Sermón 10 de septiembre 2006 : Romanos 8:18-27

A propósito de Sermones
  • Presenter: Dr. Roberto Miranda
  • Fecha: September 10, 2006
  • Ubicación: Congregación León de Judá, Boston MA

Les invito a buscar en la carta a los Romanos, Capítulo 8, vamos a continuar con los versículo 18 hasta el 27, Romanos 8:18 al 27. Y estamos haciendo un recorrido por ese Capítulo que el Señor ha puesto en nuestro corazón, un Capítulo clave, muy hermoso de las Escrituras, lleno de enseñanzas y conceptos, principios espirituales muy poderosos. Pienso en los hermanos nuevos en la fe que necesitan aprender ciertos términos. Cuando usamos términos como condenación, como herederos, como andar en el espíritu...,

Mi hermano Dios te bendiga, qué bueno verte. Mucho gusto de tenerle con nosotros esta mañana. Dios les bendiga grandemente.

Herederos, andar en el espíritu, no hay ninguna condenación, la redención de nuestros cuerpos, esperanza, todas estas palabras que son tan poderosas y que necesitamos conocer su trasfondo bíblico y manejarlas correctamente. Así que allí en el Capítulo 8 de Romanos, vamos al versículo 18 dice el Apóstol Pablo:

“...Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.....”

Dice el versículo 19: “... Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad no por su propia voluntad sino por causa del que la sujetó en esperanza. Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos que tenemos las primicias del espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción. La redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos, pero la esperanza que se no es esperanza, porque lo que alguno ve a qué esperarlo, pero si esperamos lo que no vemos con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad pues ¿qué hemos de pedir como conviene? No lo sabemos, pero el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del espíritu porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” Bendiga el Señor su divina palabra. Un recorrido así bien rápido en los versículo anteriores. Este Capítulo 8 nos ha llevado, leímos del 1 al 11 hace un par de domingos atrás y vimos ese llamado del Apóstol Pablo a cada creyente a vivir en el espíritu, andar en el espíritu. Hablamos acerca de lo que quiere decir andar en el espíritu, que es darle prioridad a las cosas eternas, darle prioridad a las cosas espirituales. El Apóstol Pablo dice que no hay condenación para los que creen en Cristo Jesús. Hemos dicho que el hombre que está sin Cristo está bajo la condenación del pecado. Es un escenario tétrico y sombrío el que nos traza de la persona que está sin Cristo, atada al mundo, atada el príncipe de la potestad del aire, dice en Efesios Capítulo 2, y también atada a las pasiones de la carne.

Es un esclavo y vive bajo condenación, reservado para la ira de Dios. La Biblia habla de que somos hijos de ira si no tenemos a Cristo. Pero Pablo dice, no, pero para el creyente, para el que ya tiene a Cristo no hay condenación. Es un llamado a vivir, ¿qué? Libres, a vivir contentos, a vivir una vida despejada, no estar siempre como mirándonos la espalda a ver si Dios hoy se levantó de mal humor con nosotros y nos perdimos nuestra salvación porque nos comimos un dulce que no debíamos o nos levantamos a las 2 de la mañana a comer de la nevera algo que no debíamos.

Pero, no ya el cristiano está seguro en esa..... Yo creo que todo ese Capítulo 8 está designado y dirigido a aumentar nuestra confianza como hijos de Dios, a fortalecer nuestra seguridad de que tenemos un Dios que todo está como diseñado para llevarnos a la meta, para asegurarnos que llegaremos a la otra orilla. Y que podemos disfrutar del viaje, ninguna condenación hay, pero tenemos que andar en el espíritu, tenemos que esa es la condición, ¿no? Los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. Esa es la receta para una vida cristiana exitosa, poderosa, llena de autoridad y de confianza en el Dios que tenemos.

Entonces, el Apóstol habla acerca de las bendiciones tan grandes que hay como cristianos. Dice en el versículo 11, por ejemplo, “....si el espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su espíritu que mora en vosotros...”

En otras palabras, esa es la última carta que Dios se va a jugar con nosotros, el hecho de que, como él levantó a Cristo de los muertos, dice el Apóstol Pablo, así también nos va a levantar a nosotros, por medio de Jesús. Entonces, eso lo lleva a hacer una transición en su pensamiento y entró entonces en el próximo pasaje, que discutimos el domingo pasado, que fue del versículo 12 al versículo 17 donde él añade otro elemento más.

Dice, como ustedes van a recibir tanto, y han recibido tanto como consecuencia de su relación con Cristo y de andar en el espíritu. Eso quiere decir que ustedes tienen que estar claro en una cosa, y es que ya ustedes a la carne y al mundo, no le deben nada. Ok, porque su lealtad y su tesoro y todo lo que ustedes reciben viene como consecuencia de su caminar en el espíritu así que, ¿qué le deben ustedes a la carne? ¿qué de bueno les ha traído a ustedes la carne? ¿Y qué es andar en la carne?

