es la manera más efectiva de distribuir esos recursos. Esa forma disciplinada de proceder no excluye la dimensión espiritual, ni subestima su importancia. Todo ese proceso de reflexión y planificación, evidentemente, deberá estar saturado de oración, y marcado por una absoluta dependencia del poder y la sabiduría de Dios.

El simple hecho de que la Iglesia hispana comprenda cabalmente e internalice el llamado ambicioso y abarcador que Dios tiene para ella, según lo hemos definido, representaría un gran paso hacia delante en su proceso de crecimiento. El abrazar conscientemente esa visión pormenorizada y entender la magnitud del reto que la Iglesia tiene por delante le serviría de inspiración, y la ayudaría en las metas que tiene que alcanzar. Además, la ayudaría a entender en qué consiste la metodología que tiene que emplear para moverse efectivamente en el desarrollo de su misión.

El nombrar la visión, y escribirla “para que corra el que leyere en ella”, es absolutamente esencial si la Iglesia hispana ha de alcanzar el destino que Dios tiene para ella. Pormenorizar los elementos de esa visión para una Iglesia nacional está más allá del alcance de este libro. Requeriría un trato aparte. Aquí sólo señalamos que se requiere una especie de “Manifiesto para la Iglesia Hispana en Estados Unidos” que acometa la tarea de proveer claros lineamientos para guiar el desempeño del ministerio hispano en esta nación. La Iglesia hispana necesita despertarse a la magnitud de su sublime llamado, definirlo y codificarlo, y proceder con fe y visión a desarrollarlo bajo la unción del Espíritu Santo.

Comentarios

 
 

como yo hago para ejerces los dones y los ministerio y como decubro mi dones

 
 

Me gusta mucho su visión y el excelente material que presentan para los diferentes ministerios, estoy usando su magnifico material de discipulado y la verdad es que no tiene desperdicios, y está fielmente alineado a la Palabra de Dios. Me gustaría mucho que Dios estableciera una iglesia hija de ustedes en Santo Domingo, Distrito Nacional, en donde resido, no porque no haya iglesias cristianas verdaderas aquí, sino porque siento en mi corazón ese deseo. Les pido oración por mi llamado y familia, porque entiendo que es el tiempo de que se cumpla, conforme a la divina voluntad de Dios. Gracias por su ayuda, sean bendecidos abundantemente.

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