Sermón 27 de noviembre 2005 : Jueces 7:7

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: November 27, 2005
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Vamos directamente al Libro de Jueces, Capítulo 7 y vamos a ver que esta palabra fluye en mucha afinidad con lo que el pastor Basil estaba hablando y es precisamente la palabra del Señor para nosotros en esta mañana.

Capítulo 7. Vamos a los versículos 7 en adelante. ¿saben qué, hermanos? Lo voy a leer en inglés para beneficio de lo que vamos a hacer en la radio y ustedes por favor cojan sus Biblias, y yo se que todos traen Biblias aquí, en esta congregación, así que usted la puede leer, Capítulo 7 versículo 9 al 23.

Es una palabra maravillosa para nosotros y nosotros sabemos que en la Escritura muchas de estas intervenciones de Dios han sido puestas allí porque Dios quiere enseñarnos cómo El obra en momentos de prueba. Al Señor le encanta cuando nos encontramos con más enemigos de los que podemos lidiar, que parece que todo está en contra de nosotros, parece que vamos a ser derrotados, no hay esperanza, no hay forma de salir, estamos rodeados. Esos son los momentos en que Dios le encanta aparecerse y mostrar que El todavía está presente, que no está dormido. Amen.

El Señor quiere que nosotros observemos las páginas de la Biblia y que saquemos los principios espirituales que están encerrados en estos textos y que los pongamos en práctica también en situaciones de prueba en nuestras propias vidas. Yo quiero aplicar específicamente este texto de Gedeón al tiempo que está viviendo la iglesia de Jesucristo en América y en todo el mundo occidental.

La iglesia hoy, en América, en Canadá, en Europa, en Australia, es una iglesia debilitada, es una iglesia que se siente rodeada, se siente .... ha perdido su reputación. Ha perdido relevancia, no es respetada, al contrario, muchas veces es vista con antagonismo y en una manera poco popular. Hace años aquí en EEUU cuando se hacían encuestas de los profesionales de mayor prestigio, siempre los pastores salían en primer lugar. Ya ese no es el hecho, estamos por ahí con los abogados, con los vendedores de carros, y con mucha gente a los cuales la gente les tiene sospecha, porque la iglesia ha perdido mucho de su poder, ha perdido mucho de su influencia.

En América lo que tenemos más bien es una iglesia que como en el Libro de los Jueces está a la merced del enemigo, rodeada por el enemigo, mucho más numeroso que ella, la agenda de la iglesia está siendo dictada por el enemigo, Satanás echa fuegos por todas partes y nosotros vamos allí como bomberos a apagarlos, y cuando terminamos ese él prende otro en otro lugar y mantiene a la iglesia distraída para que no prosiga con la agenda proactiva, sistemática, coherente, que Dios quiere que ella persiga.

Cuando el ángel se acerca a Gedeón, Gedeón lo único que puede responder es con una palabra de desmoralización: ¿Quién soy yo? Yo no soy nadie, y si Dios está con nosotros por qué nos están pasando todas estas cosas. Yo no puedo hacerlo. Era un símbolo precisamente de lo que pasaba. Y sin embargo, Dios usó a Gedeón, Dios llama a Gedeón y lo que hemos hecho en este texto es mirar ya después de una serie de dinámicas el momento en que la batalla se va a confrontar, y podemos ver que en la estrategia que Gedeón sigue en ese momento de la batalla, del encuentro con el enemigo, hay unos principios que la iglesia debe usar en este tiempo donde ya Dios está listo para entrar en batalla directa con el enemigo.

Nosotros estamos en la posición ahora mismo de ir hacia el enemigo, Dios está definiendo al enemigo, y Dios está definiendo también a las personas que van a pelear en favor y en contra de El. Dios está usando todo esto del matrimonio homosexual, toda esta cosa. No es que estamos obsesionados con esto. Yo entiendo muy bien que la homosexualidad y el matrimonio homosexual es solamente una gotita en el cubo de Dios. Eso no es nada, pero Dios está usando estas cosas para que haya definición, para que la batalla pueda definirse, para que el enemigo se defina, para que todos tomen lugar, lados y para que entonces la batalla pueda definirse.