Vimos en Galatas, Capítulo 5, las obras de la carne: ira, malicia, inmundicia, pecados, contiendas, pobreza, muerte, todas las cosas destructivas que hay en este mundo y ponga ahí otras cosas como éstas, como dice el Apóstol Pablo. Eso es lo que da la carne y por lo tanto los hijos de Dios redimidos por la sangre de Jesús, gente que vive con la mirada puesta en la eternidad, cuya herencia viene de su alianza con el espíritu, no deben darle tanta importancia a la carne.

Nosotros reconocemos la carne porque vivimos en un mundo material, y la carne es la forma de interactuar con ese mundo de materia y del tiempo y el espacio. Pero, la carne para nosotros es simplemente una conveniencia, es una comodidad que usamos pero no es un pacto de alianza que hacemos con ella. Nuestro amor y nuestra herencia están.... Nuestra herencia, nuestra lealtad, nuestra esperanza está en el espíritu.

Entonces, el Apóstol Pablo dice, así que hermanos, en el versículo 12, “... deudores somos no a la carne, para que vivamos conforme a la carne,....”

De nuevo, así como andar en el espíritu es darle prioridad al espíritu, andar en la carne es todo lo que.... y no tiene que ser malo, andar en la carne no tiene solamente que referirse a pecados sensuales, o digamos homicidio o muerte de algún tipo, o cosas por ese tipo, la carne es todo lo que no glorifica a Dios, pueden ser inclusive cosas como hemos dicho muy loables y admirables, pero que tienen una raíz pecaminosa, de orgullo, de egoísmo, de vanidad, y de aferramiento al mundo, a costa de la lealtad total y exclusiva que le debemos a Dios.

Y Dios siempre va a tener enemistad con todo lo que haya en nosotros, y en cada uno de nosotros siempre hay algo que amamos más que a Dios. Y Dios va a señalar eso, el espíritu santo lo va a señalar y va a tener guerra contra eso.

Por eso fíjese, algo tan bueno como el amor a un hijo; Abraham amaba a Isaac, era su hijo que Dios le había dado, el hijo de su vejez, esperanza de su herencia espiritual para con la humanidad. Dios le había dado su hijo, y cuál es la tendencia de un hombre que tiene un hijo a los cien años, amarlo tanto y aferrarse a él e idolatrarlo. ¿Y qué hizo Dios? Dios lo probó, le dijo, ‘mira, dame tu hijo, tu único hijo y entrégamelo, sacrifícamelo’, porque Dios quería ver si había un ídolo ahí en Isaac. Porque algunas veces aún la bendiciones que Dios nos da se pueden tornar en maldición si las amamos más que Dios. No ames nada más que Dios. No ames nada más que al Reino de Dios. Identifica todo aquello que tu ames más que cuando Dios te dice dámelo, tu experimentas como un jalón protectivo y analízalo y has actos proféticos para deshacerte de ello de alguna manera y ejercitarte en el despegamiento que Dios quiere.

Entonces, Abraham dio muestra de que, no, aunque amo a mi hijo pero estoy dispuesto a sacrificarlo. Y en ese momento se rasgó algo en la psiquis de Abraham y Dios fue glorificado. Entonces, nosotros no le debemos nada a la carne. Nuestra alianza es con Dios. Dios nos ha dado como consecuencia de eso un espíritu de adopción.

Hablamos acerca de la adopción. Nosotros éramos antes esclavos de todas esas cosas que señalamos pero Dios nos adoptó, nos redimió por medio de un proceso complejo que describimos el domingo pasado, Dios nos libró de las ataduras del pasado, de las deudas del pasado, del señorío de Satanás y la oscuridad y las tinieblas y nos transfirió al señorío de nuestro nuevo padre celestial.

Y dice la palabra que aún todas las cosas viejas pasaron. En la adopción romana el hijo adoptivo moría a su vida anterior, inclusive las deudas y a todas las cosas negativas de su vida anterior, su identidad anterior y pasaba ahora a disfrutar, si entraba en una familia noble, de todos los beneficios de una familia noble como si hubiera nacido biológicamente dentro de ella. Y por eso esa palabra adopción, en una carta escrita a gente que vivía en Roma tenía mucho significado dado el sistema legislativo, judicial romano. La palabra adopción tenía un poder, un peso judicial, legal según el Apóstol Pablo, usaba esa palabra.

