Una Cita con Cristo : Una Vida con Gracia (Lucas 6:27) Parte 4

 

Mis amados hermanos, que el Señor les bendiga. Para los que se unen a nuestro programa recientemente, estamos discutiendo la actitud de gracia. Este pasaje que encontramos en el Evangelio según San Lucas, capítulo 6, comenzando con el versículo 27 en adelante. Este pasaje se caracteriza por las primeras palabras que salen de la boca de nuestro Señor.

Dice: “... amad a vuestros enemigos, haced bien a los que los aborrecen, bendecid a los que os maldicen”. Más adelante en otras palabras que no hemos leído hasta aquí el Señor Jesucristo dice: “... porque si amáis a los que os aman, qué méritos tenéis, porque también los pecadores aman a los que los aman, y si hacéis bien a los que os hacen bien, qué méritos tenéis, porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. Amad, pues a vuestros enemigos y haced bien y prestad no esperando de ello nada y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo porque El es benigno para con los ingratos y malos. Sed pues misericordiosos como también vuestro padre es misericordioso”

Ven ustedes en estos siguientes versículos que acabamos de leer, el Señor Jesús desarrolla más detalladamente lo que El acaba de expresar en esta forma apretada cuando dice “....: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que los aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnien”.

El Señor está contrastando la forma natural de vivir con la forma divina de vivir. Decíamos en nuestra última meditación que una de las razones por la cual se hace tan difícil a la gente entrar, y aún para los cristianos, entrar en este tipo de vida, en este estilo de comportamiento, es porque en realidad contradice a la forma natural del hombre comportarse.

El hombre biológico, carnal, animal, natural se comporta en una forma de siempre buscar el interés personal, siempre proceder conforme al principio de la supervivencia y la gratificación del yo, y de buscar aquellas cosas que resultan ventajosas para nuestra persona. Pero Dios nos pide que nos incomodemos y que escojamos vivir en un plano mucho más alto, el plano en que Dios vive, donde Dios se incomoda, inclusive por aquellos que no merecen tal conducta.

Por eso la Biblia dice que “de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna”. Dios dio a su hijo Jesucristo y se incomodó en un sentido. La Biblia dice que Jesucristo dejó su riqueza, que siendo rico se hizo pobre, siendo Dios se hizo hombre, siendo inmortal se hizo mortal muriendo en una cruz. Siendo perfectamente puro se hizo pecador en el sentido que asumió los pecados de la humanidad por nosotros, para que nosotros fuéramos salvos.

Esa es la esencia de la gracia de Dios. Esa es la forma en que Dios obra y Dios nos llama a estar a esa altura y contrasta ese tipo de comportamiento divino con el comportamiento de la gente común y corriente.

Dice: si ustedes aman a los que los aman, qué gran mérito tiene eso porque así también los pecadores hacen. La gente común y corriente ama a los que les aman, a los que te tratan bien tu los tratas bien, a los que te hacen bien y tienen buenas atenciones contigo, tu también tienes atenciones con ellos, a los que te dan un regalo en tu cumpleaños, tu el próximo año les regalas a ellos cuando ellos cumplen años, al que te invita a su casa a comer, tu lo invitas a tu casa. Ese es el tipo de relación que los seres humanos tienen. La persona que crees que puede representar alguna ventaja para ti, tu quieres ser amigo de ella. Hay gente que escoge las iglesias determinando qué tipo de personas asisten a ella; si hay gente de negocios, si hay gente próspera porque de esa manera pueden hacer relaciones que le resulten ventajosas en sus negocios y en otras diligencias de la vida. Aún allí podemos corromper la ética de Dios buscando ventaja.

Buscamos a la gente que se parece a nosotros, que son iguales a nosotros. Tratamos de pasar el tiempo social con aquellos que pueden hacernos a nosotros cómodos. Raramente buscamos bendecir a aquellos que en alguna forma no representan alguna ventaja para nosotros.

A quién invitamos nosotros durante tiempos navideños y de fiestas durante el año? No es a aquellos que son divertidos, que hacen chistes, que son el alma de la fiesta, que tocan un instrumento o que son conversadores. Nunca invitamos a la persona solitaria, a la persona torpe en hablar, a la persona tímida, el soltero, a la persona que no tiene necesariamente un sentido del humor sofisticado, sino que buscamos a aquellos que pueden embellecer nuestra reunión, nuestra fiesta; hacer que los demás pasen un tiempo feliz de tal manera que el éxito de la fiesta se refleje sobre nosotros y la gente diga “Guau, qué buenos anfitriones!” Siempre buscamos a los que ya están logrados.