Estas son cosas que tienen que definirse, tenemos que definir quién creemos que es Dios, la palabra de Dios, la sexualidad humana, el matrimonio, quién diseñó el universo, y si la palabra de Dios es algo simplemente para un momento hace 2000 años o si es también relevante para el siglo XXI. Y yo creo que hay 5 cosas, rápidamente, específicamente que Gedeón, vemos aquí en la estrategia. La voy a señalar lo más pronto posible.

Un principio es el principio de simplemente entrar en la batalla, confrontación. La confrontación es importante en la batalla.

El segundo principio es unción.

El tercer principio: discernimiento profético.

Entonces tenemos, confrontación, unción, discernimiento profético.

El cuarto elemento es la visibilidad de la iglesia.

El último principio es proclamación.

El primer principio que tenemos es el principio de la confrontación. El enemigo necesitaba ser confrontado, ya todo estaba preparado, había que ir hacia el enemigo. El enemigo va a asumir diferentes formas a través de la historia y de las culturas y el pueblo de Dios es llamado en cada cultura, en cada tiempo, a identificar al enemigo, definirlo y atacarlo. La iglesia necesita confrontar el racionalismo, la apostasía, la rebeldía espiritual, el secularismo, la licencia y el desenfreno sexual, el orgullo espiritual, la resistencia a la palabra de Dios, el escepticismo acerca de los valores que Dios ha declarado. Esos son los enemigos, los principados, las potestades, las fortalezas que la iglesia de Jesucristo confronta en esta nación, en este estado y en esta ciudad. Tenemos, como David, que identificar al gigante y confrontarlo.

El enemigo ha usado el temor para tirar un ropaje de miedo y de conservatismo y de timidez sobre la iglesia y nosotros hemos absorbido sus acusaciones de que odiamos, de que nos sentimos mejores que los demás, de que somos homo fóbicos, de que estamos politizando la iglesia, y de que estamos dañando la atmósfera en las iglesias, y los pastores y las iglesias hemos absorbido ese mensaje de temor y las iglesias se han caído en un sopor, en un sueño ilusorio donde escuchan las voces del diablo, y lo ven haciendo cosas pero no tienen el poder para levantarse y confrontarlo.

El Señor le dijo a Gedeón: Ve, confronta, destruye el ídolo de Aserah y Gedeón trató de hacerlo en la noche para no causar mucha consternación y mucho conflicto pero por la mañana supo que era él, porque a Dios le gusta que sus líderes se definan, que aclaren las cosas.

La iglesia tiene que confrontar al enemigo, la iglesia tiene, y no tenemos que hacerlo en una forma odiosa o como que somos mejores que nadie, o con superioridad, lo hacemos en el amor de Jesucristo que para mí es una de las personas más confrontadoras que yo veo en toda la Escritura.

El amor es feroz, en defender la vida. El amor no permite que el diablo haga lo que quiera en nombre de la supuesta unidad y del amor. El enemigo necesita ser confrontado.

Lo segundo es la unción. Cuando Gedeón es confrontado por el ángel y Gedeón da una respuesta tímida y pusilánime, el ángel lo mira a los ojos y dice: ve, con esta fuerza que tu tienes.

La iglesia no puede confrontar al enemigo en el espíritu simplemente del hombre, no es en la fuerza del hombre, no es en las técnicas humanas, no es en los grandes recursos humanos que tengamos, no es en dinero, no es en los Phd, o los Ddd, es de los ministros, no en el pedigrí educativo que tengamos, no es en lo educado de nuestra gente, no es en las técnicas administrativas que tengamos o la técnica de liderazgo. Todas esas cosas son buenas, yo abogo por ellas pero tiene que haber una unción espiritual, el poder de Dios tiene que estar en nuestras iglesias y en nuestras vidas.

