Una Cita con Cristo : Multiplicación de los panes y peces (Marcos 6:30) Parte 4

A propósito de Radio & TV, Sermones

Hemos hablado acerca de esa vida de dependencia en Cristo Jesús, hemos hablado también acerca de ese Cristo que quiere que tomemos tiempo para descansar y para reflexionar junto a El, que quiere tener intimidad con nosotros además de que nosotros tengamos intimidad con El.

Dice aquí este pasaje que “el Señor se llevó a los discípulos a un lugar aparte para tener compañerismo con ellos, pero que cuando ellos llegaron al lugar donde iban a descansar descubrieron que la multitud había descubierto donde ellos iban a estar y ya se habían adelantado y los estaban esperando. Ahora lo interesante es que cuando el Señor se tropieza con el hecho de que esta gente que se han adelantado a El, y que lo están esperando para que El les enseñe y les bendiga con su ministerio, en vez de El molestarse con ellos porque han interferido con su tiempo de descanso, dice que el Señor tuvo compasión de ellos. Dicen que muchos le vieron ir y le reconocieron y muchos fueron allá a pie desde las ciudades y llegaron antes que ellos y se juntaron a El, y salió Jesús y vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas que no tenían pastor y comenzó a enseñarles muchas cosas.”

Me toca este pasaje porque muestra la compasión de Cristo. Dice que cuando el Señor vio esa gran multitud de gente que se habían adelantado para esperarlo y que estaban sedientos de su palabra y de su enseñanza, en vez de llenarse de frustración y molestarse con ellos porque le estaban robando su tiempo de descanso, El se compadeció. Eso me habla tanto acerca de ese ministerio compasivo de Cristo Jesús.

Dondequiera que yo analizo el ministerio y la vida de Jesucristo yo veo un hombre compasivo, un ser tremendamente amoroso. El Señor Jesucristo se compadece de nosotros. Si nosotros nos acercamos a El y buscamos de El, El nunca va a estar demasiado ocupado ni demasiado involucrado en otras cosas para ministrar a nuestra vida y darnos lo que nosotros necesitamos.

Yo pienso en las palabras de nuestro Señor Jesucristo cuando dice: “El que a mi viene yo no le echo fuera”. Si tu te acercas al Señor el nunca te va a rechazar, nunca te va a enviar con las manos vacías. El siempre se va a acordar de ti, porque el Dios que yo veo en la escritura es un Dios misericordioso y compasivo. Dice la Biblia: “misericordioso y clemente es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia”. Pienso también en las palabras del salmista cuando dice: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen”.

Qué maravilloso saber que tenemos un Dios tan bello, tan compasivo, tan lleno de misericordia. Muchos de nosotros lo que pensamos es en el Dios del látigo, en el Dios del juicio, que siempre está listo para enviarnos un rayo del cielo por cualquier cosa pequeña que hagamos para ofenderlo. Hermanos, el Dios que yo veo en la escritura es un Dios de misericordia y de compasión. Un Dios que sabe que tengo necesidades, que tengo limitaciones, que soy un ser pequeño y dado a caer, a tropezar y a equivocarme y que está ahí listo para extenderme la mano, para levantarme y ponerme de nuevo por el camino correcto.

Recuerdo el pasaje de la mujer adúltera, que esta mujer había cometido evidentemente un grave pecado, había adulterado y la condena para ese tipo de pecado en la ley judía era que esa persona muriera apedreada. Y cuando le trajeron a Jesucristo una mujer adúltera esperando que el Señor la condenara, querían poner a Jesús en aprietos, querían verlo usar del látigo y del juicio al cual ellos estaban acostumbrados.

Dice la Biblia que el Señor le dijo a esa multitud airada contra esa pobre mujer dijo: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”. No es que el Señor apoyara el pecado del adulterio, lo que pasaba era que esta gente carecía de misericordia y lo que veían era solamente el juicio, no estaban concientes de propia debilidad, de su propia pecaminosidad, sino que estaban solamente mirando el pecado de esta mujer, como muchas veces hacemos. El Señor mas bien quizás vio en esta persona una persona que había cometido un grave error, digno de condena pero también el veía una persona necesitada de misericordia y de la gracia de Dios.