Entonces dice que ahora somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. La persona adoptada podía heredar con los demás hijos biológicos. Cristo es el único hijo biológico, por así decirlo, del padre, pero nosotros, por medio de la adopción podemos heredar con Cristo. Dígale gloria al Señor por eso. Usted está sentado a la diestra de Dios padre, dice la palabra con Jesús, eso quiere decir que aquí en la tierra usted puede sacar de esa cuenta de banco de la cual Cristo saca también. El mismo poder que tiene Cristo, lo tiene usted, dice la palabra por medio del espíritu santo que obra dentro de usted y que lo levantó de los muertos. Esa es nuestra herencia, esa es nuestra heredad.

Entonces, el Apóstol Pablo ahora, en el versículo 18 que acabamos de leer entra, como consecuencia de meditar en toda esa gloria, esa bendición que hemos recibido, su mente dirigida por el espíritu santo ahora analiza otra cosa. Y él dice, “... pues tengo por cierto, como consecuencia de meditar en todas estas cosas, que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse....”

Hermanos, déjenme decirles algo, de todas las cosas por las cuales usted le puede dar gracias a Dios, de todas las bendiciones recibidas aquí en la tierra, hay algo que es único y que las sobrepasa a todas, porque si Dios le da aquí dinero, salud, familia, todo eso se va a quedar cuando usted se vaya, pero una cosa va a durar por toda la eternidad, y es la vida eterna que Dios le ha prometido. Esa es la cosa más bella que nadie te puede robar, que nadie te va a empañar, nadie te la va a oxidar, no va a perder su brillo. Eso Dios lo tiene reservado para ti y eso debe ser la esperanza más poderosa, el concepto más grande que tu puedas tener en tu vida aquí en la tierra.

En inglés le han llamado “the blessed hope”, la bendita esperanza del creyente. Yo voy a hablar un poquito más acerca de ese concepto de esperanza. Pero, hay algo que debe animar nuestras vidas como hijos de Dios, como cristianos, como herederos, es esa promesa que Dios nos tiene de que un día nosotros al morir aquí en la tierra pasamos en la vida eterna incorruptible de Dios y que un día, inclusive en un futuro mayor toda la creación, todo el género humano, todos los seres vivientes van a ser redimidos, todo el sistema que Dios ha creado va a ser cambiado totalmente, redimido y entrado en una gloria que ahora no podemos entender.

Y esa esperanza de esa redención futura debe animarnos continuamente, porque aquí en la tierra sí, ¿qué tenemos? Aflicción, dice el Señor Jesucristo, “en el mundo hallaréis aflicción”, no importa cuán bien tu vivas aquí en la tierra, en una manera u otra eso es lo que el mundo da, pero es importante, yo creo que eso es lo que el Señor quiere impactar en nuestra alma en esta mañana en ese texto, es que nosotros debemos cultivar la conciencia de esa vida futura que Dios nos ha prometido. Nuestra tendencia es enfocarnos tanto y concentrarnos tanto en los placeres de este mundo y en lo que este mundo puede dar, y en las luchas de este mundo porque es tan inmediato su estímulo que a veces olvidamos y absolutamente minimizamos la conciencia de esa vida futura, de esa eternidad que Dios nos tiene destinada a cada uno de nosotros.

Cuando este mundo se acabe, cuando su cuerpo ya se de por vencido, que le anime a usted el recuerdo de la promesa de que Dios tiene un cuerpo reservado para usted, que es completamente nuevo y perfecto y eso es lo que dice...

Yo tengo presente, dice el Apóstol Pablo, que “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con ....”, y Pablo sabía de qué hablaba, porque él había estado en el cielo, él había estado.

Nosotros hemos leído a veces testimonios de personas que por un momento murieron físicamente y su espíritu pudo entrar en un vislumbre de lo que es la gloria venidera, y pudieron regresar para dar testimonio. Hay muchos, los que se llaman “near death experiences”, experiencias de muerte cercana, que hablan de la gloria de ver luces, de ver las.... hace poco estuve leyendo un testimonio dramático que tiene todo el sello de la autenticidad de un hombre que murió en una forma terrible, en un accidente y Dios le permitió, y habla de las puertas de perla, dice, no es que son hechas de perla, pero son como una sustancia parecida a la perla. Vio los muros de la nueva Jerusalén, las luces. Experimentó sensaciones de gozo y de bienestar que él.... después que él regresó, él no quería estar en el mundo, regresó a un cuerpo magullado, terriblemente destruido, sobrevivió, nadie quiere creer que ese hombre sobrevivió. Y él, toda su recuperación, que fueron varios meses, no quería estar, resentía el hecho de que lo habían hecho volver a este mundo, porque había visto la gloria de la vida venidera.