Por eso es que cuando Gedeón recibe ese poder, recibe con ese poder el espíritu de la convocación, la gente viene alrededor de él, y se unen porque tiene la unción de Dios. El muchacho tímido, ese que responde con timidez, ahora toca la trompeta y el poder de Dios hace que todo el mundo venga a su alrededor, porque se necesita la unción del espíritu santo.

Necesitamos la unción de Dios para poder movernos contra el enemigo. Esa unción se encuentra en la oración, la consagración de nuestra vida, el permanecer en la palabra, el servir al Señor, la creciente santidad en nuestra vida, en buscar la unción, los dones del espíritu santo.

La tercera cosa que Gedeón vemos aquí es el discernimiento profético. Gedeón constantemente se comunicaba con Dios. La iglesia tiene que discernir proféticamente el espíritu de Dios. Vemos a Gedeón continuamente recibiendo instrucción, y Dios le dice: ve al campamento, escucha lo que están diciendo allá, escucha ese sueño que yo voy a infundirle a una persona para que tu veas que ya la batalla está hecha. Ya yo la he ganado, y que tu recibas ánimo para seguir adelante.

Hermanos, cuando una fluye en la palabra de Dios, que Dios quiere derramar sobre nosotros a diario, nuestras luchas las vamos a pelear mucho mejor porque podremos fluir en la estrategia específica que Dios quiere dar. Dios siempre quiere darte estrategia sobre las cosas en tu vida. Dios siempre quiere hablarte y darte información.

La iglesia para poder pelear la guerra en el siglo XXI, donde el hombre ha sido tan penetrado por toda la sofisticación del racionalismo, el secularismo, donde las mentes de los niños y de los adolescentes y los jóvenes está tan penetrada de secularismo y de toda la porquería que el diablo ha metido a través de todos los recursos tremendos que él tiene, la iglesia necesita una palabra profética de Dios.

Nosotros necesitamos recibir la vida de Dios que viene cuando escuchamos de Dios, cuando Dios nos da estrategias. Por eso necesitamos fluir en el discernimiento profético de Dios.

La iglesia necesita ponerse en una posición de visibilidad en esta ciudad y en esta nación. Gedeón se puso en posiciones, él y sus hombres, donde el enemigo lo pudiera escuchar y ver cuando llegara el momento de la confrontación. Tenemos que usar lo que recibimos aquí para ir allá, a la calle, y hacer lo que Dios quiere que hagamos en nuestras vidas. Si tu recibes aquí y saltas mucho y el moño se te cae, pero después regresas a tu casa y te olvidas de todo lo que pasó aquí, de nada sirve. Tu tienes que testificarle al mundo allá afuera. Tu tienes que vivir una vida de victoria, de autenticidad. El mundo tiene que ver a Cristo reflejado en ti y eso tiene que darse allá afuera, es allá donde se define verdaderamente si el poder de Dios está aquí o no.

Hace poco el alcalde de Boston con todo el respeto que le tenemos, y algunos oficiales de la ciudad, quisieron cambiar el nombre del árbol navideño que todos los años se expone aquí en la ciudad de Boston. En vez de llamarlo árbol de Christmas, que quiere decir de Navidad que tiene la palabra Cristo en ello, lo quisieron cambiar por simplemente árbol festivo, para que sea universal y que no ofenda a nadie, que no tenga ningún tipo de asociación cristiana. Gracias a Dios que algunos cristianos dijeron: “No vamos a permitir eso”, confrontaron a la ciudad, amenazaron a la ciudad con meterle una demanda y finalmente el alcalde se echó para atrás y todavía se llama un árbol navideño, como tiene que ser. Gloria de Dios.

