El rol estratégico de la iglesia hispana

A propósito de Iglesia del Siglo 21

Parte 2 - [14 de diciembre 2008] La Iglesia hispana en Estados Unidos tiene el potencial de jugar un papel determinante en el nivel de vida que alcance nuestra comunidad en el futuro. Podemos influenciar poderosamente el destino y desempeño de nuestros jóvenes, la salud de la familia hispana, nuestro progreso económico, la salud moral y espiritual de nuestro pueblo, los valores que informen sus decisiones políticas y sociales, así como toda una gama de otros importantes elementos que determinarán el destino total de nuestra comunidad.

En este momento, la comunidad latina no tiene ningún otro recurso moral o político que pueda hablarle con autoridad a lo largo de todas las culturas, nacionalidades y etnicidades que la componen. Es posible afirmar que actualmente, aparte de la Iglesia hispana, la comunidad latina carece de un liderazgo adecuado al nivel nacional, con la capacidad para representarla y guiarla en este momento crucial de su desarrollo, en que va adquiriendo cada vez más poder político y social y a la misma vez encara serios retos con respecto a su salud colectiva.

Más interesante aun, es posible afirmar que el llamado redentor de la Iglesia hispana en este país se extiende no sólo hacia la comunidad latina misma, sino también hacia toda la sociedad norteamericana. Como veremos en detalle más adelante, la creciente influencia cultural, política y espiritual de la comunidad hispana puede ser un elemento de considerable importancia en ese fundamental debate interno de la sociedad norteamericana, la cual está posicionada indecisamente entre una visión sacralizada y cristiana del mundo, y otra secular y humanista. Esa posible influencia de la comunidad latina sobre la cultura norteamericana en general podría ser extremadamente benévola, ayudando a detener el creciente deterioro espiritual y moral de esta nación, y contribuyendo a reorientarla hacia sus orígenes espirituales.

INFLUENCIA POTENCIAL DEL PUEBLO HISPANO

Esa sensibilidad esencialmente cristiana que traen consigo los hispanos a la sociedad norteamericana tiene el potencial de fortalecerla significativamente en sus fundamentos judeo-cristianos, y de inclinar la balanza decisivamente hacia el lado de la fe cristiana ortodoxa. Los valores morales de la comunidad hispana todavía se inclinan generalmente hacia el lado tradicional. Su concepción de la familia y la sexualidad, por ejemplo, todavía responde a los patrones básicos de la fe cristiana.

Tanto en el lado católico como en el evangélico, los hispanos todavía miran hacia sus autoridades eclesiásticas para obtener sus directrices morales, políticas y espirituales. Esa actitud podría ir cambiando en el futuro según las influencias culturales de esta sociedad secularizada y sospechosa hacia la religión institucionalizada se fueran dejando sentir en nuestra comunidad. Por el momento, sin embargo, la balanza todavía se inclina hacia un profundo respeto por las autoridades eclesiásticas.

Es posible afirmar que el potencial de la comunidad hispana para irse integrando saludablemente a la sociedad en general en este país es muy alto. Nuestro pueblo hispano no carga las heridas emocionales y los traumas históricos que arrastra la comunidad afro-americana, por ejemplo, lo cual hace muy conflictiva y problemática la relación de esta con la sociedad mayoritaria. Racialmente, nuestro pueblo hispano lleva en su sangre y refleja físicamente una mezcla de razas—África; Asia, por medio del pasado mezo-americano; Europa y hasta el Medio Oriente, si tomamos en cuenta la profunda influencia de la cultura árabe sobre nuestro pasado español. Esto le imparte al pueblo hispano una sensibilidad universal, una cierta facilidad para comunicarse cómodamente con una amplia gama de culturas y razas como las que se encuentran en este país (Intelectuales mexicanos a principios del siglo veinte, incluyendo el filósofo José Vasconcelos, popularizaron esta noción de una “raza cósmica” que incorpora en sí la sensibilidad y los mejores atributos de todas las razas del mundo).

Todo esto hace más fácil el establecimiento futuro de relaciones armoniosas, y la potencial integración del pueblo hispano a la cultura mayoritaria en este país. Esto también facilita, por otra parte, la posibilidad de que la cultura hispana, con sus valores morales y espirituales pueda ejercer una importante influencia sobre esa cultura mayoritaria. Después de todo, no se trata de que la cultura latina desaparezca o se funda indistintamente con la cultura predominante, sino que se dé un proceso de aprendizaje y fertilización mutuos entre ambas.

Si nuestra comunidad logra con el tiempo superar los retos económicos y educativos que la afligen; si llega a ser capaz de participar plenamente en los procesos políticos y sociales de este país; si, además, logra retener y fortalecer sus sanos valores espirituales con la ayuda de una Iglesia nacional íntima y sabiamente involucrada en los diversos aspectos de su vida colectiva, entonces el pueblo latino en este país podrá expresar toda su creatividad innata, y el llamado redentor que Dios tiene para él podrá manifestarse plenamente.

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