Una visión del León de Judá

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 14 - [8 de marzo 2009] Durante ese tiempo de intenso crecimiento y búsqueda espiritual, Dios usó un sueño para emitirme un llamado a abandonar la cómoda situación en que nos encontrábamos en Cambridge y mudar nuestra iglesia a uno de los peores vecindarios de Boston para establecer allí nuestro ministerio. En ese sueño yo vi los rascacielos de Boston cubiertos por una densa nube de inmensas arañas venenosas. Entendía en el sueño que se trataba de seres demoníacos, evidentemente inteligentes y malignos, ejerciendo su oscura influencia desde los aires sobre la ciudad. Estaban llenos de veneno, tanto así que su piel estaba brillosa y tensa. De momento, muy por encima de estos siniestros seres, pude ver el rostro plano de un león, mirando hacia abajo desde el firmamento, en dirección hacia las arañas. Sus ojos eran muy humanos y benévolos, confiados y llenos de autoridad. Con su mirada ejercía dominio sobre esas huestes demoníacas, y parecía decir, “Yo estoy en control”. Desde mi posición sobre la tierra, yo apunté hacia el león y declaré tres veces: “Tú eres el Señor”.

Ahí terminó mi sueño. Por la mañana me desperté con la profunda sensación de que había sido visitado por una revelación divina. Entendía claramente que el león que había visto en el sueño vigilando sobre la ciudad era el León de Judá, del cual habla el libro de Apocalipsis (“Y uno de los ancianos me dijo: ‘No llores’. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”; Ap 5:5). No podía explicarlo, pero entendía que Dios nos estaba llamando a mover nuestra congregación desde la tranquila y distinguida comunidad de Cambridge hacia el otro lado del río Charles en Boston, y comenzar allí un ministerio eminentemente urbano, para alcanzar un sector de la comunidad hispana, pobre y aislado, que jamás se movería desde sus vecindarios para llegar hasta nuestra iglesia en su elegante ubicación actual.

Después de varios meses de búsqueda de un lugar apropiado para mudarnos, fui guiado hasta un almacén de varios pisos en desuso en el mismo centro de la ciudad. Se trataba de uno de esos vecindarios en proceso de decadencia que abundan en las grandes ciudades de Estados Unidos, con muchos solares vacíos y edificios abandonados. Ese sector de la ciudad había tenido su época de prosperidad, pero en años anteriores había experimentado un penoso deterioro. Las familias de clase media que lo habían poblado anteriormente habían emigrado hacia los suburbios, dejando en su lugar una masa de gente pobre y abrumada con todo tipo de problemas y necesidades sociales. La tasa de crimen en el área era muy alta, y el ambiente alrededor era desagradable y amenazante. En muchas partes del vecindario había solares vacíos debido a edificios que habían sido demolidos por su alto estado de deterioro. Gracias a Dios, mi congregación había sido preparada y fortalecida durante ese período de crecimiento espiritual anterior, y me respaldaron en el propósito de obedecer la voz de Dios y establecernos en el centro de la ciudad.

Interesantemente, durante la segunda o tercera visita al edificio, mientras considerábamos si lo compraríamos o no, se me ocurrió pararme frente a él y mirarlo detenidamente. Para mi asombro, incrustada en la fachada sobre una de las puertas de entrada, en alto relieve, estaba la escultura del rostro de un león rugiente, su expresión feroz no dejando espacio para ninguna duda de que él estaba en absoluto control. Para entonces, yo había hablado con la congregación y le había compartido que el Señor nos estaba dirigiendo a cambiar el nombre de nuestra iglesia de Iglesia Bautista Central a Congregación León de Judá el día que nos mudáramos a Boston. El descubrimiento de ese poderoso león, haciendo guardia a la entrada del edificio que pensábamos comprar, fue una clara confirmación de parte del Señor de que íbamos en la dirección correcta.

MISERICORDIA Y VERDAD

En ocasiones, mirando la feroz expresión del león, con sus amenazantes colmillos en evidencia, me he preguntado brevemente si no sería mejor quitarlo y reemplazarlo con algo más invitador y amistoso. Después de todo, he pensado a veces, se supone que una iglesia proyecte al público amor y hospitalidad, no ferocidad y violencia. Sin embargo, una y otra vez he sentido la voz del Espíritu confirmarme que la voluntad de Dios es que ese símbolo incómodo permanezca ahí como representación del espíritu y llamado específicos que Dios le ha impartido a nuestra iglesia.

Es importante recordar que, como hemos señalado anteriormente, hay una dimensión de guerra y violencia que se aplica al Reino de los cielos. La obra de Jesús se da en directa oposición al reino de las tinieblas. Satanás sólo sabe matar, robar y destruir, pero Cristo ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia. Esa contradicción esencial da lugar a una situación conflictiva que sólo puede ser resuelta por medio de un choque de poderes.

EL LADO SINIESTRO DE JESÚS

El mismo Jesús posee una dimensión agresiva y siniestra que muchas veces no nos gusta enfocar en nuestro deseo de pintarlo exclusivamente en su dimensión amorosa y reconciliadora. La visión de Jesús que tiene el apóstol Juan en Apocalipsis 1:14-17 es la de un personaje terrible y amenazante, tanto así que se desmaya y tiene que ser fortalecido por el mismo Señor. Más adelante, en Apocalipsis 19: 13-16, se nos presenta una encarnación aun más terrible del Hijo de Dios:

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS…De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

El mismo Jesús añade, de forma misteriosa, en Mateo 10:34: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido a poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa”. Estas palabras a lo mínimo hacen mucho más complicada esa visión simplista de Jesús como un mero reconciliador.