Dice la Biblia que cuando estos hombres se pusieron a reflexionar descubrieron que cada uno de ellos era digno de muerte porque también habían pecado y se fueron retirando uno a uno hasta que dejaron a Jesús solo con la mujer y entonces el Señor le dice: Mujer, dónde están los que te condenan? Y ella le contestó: Señor, se fueron todos. El le dice a ella, bueno, yo tampoco te condeno, vete y no peques más. Ahí yo veo esa actitud misericordiosa del Señor Jesucristo, esa actitud compasiva. El Señor siempre se compadeció de la gente y los veía en su necesidad.

De nuevo el Señor es un Dios de santidad también. El no está pasándole la mano al pecado, pero yo me temo que muchas veces los cristianos miramos más al Dios del juicio, del fuego y del azufre que el Dios de misericordia, de amor y de compasión. Y por eso vivimos a veces temerosos de Dios y ansiosos y con una mentalidad paranoide, y a veces en la iglesia oímos solo el azote, y la crítica y la condena y el juicio, en vez de palabras de misericordia y de amor que muchas veces son más efectivas en promover una vida santa que las palabras de condena y de ataque continuo que escuchamos muchas veces en lugares que deberían ser mas bien lugares de compasión y de misericordia. El Señor Jesucristo es un Cristo compasivo, se compadeció de la multitud, tuvo pena de ellos, dice que eran como ovejas sin pastor. Esta gente pobre, humilde del pueblo había sido rechazada por la elite religiosa de su tiempo. Los sacerdotes no querían saber de ellos porque los veían como gente pecadora e ignorante. Los escribas los habían abandonado. Los fariseos y los saduceos estaban allá metidos en su filosofía alta y en sus interpretaciones sutiles y exóticas de la ley y el Señor vio que esta gente tenía hambre y sed de la palabra y pospuso su tiempo de intimidad y de descanso con sus discípulos y les dedicó tiempo para enseñarles y ministrarles y sanarles y hablarles del amor de Dios para con sus vidas.

Yo quiero invitarte a poner la mira en ese Cristo amoroso que quiere que tu te acerques a El y que le hables acerca de tus necesidades, que tu le confieses tus pecados, que tu traigas a El tus errores y que le dejes que El te bendiga, te sane, te trate. No temas de acercarte a Dios. Mucha gente no quiere ir a la iglesia porque se sienten pecadores, se sienten que no están bien y están esperando primero a mejorar su vida y a resolver sus dilemas morales para entonces ir a la iglesia y buscar de Dios. Nunca tu vas a ser lo suficientemente puro o justo para ir delante de Dios. Dios quiere que tu vengas a El tal y como estás.

El Señor dice: “Venid a mi todos los que están trabajados y cargados que yo os haré descansar.” Lo único que te califica a ti para venir a Cristo es estar trabajado, cargado, cansado, lleno de pecado, lleno de necesidad porque el Señor dice que el vino a buscar lo que se había perdido. El no vino a buscar a los sanos, El vino a buscar a los enfermos. Si tu estás en pecado y estás en necesidad, ese es el mejor momento y la mejor condición para venir ante un Cristo compasivo. El se compadece de ti, el quiere ser tu pastor. El Señor Jesucristo dice “Yo soy el buen pastor”. Yo dejo 99 ovejas para ir a buscar a una que se ha perdido. Ese es el Cristo que yo conozco y ese es el Cristo que yo estoy presentando delante de ti este día, el Cristo que se compadeció de la multitud hambrienta y sedienta de su palabra. Pide y recibirás, busca y hallaréis, toca y se te abrirá. Ven a Cristo, póstrate delante de El, declárale tu necesidad y El extenderá su mano de gracia y de misericordia y te dará conforme a tu necesidad. Que Dios te bendiga.

Comentarios

 
 

Es bueno saber que alguien nos esta observando y guiando para andar por buen camino que JESUCRITO JESUS quiere .

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