Tenemos que hacerlo en las artes, tenemos que hacerlo en el gobierno, las leyes. Tenemos que hacerlo en el avivamiento trayéndolo a las iglesias. Tenemos que hacerlo en el mundo académico. Tenemos que hacerlo en el mundo de los servicios sociales. Tenemos que hacerlo en los hospitales. Tenemos que penetrar el mundo con la levadura del Evangelio y hacerlo visiblemente. La iglesia no va a ser empujada al mar, la iglesia va a mantenerse siempre a donde tiene que estar, en su posición de autoridad sobre las naciones.

Tenemos que usar las armas.... ¿cuáles son las armas que usó Gedeón para hacerse visible? Unos vasos de barro que cuando se quebraban hacía ruido. Imagínense 300 vasos quebrándose en el medio de la oscuridad y de momento 300 luces que se levantan así en medio de la oscuridad por todas partes, y gritos de 300 hombres que hacen creer que son muchos más que ellos. Todo eso era diseñado para crear una presencia visible que confundiera al enemigo. Siempre que Dios quiere hacer algo grande le dice a su pueblo: declaren, proclamen, griten. Así lo hizo con Jericó cuando los puso a correr 6 días y al séptimo día, griten duro y entonces los muros se caerán. Nuestro poder está en la proclamación del Evangelio, la proclamación de las verdades de Dios encerradas en su palabra.

Nosotros tenemos que aprender que no podemos sacar de nuestro servicio lo que no es popular, lo que no le gusta a los hermanos. Yo tengo un pacto feroz con mi Dios. Hermanos, yo prefiero quedarme solo. Yo espero que ustedes me voten antes de que así sea, si ustedes no lo quieren, pero yo prefiero hablar la palabra del Señor, no voy a sacar una sola palabra, un solo concepto, un solo principio aunque se escandalice quien se escandalice, porque yo se que si somos fieles a la palabra de Dios, Dios nos va a honrar a nosotros. Y si nuestra iglesia ha sido bendecida por Dios es porque hemos sido fieles a la palabra del Señor.

Quizás no lograremos ciento por ciento pero tenemos que probar, tratar por lo menos de ser fieles a la palabra del Señor. El Evangelio predicado en todo su poder es escandaloso.

Tenemos que confrontar al enemigo. Tenemos que ser ungidos. Tenemos que fluir en la palabra profética. Tenemos que ser visibles. Tenemos que proclamar el Evangelio completo del Señor. ¡Aleluya!.

¿Cuántos quieren hacer un pacto ahora mismo para que así sea? Pónganse de pie.

Hacemos un pacto contigo Señor en esta mañana, de fluir en esa revelación tuya. Recibimos, recibimos tu unción. Padre, llena tu pueblo.

Renuévanos, Señor. Renueva tu poder en nosotros, Padre. Queremos más, queremos más de ti. Queremos más de tu gloria Señor. Queremos más de tu poder, Padre. Queremos más de tu espíritu, Padre. Te adoramos, te bendecimos. Dale gloria al Señor.

Si, Señor. Te adoramos, te bendecimos, oh Dios. Vamos a adorar al Señor. Gloria a Dios. ¡Aleluya! Un grito para el Señor de alabanza. ¡Aleluya! Te adoramos, Jesús. Te adoramos, Jesús. Tu eres el Señor. ¡Aleluya! Tu eres el gran Dios hoy, el todopoderoso, el rey de reyes, el Señor de Señores. Todavía tu nombre se oirá, Padre, mencionado en las naciones.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado noviembre 27 de 2005 en Congregación León de Judá (53 min.) Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

Más presentaciones grabados domingo 27 de noviembre 2005:
Oir y ver primer servicio
Oir y ver segundo servicio

Comentarios

 
 

Amén, hermano! (de un católico)

 
 

MUY BUENO......DIOS LE BENDIGA...=)

 
 

quiesiera estudiar más sobre este tema

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