Y el Apóstol Pablo tuvo esa experiencia, en el Capítulo 12 de Segunda de Corintios, dice que conozco un hombre, si fuera del cuerpo no lo se, o si en el cuerpo no lo se, Dios lo sabe, que fue arrebatado al Paraíso, ese fue el Apóstol Pablo donde oyó palabras inefables, es decir inexpresables, que no le es dado al hombre expresar.

En otras palabras, él estuvo allí, él pudo ver la gloria del Paraíso. Y por eso, Pablo cuando estaba encarcelado, por ejemplo como vemos en la epístola a los Filipenses, que se llama la Epístola del Gozo, a pesar de que fue escrita por un hombre encarcelado y que no estaba seguro de si iba a sobrevivir esa cárcel o no, él habló acerca de su gozo en el Señor, del hecho de que no le importaba estar en la cárcel. Dice, “...más para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” ¿Por qué? Porque él sabía que aquí en la tierra es bueno estar vivo y aún así en Cristo, pero si yo me muero es mejor todavía porque yo se a dónde voy.

Dice “.... más si vivir en la carne resulta para mi en beneficio de la obra, no se entonces qué hacer, porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo lo cual es muchísimo mejor...”

¿Usted ve? Él sabía que estar con... partir de esta carne, hermanos, partir de esta tierra, morir.... y es algo, la misma expresión partir es bien importante porque señala nuestro concepto de la muerte. La muerte es un viaje para el creyente, es un viaje a la eternidad, es un viaje a la gloria de Dios, es un viaje a la presencia interrumpida de Dios. Y yo creo que eso debe, es un reto para nosotros porque muchos cristianos amamos al Señor, hemos entrado en el Reino de Dios, pero todavía algunos que hasta le tenemos miedo a la muerte, tenemos miedo a la muerte. Si somos sinceros, no les voy a pedir que levanten sus mano, pero.... hay muchos aquí que le tenemos miedo a la muerte.

Pero, hermanos, el creyente tiene un consuelo increíble. Hay palabras repetitivas en las Escrituras que nos dicen, no le tenga miedo a la muerte porque lo que les espera es mucho mejor que lo que ustedes tienen aquí. Para el creyente la muerte es un pellizco, es una picadurita de un insecto que te entra a la presencia de Dios. Es como cuando la enfermera te dice, te voy a poner una inyección y el dolor es cuando le entra, cuando esa pullita le entra en la vena, pero ya, ya eso es todo, después está un poquito de incomodidad ahí, pero es ese pinchadito, ¿no? Cuando usted va al dentista que le pone ahí la anestesia, esa cosita, esa es la muerte para el cristiano.

Es más, dice la palabra que Cristo le quitó hasta eso, su aguijón a la muerte, dice la palabra del Señor. Entonces, para nosotros es simplemente una transición mínima de vida imperfecta a vida perfecta y sobreabundante. Por lo tanto, dígale a su espíritu, yo no le tengo miedo a la muerte. Dios nos ha hecho libres del temor a la muerte. Dios le quitó su aguijón a la muerte. Y el creyente debe estar seguro de esa promesa.

Por eso dice, “... pues tengo por cierto”. El Apóstol Pablo suaba mucho esas expresiones: tengo por cierto, o y sabemos, por ejemplo que a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien. Nosotros tenemos que tener esa seguridad. Tenemos que cultivarla. Y si usted y yo no la tenemos, tenemos que ir al padre y decirle, ‘Padre, dame esa seguridad de lo que tu me tienes reservado.’

El cristiano tiene que estar seguro, hermanos, no hay duda. Dice la palabra que cuando le pedimos al Señor algo, pidámoslo creyéndolo, no dudándolo, porque el que duda es como las olas del mar que van de un lado a otro como una hoja mecida por el viento. En el cristiano es sí y amen como el padre. Dios ha prometido vida eterna para ti. Tu puedes decir, sí Señor, la tengo en el nombre de Jesús.

Hay cristianos que usted por ahí le pregunta ‘¿tu eres salvo? Y dicen, bueno, yo no quiero.... quieren ser humildes, ¿no? No se, Dios sabe, yo creo que si, yo quiero ir al reino. Mire, manganzón como dicen por ahí, si a usted le dicen ‘¿tu eres salvo?’ Digan ‘Sí, Señor, soy salvo en Cristo Jesús.’ ¿Si usted se muere hoy, va a ir al cielo? Claro que sí, ¿qué usted me cree? Yo soy un hijos de Dios, redimido por la sangre de Jesús, le entregué mi vida a Cristo Jesús. Estoy sellado por el espíritu santo. Tengo la promesa de la herencia del Reino de Dios. ¡Aleluya! no tema de la promesa que usted ha recibido.

