Una Cita con Cristo : La Parabola del Sembrador (Mateo 13:1) Parte 5

 

Mis amados hermanos, que el Señor les continué bendiciendo. Nosotros en esta sesión vamos a continuar hablando acerca de la Parábola del sembrador, la cual como sabemos muy bien se encuentra en el Evangelio según San Mateo, Capitulo 13. Para aquellos radio-oyentes que nos están sintonizando por primera vez y que no han estado siguiendo con nosotros esta serie de enseñanzas, estamos estudiando esta parábola del sembrador y buscamos por medio de ella, hacer una comparación de los diferentes tipos de personas que reciben y que escuchan el Evangelio y sus diferentes formas de reaccionar a la semilla de la palabra de Dios.

Hemos hablado de la persona que es como la semilla que es echada junto al camino, que no recibe la palabra con atención, no le da la importancia necesaria, sino que es un oyente superficial, simplemente se olvida de la palabra, viene el diablo y con facilidad le arrebata la enseñanza de la mente. Y esa persona continua en su vida de perdición porque no escuchó con detenimiento, dándole la importancia adecuada a la palabra de Dios.

Hablamos también de la semilla que cae en el pedregal. Esto se refiere al tipo de personas que muchas veces reaccionan con entusiasmo, porque dice el Señor que como esa semilla no tenía profundidad, brota fácilmente, es decir no se da un proceso hondo de crecimiento, y detenido como tiene que hacerse sino que estas personas dan fruto aparentemente con rapidez, tienen mucho entusiasmo al principio. Se meten en las cosas del Evangelio, quizás duran unas cuantas semanas o meses pero cuando viene la prueba, viene la aflicción que el Señor compara con el sol que brilla con fuerza y con intensidad sobre la semilla y la quema. Estas personas cuando vienen las pruebas, como no tenían una raíz profunda, no tenían una convicción, no habían pasado por un proceso de reflexión interna que lo llevó a preguntarse por qué verdaderamente sirvo yo a Dios, no hicieron una decisión poderosa, firme, contundente, segura, sino que entraron al Evangelio creyendo que el Evangelio es algo fácil, que es un lecho de rosas que nos trae ganancias solamente y disfrutes, que es un picnic espiritual por así decirlo, pero cuando vienen las pruebas y vienen las dificultades esta gente se da cuenta de que no es tan fácil la cosa y entonces se descorazonan, se desaniman, pierden el interés, y como no había convicción muy pronto los vemos desaparecer para no ser nunca más vistos en los caminos del Señor.

Y tomamos tiempo en la última meditación para hablar acerca de las pruebas en los caminos de Dios y creo que fuimos bastante claros en decir que muchas veces en las cosas del Evangelio, en la vida del creyente van a venir situaciones de prueba y de dificultad, van a venir sinsabores y lejos de que esto sugiera la infidelidad de Dios o la falsedad de las promesas del Evangelio, todo lo contrario, muchas veces es indicación de que Dios está obrando en nuestra vida. Porque muchas veces Dios va a usar las pruebas para purificarnos, para fortalecernos, para probarnos como el oro como decíamos a fin de sacar los aspectos más hermosos que están escondidos y enterrados y obstaculizados en el interior de nuestro ser. Muchas veces las pruebas sacan en el individuo los rasgos más hermosos que ellos ni siquiera imaginaban estaban dentro de ellos. Así es el alma humana. Y Dios a veces tiene que permitir que venga la disciplina, venga la prueba para bendecirnos y para fortalecernos pero si nosotros no estamos preparados para entender que eso es parte de la bendición rara de Dios en nuestra vida, vamos a echar un pie, como decimos por ahí, y apartarnos del Evangelio y olvidarnos de esa maravillosa bendición que Dios tiene preparada para nosotros, si somos fieles.

Desgraciadamente mucha gente cree que entrar en el Evangelio es decirle adiós a los problemas, y eso está muy lejos de la verdad. Los problemas que vienen de parte de Dios o que Dios permite que entren en nuestra vida son bendiciones en disfraz. Si los recibimos con obediencia, con humildad, con paciencia, con fe saldremos de ellos bendecidos, fortalecidos, depurados, más fuertes que nunca y entonces entraremos en las bendiciones hermosas que Dios tiene destinadas para aquellos que creen en El. Así que no seamos como la semilla que cae en pedregales que el sol la quema y porque no tiene raíz se seca rápidamente.