Cuántos de nosotros pasamos tiempo buscando a aquellos que todavía no han llegado a expresar toda su belleza como persona, que tienen potencial pero que no han encontrado mentores que los ayuden, que los desarrollen, que les den oportunidad para aprender cómo moverse en ciertos ambientes sociales, sino que generalmente buscamos a los que ya están terminados, a los que ya están pulidos, los que pueden hacernos sentir cómodos en alguna manera.

Pero el Señor dice “qué mérito hay en eso?”.Si tu invitas a tu fiesta a uno que tu sabes que después te va a invitar a una fiesta más adelante, qué mérito hay en eso. Simplemente lo que hay es interés personal, interés propio, no hay generosidad, no hay bondad, no hay amor y no hay ningún elemento de altura en ese tipo de comportamiento. Desgraciadamente así es que se comporta la gente normalmente.

Sin embargo el Evangelio nos llama a un estilo de vida mucho, mucho más alto, más sublime donde nosotros actuamos con una actitud de benevolencia, de misericordia para con los demás. No pensamos tanto en lo que nos conviene a nosotros, sino que estamos siempre mirando cómo puedo yo bendecir a los demás. Nuestro ojo es un ojo pastoral, es un ojo de misericordia, donde miramos a la gente con una disposición positiva. Yo amo ese tipo de persona que trata de hacernos sentir bien cuando tenemos un encuentro con ellos, en vez de hacernos sentir que estamos bajo una mirada crítica, que tenemos que actuar para satisfacerlos y mostrar lo que valemos antes de ellos decidir si ellos van a relacionarse con nosotros o no. Amo ese tipo de persona que inmediatamente me hace sentir cómodo, me hace sentir bien, me hace sentir como que soy aceptado, que no tengo que probar nada, ni mostrar que soy más sofisticado o más fuerte o más inteligente de lo que en realidad soy. No me pone a prueba sino que me acepta inmediatamente y me trata con una actitud benévola y misericordiosa.

Qué lindo es ese tipo de ser humano y cuánto necesita este mundo ese tipo de persona. El Señor dice “...y si hacéis bien a los que os hacen bien, qué méritos tenéis, porque también los pecadores hacen lo mismo.” Es decir aún la gente más baja, aún la gente que no tiene ningún tipo de alto sentido de la ética espiritual se comporta de esa manera. Lo que el Señor está llamándonos es a no vivir en la forma normal. No vivir en la forma aceptable. No vivir ni siquiera en la forma respetable y común.

Mucha gente se conforma, muchos cristianos inclusive, se conforma con vivir a lo mínimo, vivir como los demás viven. Y aunque eso es aceptable, y es legal en algún sentido, no es la norma a la cual Cristo nos llama. El Señor Jesucristo siempre decía “... más yo os muestro un camino mejor”. El Señor decía también, en la ley de Moisés dice tal cosa, pero yo os digo tal y tal cosa.

Por eso es que el Señor dice: “... pero a vosotros, los que oís os digo: amad a vuestros enemigos” porque el mundo ama a sus amigos, no ama a sus enemigos y sin embargo el Señor nos llama a hacer eso. Por qué? Porque esa es la manera en que tenemos que vivir si somos seguidores de Cristo.

Los hombres viven a una manera normal, común y corriente pero Dios quiere que tu vivas a un nivel sublime. No prestes a aquellos de quienes tu esperas recibir sino presta a aquellos que no te puedan pagar. Eso es escandaloso en otras palabras. La verdad es que a veces no podemos entender esta ética de vida y no es que seamos tontos, el Señor está usando aquí una especie de hipérbole. Lo que está diciendo es no siempre des con interés, no siempre prestes con interés. A veces vas a tener que prestarle a una persona que tu no vas a estar seguro de que te pueda pagar o no, pero hazlo por misericordia. Hazlo para sacarlo del aprieto, hazlo porque tu eres como Dios, eres como Cristo que amas y que das al que no te puede pagar.

Ciertamente eso es lo que Dios ha hecho contigo y por lo tanto es lo que tu debes hacer con los demás. Que Dios te bendiga. Que la gracia de Jesucristo sea contigo y quiera Dios ayudarnos a todos a vivir a ese nivel de vida.

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