Hola precioso pueblo de Dios!
Quiero exponer hoy, un poco de cómo Dios con la oración ha cambiado mi interior.
Yo planificaba, hacía y luchaba antes, sin realmente tener mis diálogos en oración, muchas cosas te separan de entrar en este otro plano, pero un día me decidí, y me dije tengo ganas de verdad de estar cerca de tí, Señor.
Empecé así, de manera imperfecta, sin orden, sin reverencia, como si estuviera con un amigo platicando y diciéndole, te parece esto o lo otro, o le comentaba con vergüenza mis pensamientos inapropiados, a veces al final, le decía sólo te vengo con quejas, ¿verdad?; Otras muchas: “!Ay Señor, vieras lo que he luchado pero... yo quiero…”
AL inicio no miraba cambios, pero poco a poco, de repente cosas empiezan a cambiar, hay un tiempo de espera, es un tiempo de cambio en nosotros.
Ahora permítanme decirle otras cosas, que para algunos parecerá ilógico, pero sé que hay otros que si les gustan los retos, los que no ponen límites a Dios y confían de la gracia por medio de nuestro Jesús.
Las cosas empiezan a cambiar cuando las puertas nos las abre de un lado al otro, o cuando de la nada se nos resuelven problemas que ya no tenían solución, o en la fortaleza que nos da para cruzar una barrera, o las estrategias que se nos vienen susurradas a nuestra mente para atravesar un muro de: no…no…no…, y convertirlos en escalones de SI… SI…SI de una escalera.

Nuestra mente se abre a un nuevo entendimiento, tenemos a alguien poderoso con nosotros. Ahora, yo siento a Dios en muchas otras formas, en oración siento su presencia con un calor del centro de mi interior (entre el pecho y el estómago, hasta mi cabeza), siento su calida mirada, otras, me concede sus sueños, me sorprenden sus causalidades, a Él le gusta observarme cuando me sorprende, me envuelven sus misterios, dicta respuestas en mis pensamientos, me encantan sus sorpresas, y pienso en cómo le gusta ver mi forma, es decir es como si jugara con su niña, a mí me agrada como me mima.

Ahora yo lo busco, busco mis momentos con mi Señor en oración, he pensado en lo que me perdía antes que no lo conocía, ver como hace realzar los colores en la vida en cada persona que lo conoce, como le da a cada uno de sus verdaderos hijos una característica especial, el cambio de las historias en cada una de nuestras vidas cuando pone su sello personal.

Dios les conceda los deseos de sus corazones y no les niegue la petición de sus labios. Por la gracia de Jesucristo. Amén.

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