Hay un tercer tipo de semilla que dice que parte de la semilla cayó entre espinos y los espinos crecieron y la ahogaron. Y el Señor da su propia explicación acerca de esto y El dice que el que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y esta se hace infructuosa. Es decir hay personas que cuando escuchan la palabra es como una semilla que es sembrada en un sitio donde hay mucho matorral, muchas matas dañinas que no dan frutos, son destructivas para la semilla. Se comen los nutrientes que debieran ir a la semilla y lo que dan son cosas dañinas, destructivas como los espinos, que hincan, que hacen daño y no dan ningún fruto, sino que es una mata que no tiene ningún tipo de valor ni de productividad, ni de utilidad.

Hay personas precisamente que son así y el Señor dice que estas son personas como que generan los afanes cuando reciben la palabra los afanes de la vida se comen y matan la semilla y no permiten que de fruto. Qué quiso decir el Señor con esto? Hay personas que aman tanto el mundo, están tan afanados, están tan metidos en los intereses y en las luchas y en las ambiciones del mundo, y en los proyectos de la vida que consideran que el Evangelio y las cosas del espíritu y las cosas que tienen que ver con lo eterno son misticismos vanos que solo son para personas ociosas y superficiales que no tienen nada que hacer.

Para ellos el Evangelio es para gente anciana y decrépita y pobre que no tienen grandes cosas por las cuales luchar, que no son luchadores, que no son triunfadores. Desgraciadamente esto es una mentira del diablo que solo lleva a la perdición de aquellos que la reciben. La Biblia habla de hecho de un hombre, el Señor Jesucristo relató una parábola de un hombre muy materialista y de mucho dinero que llegó un día en que sus graneros estaban tan llenos de producto, de trigo, que no sabiendo que hacer se preguntó: Bueno, ahora qué hago con todo este producto, ya no tengo donde meterlo. Entonces dijo: Ah! Ya se lo que voy a hacer. Voy a derribar estos graneros que ya me quedan pequeños y voy a hacer graneros más grandes para que quepa más trigo, más producto y dice la palabra que esa misma noche vinieron a este personaje rico pero que no le importaban las cosas espirituales sino solamente las cosas materiales y le dijeron: Necio, en esta misma noche vienen a pedirte tu alma, es decir, vas a morir y todo lo que acumulaste, a quien se lo dejarás?

Es una imagen triste de tantas personas que se pasan la vida tratando de hacer su mundo aquí en la tierra se preocupan extremadamente por su profesión, por hacer dinero, por triunfar según ellos entienden superficialmente el concepto del triunfo, su afán y su interés y su afecto está todo circunscrito y limitado a los asuntos de este mundo. Por eso es que el Señor habla de los afanes de este siglo, es decir los asuntos de este tiempo, de esta época, de este sistema, eso es lo único que a ellos les concierne. Una persona afanada es una persona ofuscada, es una persona excesivamente concentrada en una sola cosa. Ustedes ven que hay personas así.

Yo recuerdo hace poco hablaba con un joven ambicioso que quería hacer mucho dinero y este joven se veía atribulado y ansioso y mientras yo le predicaba acerca de la importancia de buscar de las cosas de Dios, sus ojos se iban de un lado a otro en una forma casi compulsiva y desesperante y el decía, mientras miraba para otro lado, decía es que yo no tengo tiempo para ir a la iglesia, no tengo tiempo para preocuparme por las cosas de Dios porque tengo que trabajar demasiado, hay mucho dinero que hacer allí afuera, tengo tantos proyectos en la mente que no tengo tiempo para sacar un momento para ir a la iglesia. Y este joven se veía que era infeliz y que estaba nervioso y que estaba lleno de ansiedad y solitario. Y me da pena porque así hay tanta gente en este mundo que quizás no en esa forma tan extremada pero ciertamente consideran que es mucho más importante las cosas de la materia que las cosas de Dios y Dios quiere todo lo contrario, que nosotros pongamos nuestra atención en las cosas del espíritu. Ojalá que tu no seas como ese tipo de persona y yo continuaré hablando acerca de esto en nuestra próxima sesión porque se nos acaba el tiempo. Que el Señor te bendiga.

Comentarios

 
 

que es muy bueno aparte no me dan lo que busco

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