Confiéselo por fe. Usted es salvo, no por obra, para que nadie se gloríe sino por el espíritu de Dios que está en usted, por la sangre de Cristo Jesús, los méritos de Cristo Jesús. No es por ningún mérito que usted o yo tengamos, pero los méritos de Jesús nos hacen merecedores de esa salvación. Usted no tiene que usar falsa humildad porque usted no está dependiendo de su mérito sino del mérito de Jesús. Cuando el Señor lo mira a usted, mira a Cristo a través de usted, y eso es lo que le hace a usted acepto delante de la presencia de Dios. Cultivemos, hermanos, esa certidumbre, esa seguridad de que somos salvos y de que lo que nos espera es algo glorioso.

Hay otro pensamiento sublime aquí en este pasaje en el versículo 19. Es más, hay tantas cosas lindas aún en el versículo 18, uno podría quedarse allí, “.....la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

Hermanos, déjenme decirles que alguien ha dicho que si nosotros pudiéramos ver a cualquiera de nosotros que estamos aquí en su estado glorificado se sentiría tentado a inclinarse y a adorarlo. Lo que usted va a ser en el momento de su glorificación no puede ni siquiera concebirse aquí en la tierra. A un lado quedarán los achaques y los dolores de la vida, cualquier defecto, cualquier cicatriz de una caída o de una herida de la niñez, las heridas afeantes del alma, todo eso quedará a un lado, y usted será más glorioso y yo creo que los mismos ángeles. Usted será un espíritu refulgente, lleno de gloria, lleno de la luz del Reino de Dios, usted va a ser energía pura, energía consciente como lo es el padre, como lo es Jesucristo. Las limitaciones de la carne quedarán, dice la palabra, “.... sorbida es la muerte en victoria”.

Todo eso quedará abrumado, lo negativo quedará absorbido por lo positivo, la corrupción dice que será quitada por la incorrupción. El cuerpo animal será destruido y quedará como un ropaje al lado reemplazado por el cuerpo celestial que Dios tiene para su vida. ¡Aleluya! y por eso Pablo dice, “... la gloria venidera no tiene comparación con este mundo...”, con los dolores de cabeza, las migrañas, los resfriados, los gérmenes, eso todo quedará como una memoria simplemente, abrumado y absorbido por la gloria perfecta en la cual hemos sido llamados a habitar.

Y yo creo que eso debe mantenernos allí, cuando haya dificultad en nuestra vida, cuando estemos pasando por problemas, divorcios, dificultades familiares, enfermedades, carencia financiera, traiciones de los hombres, tenemos que decir la gloria venidera, la gloria venidera. Yo se que todo eso va a pasar reemplazado por una gloria sin contaminación alguna. La gloria venidera y eso debe....

Hermanos, debemos cultivar esa visión continuamente, debemos tomarnos una pastilla de gloria venidera, todos los días de nuestra vida. Cuando llega el lunes por la mañana y usted siente que le cae una tonelada de ladrillos en su cuerpo cuando llega el momento de levantarse de la cama, diga ‘la gloria venidera’ y cuando venga el invierno y usted salga allá y lo primero que pise es nieve y de un resbalón diga, ‘la gloria venidera’. Tengo por cierto que la gloria venidera no tiene comparación alguna con los sufrimientos y los padecimientos de este tierra.

Eso es lo que debe animarnos, hermanos. Nosotros no pensamos lo suficiente en la gloria venidera. Algunos decimos ‘yo soy demasiado joven para.... ya cuando llegue a la vejez entonces comenzaré a pensar en la gloria venidera’. No, comience ahora y cultive esa conciencia porque llegará un día en que va a ser muy necesario. Y aún en la juventud es necesario pensar en esa gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Y de nuevo eso lleva al Apóstol Pablo al pensamiento de la creación también. Sabe, el dilema nuestro no es solamente nuestro, el dilema de la carne, el empobrecimiento del cuerpo y la materia no es solamente un problema humano, sino que Pablo inspirado por el espíritu santo dice toda la creación está viviendo ese mismo drama: los árboles, los peces, los pájaros de los aires, la materia misma, las montañas, la tierra, la lava que está metida en las profundidades de la tierra, todo gime, gime, gime, el mar está en esa misma cosas. Todo eso va a ser redimido.

La Biblia dice que va a haber “... cielos nuevos y tierra nueva”. Esta tierra con todo y sus rascacielos, museos, aeroplanos y todo su metal y todo su cemento, todo va a quemarse. Dice “...los elementos van a arder en el horno de Dios ” y van a ser purificados. Dice que todo se va a enrollar, como un rollo. Como esas, yo veo, cuando dije eso, esos blinds, las persianas que usted las abre, a veces ve cuando se le zafa y ququququ... se le mete y se cierra violentamente, así se va a enrollar la creación, como un rollo Dios la va a enrollar y va a crear... va a desenrollar cielos nuevos y tierra nueva. Todo va a ser perfecto. Todo creado, los mosquitos, si hay no van a picar más. ¡Aleluya! digan gloria a Dios. Hasta las cucarachas van a ser bonitas si Dios las guarda, no se si las va a dejar. Pero va a ser una creación renovada, redimida.

Entonces, dice “... el anhelo ardiente de la creación es aguardar la manifestación de los hijos de Dios”. ¿saben qué? la creación misma está esperando para ver ese día en que los hijos de Dios sean renovados y transformados. Vamos a tener un gran coro creativo mirando y celebrando la creación de Dios, la criatura de Dios siendo renovada, transformada. El apocalupsin, dice, la revelación de la gloria de los hijos de Dios cuando sea revelada, la creación batirá las palmas y dirá Gloria a Dios, se alegrará.

Pero ¿saben qué? ella también se gozará porque nosotros ahora sin darnos cuenta venimos dentro... nuestra biología gime. Cuando tu estás caminando en las calles y viviendo esta vida algo dentro de usted gime por el día de su liberación. Y quiera Dios que nosotros podamos unir nuestra conciencia a ese gemir subconsciente de nuestro ser y decir ‘ven, Señor Jesús, sí, ven Señor Jesús, redímeme, transfórmame, cámbiame según tu gloria’.

Pero hay algo en la creación, dice el Apóstol Pablo que está en dolores de parto, la creación misma ha sido violentada por el pecado. El hombre perdió su gloria cuando pecó, fue mancillado, fue contaminado. Pero ¿saben qué? la creación también. Y la creación también está cautiva: los árboles, los peces, las aves, la tierra gime y está en dolores de parto.

Cuando yo oigo esa expresión ‘dolores de parto’ y la idea es que juntos, todos juntos están en dolores de parto, todos esos diferentes aspectos de la creación gimen y están en dolores de parto juntos esperando el día, cuándo será, dice.... Nosotros decimos así, pero la creación dice así también porque la tierra no es... la tierra que da su fruto hoy no es la fruto que Dios diseñó. La tierra de hoy da su fruto a regañadientes, el hombre tiene que herirla y meterle metal y dientes para extraerle su fruto. Cuando Dios creó la tierra la creó para que diera su fruto espontáneamente. El pecado hizo que el hombre entonces con sudor tuviera que sacar de la tierra la comida. Pero llegará un día en que la creación también será soltada de sus cadenas, y la creación gime. Por eso yo creo que los volcanes, los terremotos, los huracanes, los tsunamis, todas estas cosas son expresiones de la tortura de la creación, está gimiendo cuando expulsa su lava, eso es ira y frustración, quiere ver el día de su gloria, de su salvación, de su redención también.

Gime a una, está en dolores de parto, deseando el día “....porque también la creación misma será libertada”, dice el versículo 21 de la esclavitud de corrupción. Nosotros éramos esclavos sin Cristo y también la creación ahora está esclavizada, pero un día sus cadenas serán rotas y ya entonces la creación cantará y dará su alabanza.

Yo pienso en el salmo 96 que dice “... decid entre las naciones, Jehová reina –96:10- también afirmó el mundo, no será conmovido. Juzgará los pueblos en justicia –ahí viene la parte esa del juicio divino, el tiempo de la redención- dice, alégrense los cielos, gócense la tierra, brame el mar y su plenitud, regocíjese el campo y todo lo que en él está. Entonces, dice, todos los árboles del bosque rebozarán de contento delante de Jehová que vino, porque vino a juzgar la tierra, juzgará al mundo con justicia y a los pueblo con su verdad.”

El Señor le dio al salmista, del salmo 96 le dio una previsión de esa gloria venidera, cuando Dios viniera y los árboles rebosarán de contentos, se alegrará la tierra delante del Dios que viene a juzgar toda la tierra. Y nosotros decimos, ‘sí, Señor queremos ese drama precioso. Queremos ver esa gloria que se ha de manifestar’.

En Primera de Corintios, Capítulo 15, voy a terminar allí. Hay tanto que se le puede sacar a este pasaje, en el versículo 42 dice “... así también en la resurrección de los muertos se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción; se siembra en deshonra....”

Saben que nuestros cuerpos, estamos en deshonra ahora mismo, hay pecado en nosotros, hay oscuridad en nosotros y nosotros nos rebelamos contra ello y nos duele cuando la carne se manifiesta. Como veíamos en el Capítulo 7 donde Pablo dice “... miserable de mi, quién me librará de este cuerpo de muerte”.

Pues así “....se siembra en deshonra pero resucitará en gloria; se siembra en debilidad pero resucitará en poder; se siembra cuerpo animal pero resucitará cuerpo espiritual”.

Y entonces en el versículo 51 dice “... he aquí, nos digo un misterio. No todos dormiremos pero todos seremos transformados.” Todo hijo de Dios será transformado.

Tu no vas a entrar al Reino de Dios en ese cuerpo sembrado con debilidad e imperfección. Ese cuerpo no puede meterse al lugar antiséptico, perfectamente antiséptico que es el Reino de Dios. Así como uno no puede entrar a un lugar de cirugía sin tener guantes y un traje lo más posible que nunca va a ser perfecto tampoco contra gérmenes. ¿Usted ha visto los cuartos de hospital? Tienen que ser totalmente antisépticos o lo más posible humanamente hablando para que los gérmenes no se traspasen a los cuerpos abiertos. Usted no puede entrar con un cuerpo contaminado a ese lugar perfecto, porque lo contaminaría enseguida. Su pecado correría como un virus a través de todo el Reino de Dios, así que tiene darse una transformación, una metamorfosis, tiene que darse una metamorfosis antes de usted entrar al Reino de Dios. Su cuerpo tiene que ser conformado a la perfección del Reino de Dios. Así que todos seremos transformados.

No todos dormiremos porque no todo el mundo va a morirse, hay algunos que van a ver a Cristo venir y no van a tener que esperar ni siquiera a morir. Van a ser transformados en el aire, dice, mientras son llevados a unirse con Cristo. Uuuff de momento tu vas a poder ser un Superman, no te diste cuenta cuando pasaste de ser Cenicienta a ser la princesa preciosa. ¿No? Va a ser algo así instantáneo.

Pero todos seremos transformados en un momento, dice el Apóstol Pablo, en un abrir y cerrar de ojos al afinar trompeta porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, es decir toda la creación, todo, todo, todo lo creado, los átomos, aún las partículas subatómicas, los vientos, las aguas, las plumas de los pájaros, las escamas de los peces, todo, la piel humana, todo va a ser... esa corrupción todo, todo, todo va a ser cambiado en incorrupción. Va a ser nuevo. Tu vas a tener un cuerpo reconocible.

Yo creo que nosotros podremos reconocernos. Hey, te acuerdas cuando estábamos allá en la ruta 93 pensando si nos iba a caer un pedazo de cemento encima cuando pasamos por el túnel, y te acuerdas de aquel día cuando nos asaltaron allí en Roxbury. Ay, nos reiremos y nos miraremos pero serán cuerpos transformados, cuerpos gloriosos. Ya eso será simplemente un recuerdo lejano, desprovisto de todo su dolor. Los dolores de cabeza, las enfermedades, la piernas demasiado flacas, la calvicie, que seamos más pequeños, o más altos, todo eso sorbido en victoria, todo eso desaparecido. Gloria al Señor. Tu vas a ser un artista de cine, y si cantabas desafinado aquí en la tierra, cantarás como un ángel allí en el cielo. Así que hay esperanza todavía para ti. ¡Aleluya!

“...Es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita, sorbida es la muerte en victoria. Donde está oh muerte tu aguijón, dónde oh sepulcro tu victoria, ya que el aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”¡Aleluya! Esa es la esperanza bendita de cada creyente, hermanos. Que un día todo el drama de la creación, incluyéndonos a nosotros, pasará a otro Capítulo. Es más va a ser un nuevo libro completamente, ni siquiera otro Capítulo, de radical que será el cambio a otra realidad completamente. Entonces, por eso el Apóstol Pablo dice esa es nuestra esperanza, esa es la bendición que nosotros tenemos. Debemos vivir en eso.

Yo termino con el versículo 58 de Primera de Corintios, dice, “....así que hermanos....”, después que él ha dicho todas estas cosas bellas que van a suceder: la gloria de Dios que va a reemplazar la deshonra en la cual nosotros vivimos actualmente, dice:

“...Así que, hermanos mío amados, estad firmes y constantes creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Hermano Grullón usted ha trabajado duro, ha luchado mucho, ha sudado mucho y ha viajado mucho. El Señor le dice ‘tu trabajo no es en vano’, ‘tu trabajo no es en vano’. No te canses de hacer el bien porque un día el Señor te va a dar tu recompensa.