En una época donde como nunca al diablo se le ha permitido poder para hacer grandes estragos sobre el escenario humano, la Iglesia de Jesucristo requiere la capacidad opcional de moverse en una modalidad de guerra. Esa guerra no es contra los seres humanos que están engañados y cegados por el diablo, pero ciertamente lo es contra esos poderes demoníacos que pretenden ejercer un control ilegítimo sobre la tierra. Por eso, la iglesia que quiera tener un impacto profundo y transformador sobre su entorno social por fuerza deberá familiarizarse con las leyes y misterios que atañen a la guerra espiritual.

Por medio del uso apropiado de esas armas espirituales, una iglesia puede ser protegida de los ataques desestabilizadores del enemigo, así como neutralizar la resistencia de los poderes de las tinieblas contra sus esfuerzos por librar a las almas del cautiverio espiritual. La imagen de Jesús como el León de Judá, ferozmente comprometido a deshacer las huestes del diablo y establecer su señorío sobre las naciones que pretenden resistir su autoridad, cobrará cada vez más vigencia mientras más avance el reloj apocalíptico de Dios.

UNA IGLESIA APOSTÓLICA

Una humanidad empedernida, cautivada y cegada por los poderes de las tinieblas, y un reino demoníaco, envalentonado por sus avances significativos en el terreno humano, requerirán una Iglesia apostólica, llena de la autoridad y el poder de Dios, capaz de declarar la verdad del Reino sin temor ni ambigüedad. La imagen del León de Judá encarna, precisamente, esa dimensión del señorío, poder, y autoridad irresistible de Jesús que debe ser proclamada por la Iglesia en este tiempo. Esa Iglesia apostólica que requieren los tiempos en que vivimos tendrá que saber manejar con destreza esa tensión persistente que vemos en el evangelio entre la confrontación y la reconciliación, el juicio y la misericordia, la verdad y la compasión.

El Salmo 85:10-12 declara: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien, y nuestra tierra dará su fruto”. Es, precisamente, esa mezcla compleja e incómoda de misericordia y verdad, de justicia y paz, la que requiere la proclamación del Evangelio en nuestro tiempo para que se pueda dar la sanidad de las naciones. Para que Jehová pueda “dar el bien y la tierra dé su fruto”, la verdad confrontadora de Dios primero tiene que ser anunciada y establecida. Esa verdad cáustica del Reino es la única que liberta. Cristo ha declarado: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:32). Las comunidades de nuestras ciudades no podrán ser libertadas de las tinieblas sobre una plataforma de pecado, injusticia y falsedad espiritual. Tampoco prosperarán bajo una predicación acomodaticia, temerosa de proclamar el mensaje que confronta, pero que también liberta.

La Iglesia apostólica del siglo veintiuno requiere una mentalidad de león para poder anunciar la justicia de Dios a nuestras sociedades profundamente caídas. Como los fariseos cuando oyeron a Jesús declarar estas palabras, mucha gente en nuestro tiempo reaccionará violentamente y aun querrán matar al portador de esa verdad incómoda. Pero si verdaderamente amamos a esa humanidad perdida por la cual Cristo murió nos armaremos del valor del León de Judá, proclamaremos la verdad escueta de Dios, y estaremos dispuestos a soportar la ira de algunos para que muchos puedan ser librados de las garras del diablo. Sólo reteniendo esa complejidad elusiva que vemos en la persona misma de Jesús, manejando simultáneamente la espada de la verdad y el ungüento de la compasión, podrá la iglesia contemporánea dirigirse efectivamente a los retos ministeriales que plantea la sociedad en el siglo veintiuno.

Comentarios

 
 

ESPERANDO QUE DIOS LE BENDIGA HERMANO DESDE SAN ANTONIO
NOSOTROS TAMBIEN CREEMOS QUE DIOS USO ESE SUENO PARA QUE UD
CAMBIARA SU LUGAR,
ESPERANDO QUE DIOS LE SIGA PROSPERANDO,
NOSOTROS SOMOS UN GRUPITO EN SAN ANTONIO,
NOS REUNIMOS AHORITA DOS VECES A LA SEMANA
Y ESTAMOS BUSCANDO UN LUGARCITO PARA
SEGUIR ADELANTE,
DIOS LE BENDIGA
FAMILIA DELAHUNT

 
 

los saludo hermanos que las mas ricas bendiciones del dios todopoderoso sigan prosperando sus ministerios y vidas.
me parece que DIOS en este tiempo esta buscando hombres y mujeres dispuestos a escuchar su voz y a no callar reciba el apoyo en oracion por su ministerio de nuestra pequeña iglesia tambien ubicada en un barrio humilde y de muy pocos recursos en el cual nos cuesta cada dia poder brindar no solamente el mensaje sino tambien llegarnos con alimentos,ropa, algun medicamento etc lo felicito pastor y que todo lo que pida a DIOS el se lo conceda creo en una iglesia totalmente social que CRISTO nos enseño.somos de la ciudad de pilar en la provincia de cordoba argentina.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato