Gracias por compartir su testimonio con nosotros. Algunas veces, tenemos que utilizar mascaras, para que nadie sepa nuestro dolor y preocupaciones.

Yo también soy pastora, desde 1981 y he pasado muchas luchas, pero todas ellas las he ganado, no con mis fuerzas, sino con las de Dios. Tuve a mi hijo mayor apartado del Señor por 22 años. Durante ese tiempo oré al Señor, yo sabía que un día regresaría. La espera fue larga, pero yo soñaba en ver a mi hijo predicando la palabra del Señor nuevamente. Llegó el día y regresó al redir. Bendecida.

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