Cuando nosotros pensamos en eso que todos los afanes y todas las luchas, cuando estemos allá en el cielo nos daremos cuenta que todo eso ha sido simplemente un simulacro que Dios permitió. Nuestros afanes, nuestras luchas, sembrar iglesias, viajar a buscar dinero para el reino, predicarle a la gente, levantar templos, invertir dinero, sacrificar nuestra salud, todo eso fue un juego que Dios permitió simplemente. Lo entenderemos todo a la luz de un conocimiento perfecto. Veremos como somos vistos. Entenderemos como Dios nos entiende ahora. Y entenderemos que todo esto fue simplemente un jueguito. Lo que nos parecía tenebroso y abrumador, eso no es nada a la luz de la eternidad.

Y eso debe animarnos, dice, “.... así que como consecuencias de eso que Dios nos tiene reservado estemos firmes y constantes”.

Hermanos, aunque venga la tribulación, venga la prueba, venga la lucha, está firme, se constante, sirve a tu Dios. Aunque vengan problemas, vicisitudes, dificultades, pruebas porque esto es lo que ......... dar esta creación corrompida lo único que puede dar es corrupción.

Nos preguntamos ¿por qué Dios permite esto? ¿por qué Dios permite lo otro? Porque estamos metidos en esta naturaleza que ella misma pide disculpa cuando hay un volcán o una inundación. Ella dice ‘lo siento, pero no puedo hacer otra cosa. Yo misma estoy sometida a la misma corrupción que ustedes’.

Pero Dios tiene un día reservado en que dirá ‘no más’ para todas esas cosas. Mientras tanto tu debes cultivar esa esperanza, en medio de tu dificultad, tu enfermedad, tu lucha, tu pobreza, tu necesidad, tu indocumentación, di ‘pero Dios me tiene algo muy especial reservado. Yo voy a seguir sirviendo a mi Señor, yo no voy a tirar la toalla. Yo no voy a negar de mi Dios. Yo no voy a dejar de adorarlo. Yo no voy a dejar de servirlo. Yo no voy a dejar de testificar de Cristo porque quiero que otros me acompañen a esa gloria. Y yo voy a ser firme y constante y voy a dar pasos de fe recordando que todo aquí en la tierra, lo bueno y lo malo, es simplemente una ilusión comparado con la realidad de ese mundo venidero’.

Sed firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre. Ejercítate en la fe. No seas mediocre. No seas cómodo en la vida cristiana. Sigue creciendo, sigue ejercitándote. Desarrolla tus dones. Toma las clases de discipulado. Lee la palabra, lee libros. Desarróllate en lo que Dios te ha dado.

El Apóstol Pablo le dice a Timoteo ‘te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti’. Predica la palabra a tiempo y a destiempo. Ejercítate. Esfuérzate. Ocupaos con temor y temblor por vuestra salvación. Dice, negociad entre tanto que yo vengo.

Mientras estamos aquí en la tierra, sirvamos al Señor, crezcamos en el Señor. Démosle al Señor lo máximo sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano. Nos espera la recompensa. Nos espera la corona de la victoria. Nos espera el ‘ven, buen siervo y fiel sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré’, si permanecemos hasta el fin, hermanos, si somos fieles, si perseveramos.

Oh, que el Señor nos llene en esta mañana. Baja tu cabeza allí y que tu puedas visualizar. Visualiza el paraíso, visualiza la patria celestial. Visualiza la glorificación de tu cuerpo. Visualiza un mundo renovado. Visualiza un mundo donde los lagos ya no tendrán ninguna contaminación, los bosques serán perfectamente puros, los cielos no tendrán ningún tipo, la atmósfera de contagio, contaminación. Tu cuerpo, su sangre será limpia completamente, no habrá gérmenes ni enfermedades. No habrá pobreza, no habrá opresión del rico sobre el pobre, el poderoso sobre el débil. No más depresión, no más traumas, no más pecado contra el cual luchar y sentirte avergonzado. No más perdón que pedir. No más fe que ejercer porque ya todo será cumplido y visto y confirmado. Solo quedará el amor de Dios para ti y tu amor para él. Lo único que quedará de esta creación que se pueda reconocer.

Así que celebra la gran promesa que Dios te ha hecho y dile ‘padre, quiero que la visión de tu gloria penetre todos los aspectos de mi vida. Hoy yo abro mis ojos espirituales para ver la gloria que tu me has prometido. Ayúdame a mantenerla como una semilla en mi corazón que cuando venga el diablo a atormentarme yo pueda irme a ese lugar secreto y sentarme allí y escuchar tu voz. El que comenzó la obra será fiel para terminarla. Fiel es el que prometió. Fiel es el que prometió. No es hombre para que mienta. No es hijo de hombre para que se arrepienta. El te dijo llegarás a la meta y él se asegurará de que tu llegues a la meta.

Oh Señor te damos gracias.


Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 10 de septiembre (mañana) 2006 en Congregación León de Judá Oir | Ver (100K) | Ver (400K)

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